sábado, 9 de junio de 2012

Agroecología: única esperanza para la soberanía alimentaria y la resiliencia socioecológica


Porque la agricultura industrial es hoy un modelo agotado?


La revolución verde, el símbolo de la intensificación agrícola no solo falló en asegurar una producción de alimentos abundante y segura para todas las personas, sino que fue instaurada bajo la suposición de que siempre habría abundante agua y energía barata y que el clima no cambiaria. Los agroquímicos, la mecanización y las operaciones de irrigación que son el centro de la agricultura industrial, son altamente dependientes de combustibles fósiles cada vez más caros y escasos.

Las condiciones climáticas extremas se están haciendo más comunes y más violentas, amenazando los cultivos, especialmente los monocultivos modernos genéticamente homogéneos que cubren el 80% de las 1.500 millones de hectáreas de tierra cultivable. Además la agricultura industrial contribuye con cerca del 25-­30% de las emisiones de gases efecto invernadero, modificando tendencias climáticas y comprometiendo así la capacidad del mundo para producir alimento en el futuro.

La huella ecológica de la producción industrial


En algunas de las principales regiones productoras de cereales del mundo, la tasa de incremento de los rendimientos de cereales está alcanzando el punto de los rendimientos decrecientes, a pesar del uso incrementado de fertilizantes. Cuando se  tiene en cuenta la dependencia de petróleo y la huella ecológica de la agricultura industrial, surgen graves preguntas sobre la sostenibilidad medioambiental, económica, y social de las estrategias agrícolas modernas. La intensificación de la agricultura con variedades de cultivos de alto rendimiento, fertilización, irrigación y pesticidas tienen un fuerte impacto sobre los recursos naturales con graves implicaciones en el medio ambiente y en la salud. Se ha estimado que el costo de las externalidades de la agricultura industrial en el Reino Unido es por lo menos 1.5 a 2 mil millones de libras cada año. Utilizando el mismo marco de análisis, el costo de las externalidades de la agricultura moderna en los Estados Unidos asciende a casi 13 mil millones de libras al año, cuando se internalizan los costos por daños a recursos hídricos,suelos, aire, fauna silvestre, biodiversidad, y salud humana. Costos anuales adicionales de USD 3.7 mil millones surgen del costo invertido en programas para solucionar estos problemas o para fomentar una transición hacia sistemas mas sostenibles. El orgullo Estadounidense de tener comida barata es solo una ilusión; los consumidores pagan mucho más allá del precio estipulado en las tiendas de comestibles.

Agricultura campesina: la base de la agricultura del siglo XXI


No hay duda de que la humanidad necesita un paradigma alternativo de desarrollo agrícola, uno que fomente una agricultura biodiversa, resiliente, sostenible y socialmente justa. La base de estos nuevos sistemas son la gran variedad de estilos agrícolas ecológicos desarrollados por al menos el 75% de los 1,5 millones de pequeños propietarios, agricultores familiares e indígenas en 350 millones de pequeñas explotaciones que representan no menos del 50% de la producción agrícola para el consumo interno global (ETC, 2009). La mayoría de los alimentos que se consumen hoy en el mundo, se deriva de 5.000 especies de cultivos domesticados y 1,9 millones de variedades vegetales conservadas y manejadas por campesinos, la mayoría cultivados sin agroquímicos (ETC, 2009).

  

La difusión y el potencial productivo de los sistemas agroecológicos para alcanzar la soberanía alimentaria


La primera evaluación global de proyectos agrícolas basados en principios agrecológicos en el mundo en desarrollo fue realizado por Pretty et al., (2003) que documentó claramente aumentos en la producción de alimentos en unas 29 millones de hectáreas, involucrando casi 9 millones de hogares que se beneficiaron de un incremento en la diversidad y la seguridad alimentaria. Las prácticas de agricultura sostenible produjeron incrementos de 50-­‐100% por hectárea en la producción de cereales (cerca de 1,71 toneladas/ha al año por hogar -­‐ un aumento del 73%) en zonas de secano, típicas de pequeños agricultores que viven en ambientes marginales, es decir un área de cerca de 3,58 millones de hectáreas, cultivadas por cerca de 4,42 millones de agricultores.

En 14 proyectos en que los cultivos de tubérculos fueron los principales alimentos básicos (papa, batata y yuca), 146.000 fincas en 542.000 hectáreas el aumento de la producción alimentaria de los hogares alcanzó 1,7 toneladas al año (incremento del 150%). Estas mejoras de rendimiento son un verdadero avance en el logro de la seguridad alimentaria de campesinos aislados de las principales instituciones agrícolas. Un nuevo análisis de los datos en 2010, demostró el efecto que tuvieron 286 intervenciones en 57 "países pobres", que cubren 37 millones de hectáreas (3 % de la superficie cultivada en los países en desarrollo) ya que incrementaron la productividad de 12,6 millones de fincas, a la vez que se mejoraban los servicios ecosistémicos. El aumento promedio de rendimiento de cultivos fué de 79 %.

Agroecología y resiliencia a eventos climáticos extremos


De importancia clave p ara el futuro de la agricultura, son los resultados de observaciones del desempeño agrícola después de eventos climáticos extremos, los cuales revelan que la resiliencia a los desastres climáticos está íntimamente relacionada con el nivel de biodiversidad en las fincas, una de las principales características de los sistemas agroecológicos. Una encuesta realizada en laderas de Centroamérica después del huracán Mitch, demostró que los agricultores que utilizan prácticas de diversificación tales como cultivos de cobertura, cultivos intercalados y agroforestería, sufrieron menos daños que sus vecinos convencionales con monocultivos. El estudio reveló que después del huracán, las parcelas diversificadas tenían un 20-­‐40% mas de capa superior de suelo, una mayor humedad del suelo, menos erosión y experimentaron menores pérdidas económicas que sus vecinos convencionales (Holt-­Giménez, 2000).

El escalonamiento de las innovaciones agroecológicas


Los casos reportados anteriormente muestran que en África, Asia y América Latina existen muchas iniciativas dirigidas por ONGs y agricultores que promueven proyectos agroecológicos que han demostrado un impacto positivo en los medios de subsistencia de las comunidades de pequeños agricultores en varios países (Altieri et al., 2011). La producción agroecológica es particularmente apropiada para los pequeños agricultores, que constituyen la mayoría de la población rural pobre. Agricultores de escasos recursos, que utilizan sistemas agroecológicos, son menos dependientes de recursos externos y los rendimientos más altos y más estables logrados promueven la seguridad alimentaria.
Algunos de estos agricultores, que dedican parte de su producción para la producción orgánica certificada de exportación, sin sacrificar la seguridad alimentaria, presentan ingresos significativamente más altos que sus contrapartes convencionales. El manejo agroecológico hace la conversión a la producción orgánica bastante fácil, implica poco riesgo y requiere poca, o ninguna inversión fija.

Con tantas pruebas que demuestran los beneficios sociales, productivos y ecológicos, la adopción y difusión relativamente limitada de las innovaciones agroecológicas suscita dos preguntas: (1) Si los sistemas agroecológicos son tan rentables y eficientes, ¿por qué no han sido más ampliamente difundidos y adoptados? (2) y ¿cómo puede la agroecología ser multiplicada y escalonada? Existe una serie de restricciones que desalientan la adopción y difusión de las prácticas agroecológicas, obstaculizando así su adopción generalizada. Las barreras van desde cuestiones técnicas como la falta de información por parte de los agricultores y agentes de extensión a distorsiones de política publica, falta de mercado, deficiente tenencia de la tierra y problemas de infraestructura. Para difundir la agroecología entre los agricultores es esencial superar en parte o la totalidad de estas limitaciones. Grandes reformas deben hacerse en las políticas publicas, instituciones y en las agendas de los programas de investigación y desarrollo para asegurarse de que las alternativas agroecológicas sean masivamente adoptadas, de manera equitativa y ampliamente accesible, y se multipliquen de modo que su beneficio total para la seguridad alimentaria sostenible pueda hacerse realidad. Los agricultores deben tener mayor acceso a mercados locales-­regionales, apoyo gubernamental, acceso al crédito, semillas y tecnologías agroecológicas.

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