viernes, 29 de noviembre de 2013

Agroecología, vida sana


Viriato FernándezDesde los siete años ya “guataqueaba” el campo. Andaba junto a sus hermanos detrás de su padre aprendiendo los secretos de la tierra. Todavía la impronta de aquella época permanece en Viriato Fernández Ochoa, que a sus 78 años continúa la tradición en sus cultivos.
Es un hombre serio, de mediana estatura. La marca del paso del tiempo es más evidente en su rostro, no así en su espíritu que lo hace andar con ligereza por los campos y sin horarios fijos para el descanso. Le apasiona la vida campesina y recuerda con agrado los años de su niñez cuando “no había tantas plagas y el azadón era lo mejor para mantener limpia la tierra”, como él mismo refirió.
En un barrio llamado Santa Elena, en la localidad de San Andrés, del municipio de Holguín, tiene Viriato sus tesoros: finca, hogar y familia. Su esposa Julia Abella lo cuida como a un niño y le ayuda en los quehaceres menos engorrosos. Su principal tarea es atender y conservar el jardín medicinal.
También, su hijo Frank, de 30 años le secunda en sus labores. Estudió Ingeniería en Agronomía y ahora pone en práctica los conocimientos científicos unido a la experiencia de su padre, que además hizo el técnico medio en la materia.
Viriato tiene un poco más de tres hectáreas de tierra dedicadas a cultivos varios, en la que prevalecen diferentes frutas, algunas en experimento a partir de una variedad de semillas de guayaba, a sugerencia del Grupo Nacional de la Agricultura urbana y suburbana. También viandas, hortalizas, granos en menor escala, alimento animal y ahora retoma el cultivo de tabaco.
Recorrer las áreas sembradas de este productor llena de vida y deseos de hacer. Se visualiza armonía. Todo muy ordenado y limpio. El área del cultivo de tabaco reverdece. Pero lo mejor es que Viriato trata de cuidar la herencia que dejó su papá y evita el uso desmedido de químicos para mantener las siembras y obtener mejores cosechas.
Y es que producir alimentos a un menor costo y más sanos es el propósito de los campesinos holguineros, pues no es menos cierto que el uso indiscriminado de plaguicidas e insecticidas causan efectos nocivos a la salud, además del alto costo que representa su adquisición, máxime si se busca en el mercado subterráneo, donde, según refieren los productores, un pequeño frasco llega a costar hasta más de mil pesos.
La tierra rendiría mejores frutos si se practican técnicas orgánicas o agroecológicas, además de aliviar los bolsillos, se evitaría el uso indiscriminado de los suelos, faltos de sustrato muchas veces por la alta explotación y el poco cuidado.
En tiempos donde la producción de alimentos cobra alta importancia en el mundo entero, y en particular en nuestro país, urge entonces fomentar vías o modos de producción agrícola en los que se elimine o se reduzca la utilización de químicos sintéticos. Por eso, para Viriato es vital hacer un manejo eficiente de los recursos que la naturaleza pone en sus manos y mantiene prácticas agroecológicas que le permiten contrarrestar la explotación que ha dado a su finca.
“Tengo intercalamiento de cultivos, sobre todo en los platanales y guayabales en los que aprovecho el espacio con jíquima y caña, aunque se pueden usar otros, pues además evita el desplazamiento del suelo, de igual modo sembré yuca de sagú, como barreras de retención. Además, uso medios biológicos para mantener el control de las plagas, utilizo el árbol del Nim y la tabaquina”, explica Viriato.
Y mientras tanto muestra los cultivos de tomate, el tabaco que ya denota hermosas hojas saludables, los plátanos frutas del tipo manzano, especie casi extinguida, las guayabas en experimento, el mango de injerto y habla de las siete variedades de cítrico que tiene en su finca con el orgullo de quien ha llevado adelante una obra con importantes resultados.
Aunque muchas veces se ve afectado por la falta de riego hace lo posible por cumplir con los compromisos de su cooperativa. Así tiene previsto la entrega de maíz, fongo y frijol soya.
Como Viriato, hay muchos productores agroecológicos con interesantes experiencias. En la CCS Calixto García del municipio de Holguín, Rubisnel Reyes cultiva, entre otras cosas, la col, vegetal difícil porque es muy atacado por plagas, pero él utiliza un producto que se elabora en LABIOFAM nombrado microorganismos eficientes con buenos resultados en su aplicación hasta el momento. También tiene otras practicas como las barreras de cultivo.
Lo cierto es que si todos los productores apostaran por una agricultura menos química y sí más natural, se obtendrían cosechas más sanas con menos riesgos para la salud.

martes, 1 de octubre de 2013

Agroecología; Alimentación Sana, cuerpo saludable


Separador
¿Y por qué agroecología Porque además de cultivar sin venenos, es biodiverso, con poco uso de maquinarias, imitando bastante a lo natural y respetando suelo, aire, agua y ambiente en general. No es consumidor de energía y se acerca a lo sustentable, reciclando humedad y fertilidad.
 
ALGO DE HISTORIA
Los humanos nacimos como recolectores, siguiendo a los animales y especies que nos precedieron. Nuestro cuerpo y sus mecanismos de absorción de alimentos, se fueron formando en millones de años. Desde el advenimiento de la agricultura, su industrialización y los tratamientos, transformaciones y agregados, fueron cambiando sustancialmente los alimentos. Cambios que no se pudieron dar en nuestros cuerpos. Que tiene capacidad para hacerlo, pero los tiempos no son los mismos. Millones son los años que la naturaleza nos fue construyendo y millones de años necesitamos para cambiarlos.
Estas dificultades a la adaptación a los “nuevos alimentos”, tiene su precio, que muchas veces se llama enfermedad, que podemos definir como señal de desacuerdo de nuestro cuerpo, cuando le imponemos comidas inadecuadas.
PRELIMINARES:
La Oficina Panamericana de Salud (OPS) aconseja, para nuestros países, una dieta a base de frutas y verduras principalmente, además de cereales integrales y leguminosas (granos que vienen en vainas). La carne, la proteína animal en general, como complemento y teniendo en cuenta los factores culturales, históricos etc.
La agricultura industrial ha introducido el uso indiscriminado de diversos químicos. Los mismos, agregado al uso de maquinarias , ha permitido la producción de alimentos a gran escala, pero con alto costo para la salud del ecosistema y por ende del hombre. El reemplazo del agricultor por la máquina, produjo, y sigue produciendo, desarraigo, pobreza y violencia, entre otros tantos males. Además de quitarle el contacto y la relación con la tierra, de las personas, quita a los alimentos de la carga espiritual y energética que aquellos le confieren.
La agricultura industrial nos aleja a todos de la naturaleza, no nos permite sentirnos parte. Con las consiguientes consecuencias negativas para los humanos.
La madre naturaleza y la madre tierra, la pachamama, nos muestran un modelo natural, biodiverso, como toda la vida del Planeta. Gaia es un ser vivo que incluye a la tierra y a todas sus envolturas atmosféricas, hasta el límite con el Universo. Su autorregulación en temperatura, clima, humedad, tenor de oxígeno y otros elementos de vida, se fueron armonizando con los millones de años de existencia, pero que en poco tiempo, el humano lo puso en riesgo. Puso el lucro por encima de la vida y el futuro.
El monocultivo es sinónimo de plagas, de deterioro de suelos, del uso de agroquímicos, muchos de ellos tóxicos, verdaderos venenos, para toda forma de vida. Nuestras defensas naturales, nuestra calidad de vida se deteriora y la enfermedad es su resultado. Cuando perdemos la salud, perdemos la libertad.
El monocultivo no es sustentable, irrespeta lo natural, lo armónico e hipoteca el futuro.
LAS PLAGAS, CONSUMIDOR FINAL:
Los venenos que pueblan el ambiente, aire, agua, plantas, animales, son ingeridos por nosotros, o penetran en la sangre por la respiración o la piel. Somos los consumidores finales. En todos los casos, por ser sustancias desconocidas, extrañas y dañinas al cuerpo, no circulan en sangre, ni se metabolizan ni pueden eliminarse. Entonces se van depositando en los tejidos, principalmente en el tejido graso, del sistema nervioso central, cerebro, cerebelo etc., por ser sustancias liposolubles. Por lo mismo que no hay dosis tolerables. Lo de hoy se agrega a los de ayer y de mañana. Mientras fabricamos venenos, terminarán en nosotros. Y cuando nos morimos, las lluvias llevarán los venenos a las napas y volverán a los consumidores finales.
El daño a la salud es incalculable y desconocido, ya que no hay métodos para el diagnóstico ni menos para eliminarlos. Enfermedades variadas, desde las nerviosas, como cambios de conductas, depresiones, hasta las más graves. Claro que los que fumigan o están cerca de las fuentes de venenos, son los más perjudicados.
¿Y POR QUÉ AGROECOLOGÍA?
Porque además de cultivar sin venenos, es biodiverso, con poco uso de maquinarias, imitando bastante a lo natural y respetando suelo, aire, agua y ambiente en general.
No es consumidor de energía y se acerca a lo sustentable, reciclando humedad y fertilidad.
ALIMENTACIÓN SALUDABLE:
NO SOLO SATISFACER EL HAMBRE, DEBEMOS AYUDAR LAS DEFENSAS, CON EL APORTE DE VITAMINAS Y MINERALES NECESARIOS.
 
Vita es vida y la vitamina se obtiene de los vegetales y frutas frescas. Y mejor si son vecinas, si no deben trasladarse, si se consumen poco tiempo después de cosecharse. Entonces, además de guardar su vitalidad, nos resultan familiares, porque se nutren del agua que tomamos nosotros, del suelo que pisamos, el aire que respiramos y el sol que nos energiza.
Por eso, los que conocemos estos principios, defendemos las Ferias Francas de Misiones. Sabiendo que los colonos que venden los productos, han recibido capacitación agroecológica.
La Agroecología como fuente de alimentos sanos, que preservan la salud y evitan enfermedades. Alimentos que además funcionan como plantas para la salud, que así se comportan las plantas medicinales, ayudando a mantener la salud, a contagiarla.
Muchas plantas silvestres cumplen los dos principales objetivos, alimentarnos y sanarnos. Por ejemplo la verdolaga, lengua de vaca, llantén, diente de león y tantos amargones etc. Los productos agroecológicos son similares.
El agricultor, cuando respeta el suelo, el agua, el ambiente, se respeta y nos esta respetando a todos nosotros. El alimento cultivado con amor, con actitudes positivas, transmite carga positiva al que lo consume. Alimenta al cuerpo y al alma, nos ayuda a relacionarnos mejor con la naturaleza, entre nosotros, con la Creación.
LOS LÍQUIDOS:
Sabemos que luego del destete, los mamíferos, entre ellos nosotros, los humanos, no digerimos la leche. El yogurt y el queso tienen una digestión previa y los podemos asimilar. Pero como toda proteína animal, poco y nada nos favorece. Descritas hay un sinnúmero de enfermedades por consumir estos alimentos. Nos aportan grasa, y no de la buena.
Siempre nombro a la vaca, como ejemplo. Ella consume solamente el pasto y produce proteínas, calcio, hierro etc., en buenas cantidades. Por ser mamíferos, tenemos un metabolismo similar, fabricamos proteínas, desde alimentos que no los contienen.
El consumo de gaseosas se ha hecho masivo. Poco se habla y se publica, de los prejuicios que produce. El Modelo tiene que funcionar, a pesar de nuestra salud. O mejor dicho, a pesar de la falta de salud.
Cosa parecida ocurre con el agua envasada, que para que llegue a nuestra mesa, necesita agregados de antibióticos, o similares.
AGUA QUE NO HAS DE BEBER, DÉJALA CORRER
AGRICULTURA SUSTENTABLE:
Sigue el principio que habla del mandato que nos da Dios, la naturaleza, de cuidar el patrimonio natural, de tal forma que sirva para las generaciones venideras. Cuidar de lo que recibimos de nuestros padres-abuelos, para que puedan utilizarlo hijos-nietos etc.
Los Pueblos Originarios son ejemplo de sustentabilidad. Cada vez que laboran el suelo, usan el agua, las plantas etc., están pensando en siete o nueve generaciones. Es también una forma de resurrección, de dar continuidad a la vida, que justamente tiene que ver con su definición: Vida como movimiento, cambio, transformación. Es responsabilidad de la agroecología, de la agricultura sustentable, de hacer los aportes necesarios, para que las trasformaciones, los cambios, se hagan a favor y no en contra de la salud, la vida y el futuro.
CULTIVOS, CULTURA:
La mal llamada revolución verde o agricultura industrial cambió mucho hábitos alimenticios y otros, influyendo y unificando las culturas de los pueblos. Si cultivo y cultura tienen la misma raíz lenguística, debemos entender la influencia de uno sobre el otro. Perdimos muchos elementos culturales, por imposición de los países dominantes, como perdimos cultivos tradicionales y los cambiamos por los que necesitan los mismos países poderosos. La soja y el pino son buenos ejemplos. La agroecología tiene los instrumentos a su alcance, para la recuperación de cultivos y de la cultura que nos pertenece. Retomar cultivos es un elemento liberador. Ecoportal.net
* Juan Yahdjian, médico, miembro de JUPIC (Justicia y Paz e Integración de la Creación) del Espacio Ecuménico, de la RAOM (Red de Agricultura Orgánica de Misiones), integrante del MSM (Movimiento Social Misionero)y del MOSIP (Movimiento por la Solidaridad e Integración de los Pueblos) 



miércoles, 21 de agosto de 2013

De la ciudad al campo, buscando una vida sostenible


21/08/13 Por Marta González Borraz
 
La calidad de vida, el desarrollo sostenible y los proyectos de colaboración en el campo han provocado un nuevo éxodo rural con una visión renovada y moderna. El campo se ha convertido en un espacio atrayente para estos pioneros del regreso al mundo rural. Son personas cualificadas y con experiencia laboral que pretenden aplicar sus conocimientos y nuevas tecnologías a negocios viables que respeten el medioambiente.
Cada día más personas abandonan la ciudad para rehacer su vida en el campo. Se trata de hombres, mujeres e incluso familias enteras que buscan vivir de una forma más sostenible. Son los protagonistas del llamado "éxodo urbano", un fenómeno que se ha incrementado con la crisis económica en España y que se erige como alternativa a un modo de vida hasta ahora gobernado por el consumo desmedido, la contaminación y las prisas.



En la actualidad la población rural constituye menos del 20% del total, a pesar de que el campo ocupa el 90% del territorio. La emigración de gente del campo a la ciudad, sobre todo en las últimas décadas, dejó a las aldeas y pueblos de España casi deshabitados. Sin embargo, ahora esta tendencia se ha invertido debido, entre otros motivos, a los altos índices de desempleo y a la búsqueda de una vida en contacto con la naturaleza.
El campo se ha convertido en un espacio atrayente para estos pioneros del regreso al mundo rural. Son personas cualificadas y con experiencia laboral que pretenden aplicar sus conocimientos y nuevas tecnologías a negocios viables que respeten el medioambiente. Es el caso de Marta, una joven ingeniera desempleada que se fue de la ciudad para trabajar en una pequeña aldea asturiana que solicitaba un experto en su especialidad de ingeniería agrícola. Juan Luis también decidió llevar a cabo una actividad relacionada con el campo y, tras 20 años dedicados a la publicidad, compró una quesería en un pueblo cercano a Madrid. Él y su mujer elaboran queso de cabra de una raza de la que quedan pocos ejemplares. Con ello, buscan el mantenimiento de la raza y han situado dos de sus productos entre los mejores quesos de cabra del mundo.
Son personas que muestran cómo se puede vivir lejos de las ciudades y desarrollar negocios exitosos y sostenibles. Este es el objetivo de Juan Antonio Valladares, licenciado y doctor en Biología que regresó al campo para ser ganadero. Afirma que, para él, lo importante es "dignificar al campesinado y fijar población en las áreas rurales". Se dedica al ganado ecológico y es impulsor de una asociación que promueve el desarrollo rural llamada Foro Asturias Sostenible (FAS). Esta red de pequeños productores locales está comprometida con la conservación de la naturaleza y con el comercio justo. Favorecen el mantenimiento y la explotación del medio agrario, siempre mediante técnicas tradicionales y ecológicas, y fomentan el consumo responsable. Para ello el productor fija un precio acorde a sus gastos y su trabajo, que lleva a cabo con pocos animales bien cuidados y que origina productos de alta calidad. Además el FAS mantiene una red de consumidores comprometidos que se organizan para adquirir los alimentos de forma que no hacen falta intermediarios.

Repoblar las zonas rurales es también uno de los objetivos de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, que ha llevado a cabo proyectos de formación y asesoramiento sobre las posibilidades de negocio y la vida en el campo. Para Odile Rodríguez de la Fuente, directora de la Fundación, el nuevo éxodo representa "el camino de vuelta a casa" y afirma que las personas que abandonan el asfalto "impulsados por el entusiasmo y la iniciativa nos demuestran cómo reinventarnos con la gran riqueza de nuestro país: paisajes, alimentos, calidad y cooperación".
Ante la desesperanza que provoca en muchos la situación económica y social que se vive en España, aparece un nuevo escenario en el que surgen cada vez más iniciativas innovadoras. La ciudad ya no es el reflejo del logro ni el campo de la resignación. Ahora el mundo rural simboliza calidad de vida, desarrollo sostenible y colaboración. Ya son muchas las personas que han decidido sumarse a este éxodo inverso, aunque con una visión renovada y moderna. Evidencian así que construir una economía sólida y apostar por la sostenibilidad y el mantenimiento de la naturaleza es posible.

martes, 20 de agosto de 2013

LOS PEQUEÑOS PUEBLOS SON EL FUTURO


Le Monde Diplomatique. Junio 2013. Gustavo Duch
  1. INSPIRACIÓN DE LA ECONOMÍA CAMPESINA
Nací urbanita, crecí globalizado y me formé productivista. Nací en la ciudad y solo los veranos me acercaban al pueblo de los abuelos. Como decía la televisión, mis vacaciones transcurrían en un lugar antiguo y desfasado. Al crecer fui globalizado por una fuerza aspiradora invisible; la cultura de los EEUU a lomos del caballo de John  Wayne ganó todas las batallas y acaparó todos los terrenos de la vida. Los años de la universidad colmaron  mi mente con sustancias abrasivas  como productivismo, efectividad y competitividad. Con este bagaje, la crisis instalada en Europa se presenta como el desmoronamiento de estos mitos; de sopetón y sin vuelta atrás. Los cowboys eran una fabulosa farsa.
Si los mitos nos han llevado hasta donde estamos, puede que sea el momento de plantear los anti-mitos  ¿Es posible aparcar la efectividad para que circule la afectividad? ¿Cerramos los espacios de competitividad y abrimos puertas de cooperación? Y la pregunta clave, la ruralidad y su cultura -considerada un atraso- ¿guarda en sus esencias verdaderos adelantos?
Observando muchas experiencias  campesinas (algunas de nueva hornada, otras presentes en pueblos y personas que resistieron defendiendo su cultura), se distinguen  algunos elementos centrales y comunes que pueden ser inspiradores para construir nuevos modelos económicos más allá del actual capitalismo neoliberal:
  1. Frente a una economía de escala global, donde el precio del pan de Mozambique se decide en las bolsas de Chicago según lo que un instrumento financiero desee ganar, las economías campesinas se ejercen en espacios reducidos, sin salir muy lejos de los propios pueblos. Planteadas a escala local se asegura que sus impactos se viertan sobre el propio territorio, como primer paso para garantizarle autonomía. Una forma de hacer que nos indica la importancia de  ‘relocalizar la economía’ generando  células completas donde la vida se vive y se reproduce.
  2. Si en el actual delirio, el 90% de la economía es financiera por sólo un 10% de economía  productiva, ¿no debe el sector primario con una economía tangible (y comestible) volver a ser, como su nombre indica, prioritario? En cualquier economía campesina el ingrediente principal han sido siempre las propias actividades agropecuarias dirigidas a la producción de un bien fundamental, la comida. Además, para los países industrializados donde el campesinado no alcanza ni el 5% de la población activa, impulsar el sector primario supondría generación de empleo, equilibrio económico y menos dependencia agrícola de un mercado global disparatado.
  3. Otra de las dificultades del  modelo económico reinante es la falta de diversificación. Todos los huevos se ponen en cesto de la construcción o del turismo, por ejemplo. En la agricultura capitalista ocurre miméticamente lo mismo, se apuesta por monocultivos que producen bienes para una cadena de montaje fuera de control. En cambio, las economías campesinas que han sabido perdurar en el tiempo se diseñan en paisajes de policultivos, buscando una buena diversificación productiva, generando resiliencia y seguridad. Tomemos nota.
  4. En una comunidad o familia campesina, las actividades productivas  buscan prácticas ensambladas a la Naturaleza, de la que se sienten parte. La observan y comprenden para imitarla en sus agroecosistemas, produciendo según sus ritmos. Las bases ecológicas de este modelo económico consiguen resolver el reto de la sostenibilidad: obtener alimentos de la tierra y el agua sin agotar sus capacidades. Frente a economías lineales donde se generan desperdicios y se pierde energía hay que pensar en sistemas que funcionan circularmente, mimetizando los sistemas vivientes, donde nada se desperdicia, donde todos los materiales siguen fluyendo. Lo que se produce hoy será un recurso para mañana ¿Aprenderemos esta lección?
  5. La economía al servicio de la gente gusta de cuantas más manos mejor. Si la economía capitalista y febril renuncia a la mano de obra o bien la esclaviza para sus mejores rendimientos, en las culturas y formas de hacer campesinas ha primado la ocupación de la mano de obra familiar o comunitaria, en condiciones de dignidad. Si en una misma finca campesina se pueden producir más o cultivar más tierras se hace en base a más gente, como una olla con más cocido para alimentar  a más personas.
  6. En el mundo rural, la sabiduría necesaria para que la receta salga sabrosa, ha sido siempre fruto de la observación, la experimentación y del intercambio de ideas y saberes con otras personas y regiones. La varita mágica de los avances tecnológicos que alguna Ciencia ha querido imponer en el campo como la solución a todo, se demuestra que escapa al control de las propias personas y no es más que una fórmula para ejercer el poder.
  7. La cooperación social es un elemento clave a recuperar, como las tradiciones propias de muchos pueblos de compartir el trabajo –levantar una casa, limpiar unos montes u organizar una siembra. La competitividad, que no es propia de estas cocinas, se reduce al juego de cartas en la taberna. Aunque para las mentes colonizadas de capitalismo nos sea difícil de entender, si miramos al medio rural podremos reaprender que la mejor fórmula para la gestión de los recursos naturales, agua, tierra, montes, etc. es la gestión comunal de los mismos.
campesinosY sumadas estas características, apreciamos cómo durante siglos las comunidades rurales de todos los lugares del mundo, con su propia institucionalidad, han ejercido el control de su propia economía y devenir. Han alcanzado autonomía y libertad. Por esta razón cuando el sistema capitalista ha arremetido contra los pueblos campesinos, el grito enarbolado para recuperar el control colectivo de la agricultura es la defensa de la ‘Soberanía Alimentaria’. ¿No es el déficit de la Soberanía de los pueblos uno de los elementos a recuperar en cualquier economía?
Lo urbano, lo productivo y la globalización han llegado al final de su carrera, dopados como esos ciclistas que también fueron mitos a los que rendimos culto. Por eso, aunque no todas las comunidades campesinas, ni toda la historia y experiencia de su economía es perfecta y admirable, tomarlas como referencia de una nueva economía social y solidaria cobra un sentido indiscutible. El gusto por el  buen sabor de recetas comestibles que han pervivido durante muchos miles de años, y sin duda, están pensadas para seguir perdurando.
  1. LOS PUEBLOS PEQUEÑOS TIENEN FUTURO
Al acabar una charla donde mejor o peor intenté trasladar los arriba mencionados valores de la economía campesina, un profesor de filosofía levantó la mano para explicarnos que, estando de acuerdo con el análisis, el primer paso era repensar la Política. Sí, con mayúsculas y en su totalidad, pues hasta el tiempo de la Grecia clásica, dijo, tenemos que retroceder para entender que ya allí se menospreciaron a los pequeños núcleos o pueblos. Política, es la administración de la polis, la ciudad.
Desde luego  si revisamos el papel de la mayoría de administraciones del Estado español, observamos como sus esfuerzos tienen una forma de pensar y actuar radicalmente opuesta a poner en valor al mundo campesino y rural. Bien por causa de una ceguera descomunal, bien por acabar con vestigios de autonomía, en los últimos años se están sucediendo una combinación de leyes, recortes y proyectos claramente dirigidos a finiquitar la vida en los pequeños pueblos.
Los recortes, la medida estrella para capear esta crisis, inciden directamente en muchos ámbitos del día a día de los pequeños pueblos, llegando a limitar o excluir a su población de algunos Derechos Sociales fundamentales. Los cierres de las escuelas rurales en pequeños municipios son una privación del derecho a la educación; y en muchas ocasiones es el trámite final para la defunción de un pueblo. Los recortes en salud que han cerrado muchos pequeños centros sanitarios comarcales o han eliminado servicios de urgencia, obligan a recorrer algunas distancias que, con el déficit de transporte público también recortado, son la diferencia entre una atención a tiempo o no.
La nueva Ley de Ordenación Territorial diseñada para acabar con los modelos de gobernanza local, como los concejos abiertos, especialmente significados por permitir una gestión del territorio por parte de los propios vecinos y vecinas, es otra medida que disfrazada de ‘búsqueda de eficiencia’, conduce al desmantelamiento del mundo rural. El objetivo indisimulado, como ya se está viendo en muchos lugares, es poner a la venta aquellos bienes comunes que estas pequeñas administraciones gestionaban, como los montes públicos y otros espacios naturales.
Pero también los proyectos presentados como grandes soluciones para salir de la crisis son un ataque a los territorios rurales. El ‘fracking’ o la búsqueda mediante perforaciones y fractura de roca para la obtención de gas, si se lleva adelante, será a costa de tierras agrícolas; las intenciones de extraer uranio en Catalunya u oro y plata en Galicia con minas a cielo abierto arrasarían con el patrimonio natural, cultural y paisajístico, contaminando el entorno y poniendo en riesgo la salud de las personas de sus alrededores, es decir, la población que vive en los pueblos; los planos de todos los nuevos megaproyectos del tipo Eurovegas y otras locuras siempre se trazan sobre territorios aptos para la agricultura o la ganadería; o la instalación de cementerios nucleares son algunos ejemplos.
Si a un paciente enfermo, como nuestros pueblos, con décadas de políticas agrarias  al servicio de terratenientes y agroindustria, con altos índices de despoblación y una población muy envejecida, se le acosa con patógenos tan malignos, su futuro es muy complicado. Por eso la propia población de los pueblos en el Estado español se está progresivamente organizando.
Con el lema ‘los pueblos pequeños tienen futuro’, diferentes colectivos rurales unen sus voces indignadas ante estos ataques, pero en un ejercicio re-aprehendido  de Soberanía, da un paso más y detallan y explican a la sociedad sus propias propuestas para defender y cuidar lo más valioso y sensible de los pueblos: la vida.
Cuatro son las líneas definidas en algunos de los encuentros recientemente organizados, a mi parecer todas ellas en sintonía con su propia cultura campesina. Primera, defender el estilo propio de la organización rural, variadas fórmulas participativas de la propia comunidad, por pequeña que sea; a la vez que apostar por lo comunitario en la forma de hacer y de vivir. Segunda, hacer posible una medicina rural con rostro humano, y aprovechar las competencias que da la ley a los municipios para diseñar una atención integral a la sanidad y a la salud. Tercera, hacer del derecho a la educación una praxis liberadora. Y cuarta, un compromiso desde lo colectivo para procurar no un estado del bienestar sino un estado de solidaridad.
La lucha de los pequeños pueblos por asegurarse un futuro nos advierte que los pequeños pueblos, sus modos de vida y convivencia, sus economías y sus culturas, son el futuro.

Un sistema sustentable de vida campesina

Por 
José Antonio Casimiro González*
 
Hacia una cultura
junto a la naturaleza



¿Cuál pudiera ser el mejor camino para soñar con un sistema sustentable de vida campesina?
Lo primero sería asumir una filosofía de vida que permita vivir a plenitud, para comprender cada secreto y entender los errores como asignaturas a vencer, peldaños
de la escalera por donde se puede llegar a la cumbre.
 
Lo máximo sería llegar a un autoabastecimiento de todos los alimentos que más se necesitan para satisfacer los gustos de la familia, y que de todos llegue a sobrar para compartir y obtener aquellos servicios de los cuales ningún ser humano debería prescindir.

Lo anterior es un reto, y dicho así puede parecer algo muy sencillo: lograr todo eso sin apartarse de la sociedad, sin la aplicación de agroquímicos, usando en lo posible las fuentes renovables de energía, obtenidas dentro del propio sistema, la biomasa, la eólica, la hidráulica, la animal, la solar, la espiritual...

No se trata de renunciar al fertilizante, pero este debe ser producto del reciclaje, los abonos verdes y el humus de lombriz; además, interactuando con el sistema de manera que haya mucha diversidad de animales y plantas, que nada sea mucho de lo mismo.

Aprender sobre conservación de alimentos, con conocimientos que permitan aprovecharlos en los momentos picos, cuando sobran, para que adquieran valores en la época en que son escasos.

No generar desechos; hasta los de procedencia humana se tratan en biodigestores o en baños secos; las aguas de la ducha, la batea y el fregadero pueden también ser reutilizadas, y con ellas crear, en los espacios más secos, nichos de plantas que son el deleite de todos porque en el período seco estarán exuberantes.

Hay fortalezas a la mano que aún no hemos incorporado a nuestra cultura, y debemos servirnos de ellas en toda su magnitud, hasta llegar a poseer un sistema agroecológico de permacultura, es decir, todo cultura o cultura permanente. Es una nueva forma de existir en la que el ser humano es una parte del todo; hasta las avispas y los insectos que nos parezcan más insignificantes tienen una gran connotación en el equilibrio ecológico.

Como aficionado a la observación, al unir las experiencias de un evento sobre permacultura con otro de CUBASOLAR, en los que se habla sobre pastos, seguridad alimentaria, agroecología y equidad de género, advierto que todavía faltan temas que para mí son cruciales en la finca agroecológica, para beneficio de toda la población.

Deberíamos priorizar una alimentación autóctona, según lo que se produce en nuestras tierras. Pueden adquirirse pan de trigo, espaguetis y demás productos afines, pero en la opción deben también estar, por interés nacional, varios tipos de panes de maíz, al costo de uno de trigo.

En cualquier finca se podrían fabricar, de forma 100% ecológica, melado de caña, panela y hasta algo muy parecido al azúcar. Claro que ello lleva implícito una asimilación cultural, y una intervención estatal, a la escala de las necesidades, lo que también generaría mucho empleo.

Hay formas científicas de concebir los fogones eficientes, que tan solo por su diseño pueden disminuir el consumo energético tres veces; se puede cocinar con cocinas solares muy sencillas, calentar el agua con el Sol y luego esta misma, ya caliente, usarse para elaborar los frijoles y las viandas, y esto es como producir petróleo, no ahorrarlo.

En un reciente evento de CUBASOLAR, el doctor Luis Bérriz planteaba la ironía de tener tanta energía sobre la casa de cada cual (5 kWh/m²) y no poderla aprovechar: un solo metro cuadrado aporta mucho más que el consumo requerido para cualquier familia.

Aprovechando la oportunidad del debate, lo apoyé ofreciendo un dato del que se habla poco. En cualquier lugar de Cuba caen como promedio más de 1 000 milímetros de lluvia anual. Si en cada metro cuadrado llueve un litro de agua y se toma como promedio
100 m² por vivienda, entonces en cada una caerían todos los años 100 000 litros de agua destilada y clarita, suficientes para usar 273 litros diarios. Es probable que con lo que se ahorraría de jabón y champú para lavar y bañarse, se financiaría la construcción del depósito para el agua, teniendo en cuenta que el agua de lluvia en alguna medida puede sustituir el jabón y el champú.

En algunas casas se construyen locales de más; sin embargo, no se concibe el aljibe. Hemos llegado a casas de familiares, lloviendo, y he oído quejas de que el agua no sirve ni para limpiar porque llega revuelta a la llave, y no tienen una canalita para recoger un poco de la lluvia en un tanque. Es increíble cuánto tenemos y cuán poco sabemos apreciarlo, que no nos lo puede quitar nadie; eso también sería sentido de independencia.

En un sistema agroecológico, bien armonizado en todos los principios éticos y de diseño de la permacultura, puede unirse, por necesidad, la vocación artística del pintor, el artesano, el meteorólogo, el policía, el político y los científicos que estudian el agua, el viento, el Sol y la Tierra, junto a la filosofía, jardinería, pecuaria, arte culinario, sociología, psicología, economía, arquitectura, mecanización, fuentes renovables de energía: por eso hablamos de cultura permanente.

«Si el hombre sirve, la tierra sirve», dice Martí. Es una frase mucho más profunda de lo que parece. ¿Qué hay que hacer para que los hombres y las mujeres sirvan en cada finca? Toda la sociedad sufre cuando esto anda mal; por eso el problema del campo es de todos, tanto o más que de cada pequeño agricultor.

Viví lo que mi familia hizo durante décadas en la finca, lo veía girar todo en torno a un círculo vicioso de lo bebido por lo comido, una cosecha por la otra, nada para la finca y por ningún lado una señal de esperanza para los jóvenes que podrían relevar a los padres.

Estos espacios se fueron quedando para los desaprobados, los que no quisieron estudiar, los inadaptados al progreso de las tecnologías; así durante muchos años. Por tanto, es necesario formular una propuesta diferente al supuesto estigma de la vida en el campo. Las muchachas tienen que ver en el joven agricultor al príncipe azul. Si un día esto se lograra, el sueño de la sociedad crecería más todavía; hoy, por mucho que se ignore, ese es el detalle ¿Cuántos aprobarían de buen gusto que su hija se casara con el vaquero de la cooperativa?

Eso es lo que falta para que los hombres y mujeres sirvan, para entonces soñar con arte agrícola, con un porvenir de soberanía alimentaria y de muchas personas viviendo con dignidad e inteligencia retornando al campo; porque es un lugar para servir, para disfrutar y resolver los problemas más importantes, aunque sea trabajando duro, para orgullo de nuestra sociedad.

Sería bueno crear una nueva esperanza de vida familiar en la finca, donde saber vale mucho, y la agroecología sería, en Cuba, la fórmula para la familia en la finca agroecológica, con los principios de la permacultura.

Durante años, antes de llegar a estas apreciaciones revisé variantes y discursos de investigadores, campesinos y jóvenes, teniendo en cuenta las fuentes renovables de energía, las tecnologías apropiadas y el precio del petróleo, los alimentos, los agroquímicos y las maquinarias.

Todo esto conjugado con lo que es posible, con lo que ha funcionado, con quienes ya lo han hecho, con los pequeños agricultores que poseen 12% de las tierras cultivables y producen la mayor parte de los alimentos cubanos. Esto último fue lo primero que oí decir en el movimiento agroecológico de campesino a campesino, en el 2001.

Considero que se ha perdido un tiempo muy importante para ponérselo todo a la Agroecología. Sé que es una nueva cultura, y me ha costado mucho desprenderme de la que tenía. Ahora comprendo que no hay que tener los campos desprotegidos, que se debe ir al laboreo mínimo y la cosecha del estiércol, que los cultivos no hay que tenerlos tan desyerbados, que la basura es abono y que el Sol es petróleo y materia orgánica regalada.

Es mucho lo que se ha avanzado, pero por todos lados llega la alarma: la naturaleza enseña mucho con los ciclones, las sequías, las intensas lluvias, y ya no acepta descuidos. Cualquiera puede perder su finca en una temporada de lluvia extrema; quinientos millones de años de formación de suelos idos en un gran aguacero por tierras erosionadas y exceso de labores.

Para entrar en este mundo de la agricultura natural, no se puede seguir la filosofía actual de medir los resultados productivos de un sistema, solo teniendo en cuenta los quintales y la cantidad final del fruto obtenido en la cosecha, porque ello sería una burla «diplomática» a la Agroecología.

Dentro de las mil cosas a tener en cuenta, es la parte humana, familiar y social lo que resulta estratégico y aporta independencia. La vía óptima es la seguridad y la soberanía alimentarias, desde nuestras posibilidades, optando por una agricultura de vida donde no se mata, no se contamina y no se empeoran las condiciones, sino que se mejoran, para el bien de todos.

Según se está manifestando el cambio climático, sería estratégico que en cada porción del territorio donde sea posible haya una familia de permacultores como guardianes del ecosistema. Eso sería un oficio bien remunerado, y si, además, se autoabastecen y crean excedentes sin químicos y sin máquinas complicadas, y producen también campesinos para otro futuro, estaríamos cumpliendo los sueños de los mejores cubanos de todos los tiempos.

Creo también que es un compromiso contraído como país: demostrar con una Revolución agroecológica que el ahorro máximo y el consumo mínimo al lado de la naturaleza,
son partes del buen vivir, y que un mundo mejor es posible. Todo está aquí, es solo cuestión de atar algunos cabos sueltos. Lo digo como aficionado de los sueños posibles y como permacultor que vive con su familia en la finca desde hace diecinueve años.
* Agroecólogo y permacultor.
Autor del libro Con la familia en la finca agroecológica.
e-mail: leidic@suss.co.cu

Foto : Derian  Restrepo.   Orgánicos jr   (Jhon Rios) . Aqui en Colombia tambien hay agroecologia y permacultura. Visite la finca en la Ceja - Antioquia .  https://www.facebook.com/jhon.rios.50746?fref=ts






lunes, 19 de agosto de 2013

“No creemos en la Inversión Agrícola Responsable”





    Movimientos sociales de América Latina y el Caribe debatieron en
    consulta regional sobre cuáles son las inversiones necesarias
    para el desarrollo rural
    ¿Se puede hablar de “responsabilidad” en una inversión que toma los
    territorios como fuente de lucro? ¿Deben los estados que integran la
    Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
    (FAO) legitimar el acaparamiento de tierras o recursos acuíferos con una
    “certificación” de responsabilidad? ¿Cuáles son las políticas de
    recursos públicos necesarias para un verdadero desarrollo rural?

    Entre otras varias éstas fueron las preguntas que se formularon los
    pasados días 7 y 8 de agosto en Bogotá, Colombia, las organizaciones que
    acudieron a una consulta continental para discutir sobre el concepto de
    Inversión Agrícola Responsable (IAR) que viene elaborando el Comité
    Mundial de Seguridad Alimentaria.

    Y el punto de partida, claro, fue la realidad de un continente y una
    región caribeña plagado de megaproyectos agrícolas de gran escala que
    desplazan a campesinos y pueblos originarios, megarepresas
    hidroeléctricas que sumergen poblaciones milenarias o empresas
    trasnacionales que inundan de semillas transgénicas la biodiversidad de
    la región.

    Ante ello, resultó muy claro el hecho de que las organizaciones
    convocadas a consulta por sus representantes ante el Mecanismo de la
    Sociedad Civil (MSC) que funciona en el Comité de Seguridad Alimentaria
    Mundial (CSA), manifestaron una visión crítica del concepto de IAR,
    comparándola en algunos casos con el de Responsabilidad Social
    Empresarial mediante la cual algunas empresas buscan mitigar o maquillar
    los efectos de sus políticas sobre las comunidades.

    En ese sentido, Valter Da Silva, de la Coordinadora Latinoamericana de
    Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina) señaló que tras las
    inversiones autodenominadas “responsables” hay una política de
    criminalización de la producción de semillas criollas y campesinas ya
    que amenazan los monopolios empresariales. En ese sentido, indicó que se
    requieren políticas de inversión pública para el fomento de la
    producción de este tipo de semillas.

    En su reflexión, Da Silva subrayó la importancia de la discusión en
    materia de los principios que a juicio de las organizaciones que
    reivindican la Soberanía Alimentaria deberían seguir las inversiones
    –públicas y privadas- en agricultura, aunque manifestó sus dudas
    respecto al eco que esas definiciones puedan alcanzar en el marco del
    CSA como políticas globales que obliguen a los Estados a proteger la
    producción campesina.

    Por su parte, Javier Rivera, campesino de la región de Tuluá en el Valle
    del Cauca y coordinador del Movimiento Agroecológico de América Latina y
    Caribe (MAELA) a nivel de la región Andina señaló que el concepto de
    responsabilidad ha servido para obtener recursos de cooperación
    internacional que rara vez llegan a las comunidades a cumplir su
    cometido real.

    Y opinó que la recientemente creada Alianza por la Soberanía Alimentaria
    debería generar insumos y herramientas “para que desde las bases se
    tenga la posibilidad de hacerle frente a esas políticas y a esas
    inversiones” que en el caso de Colombia han servido para desplazar
    campesinos y sustituir la producción alimentaria por varios aspectos del
    agronegocio, entre ellos la producción de agrocombustibles.

    La Alianza por la Soberanía Alimentaria cuenta con varios representantes
    sub-continentales en el Mecanismo de la Sociedad Civil que llevarán a
    ese ámbito de funcionamiento en Roma, Italia, los principios emanados de
    la Asamblea, así como las definiciones alcanzadas en el marco de esta
    Consulta realizada con posterioridad a la misma, lo cual ocurrirá en el
    próximo mes de octubre.

    (CC) 2009 - 2013 Radio Mundo Real 10 años

    http://www.radiomundoreal.fm/7002-no-creemos-en-la-inversion?lang=es

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    medium-sized producers, landless, rural women, indigenous people, rural
    youth and agricultural workers. We are an autonomous, pluralist and
    multicultural movement, independent of any political, economic, or other
    type of affiliation. Born in 1993, La Via Campesina now gathers about
    183 organisations in 88 countries in Asia, Africa, Europe, and the Americas.

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sábado, 17 de agosto de 2013

Comida orgánica, claves de una tendencia en auge

SERGIO CAMACHO IANNINI

Clorofila
Clorofila, que tiene dos sedes, es una de las tiendas orgánicas más reconocidas de Bogotá.

Expertos hablan de las bondades del consumo de productos sin químicos.

Aunque cada vez es más común encontrar personas que prefieren consumir alimentos orgánicos en lugar de los producidos convencionalmente, la información sobre sus ventajas nutricionales y ambientales es escasa.
Para empezar, vale la pena aclarar que quienes cultivan orgánicos no usan plaguicidas (insecticidas, fungicidas y fertilizantes químico-sintéticos) y se ocupan de conservar el suelo para evitar daños en los ecosistemas.
No es exagerado decir que su consumo constituye una forma de vida en muchas regiones del mundo. En Europa, por ejemplo, las ventas de orgánicos se han triplicado desde el comienzo de siglo.
Foto:  Derian Restrepo .  Granja Orgáncia en Rionegro Antioquia  (Don Raul)  

América Latina no se queda atrás. De acuerdo con el reporte ‘El mundo de la agricultura orgánica 2012’, México muestra un crecimiento en su producción del 32 por ciento desde 1996. Colombia, por su parte, es pionera en la exportación de café orgánico y destina para ello 30.000 hectáreas; a eso se suma el surgimiento de mercados locales de frutas, verduras, panela, aceites esenciales, plantas medicinales y mermeladas, entre otros.
Expertos sostienen que los alimentos orgánicos son más saludables que los que son cultivados con químicos. Lucy Hoyos, dietista y nutricionista de la Universidad Nacional, explica que los agroquímicos que se utilizan en los cultivos convencionales podrían afectar las estructuras moleculares y modificar las características alimentarias de algunos productos. “Estos químicos impactan en las condiciones organolépticas, como el olor, la textura y, en ocasiones, el sabor de los alimentos”, dice.
Con su argumento coincide Andrés Montes, biólogo dedicado a la producción agroecológica. “Los alimentos orgánicos tienen un mejor contenido nutricional. Los convencionales, al ser producidos con muchos fertilizantes, tienden a absorber mucha agua –explica–. Los orgánicos tienen menos porcentaje de agua y son secos; ese contenido de materia seca se relaciona con una mayor cantidad de nutrientes”.
Foto: Derian Restrepo . Organik - Rionegro -Antioquia

Contenido de minerales
En el mundo se utilizan unos 850 plaguicidas. De acuerdo con un reporte de la Unión Europea, que recoge los resultados de análisis practicados a alimentos cultivados de alto consumo, cerca del 42 por ciento contiene residuos de plaguicidas; de ese total, el 5 por ciento está por encima de los niveles permitidos.
En ese sentido, el agroecólogo Juan Pedro Córdoba asegura que en la tierra no se deberían usar productos como el nitrógeno. “El nitrógeno –dice– desplaza los minerales del suelo. La calidad de los alimentos depende de la cantidad de minerales que tenga. La agricultura orgánica, en cambio, no los desplaza. Al contrario: unos 72 permanecen alrededor de la planta para que esta los absorba”.
Precisamente, un estudio del 2000, de la Universidad de Rutgers, en el Reino Unido, mostró que el contenido en minerales de las verduras orgánicas era entre 10 y 50 veces mayor que el de las convencionales, y que cuando se consumían estas últimas, solo se obtenía el 13 por ciento de los minerales, comparado con las orgánicas.
Sin embargo, una investigación de la Universidad de Stanford, publicada en el 2011, concluyó que hay poca evidencia de que los alimentos orgánicos sean más sanos que los tradicionales. Los investigadores analizaron los resultados de 17 estudios hechos con humanos con alimentación orgánica y tradicional, que comparaban niveles de nutrientes, bacterias y contaminación por pesticidas. El análisis no demostró diferencias significativas en el contenido vitamínico.
La verdad frente a este tema parece no estar dicha. Lo cierto es que quienes consumen alimentos orgánicos los defienden: “Noto una diferencia en mi cuerpo –dice Montes–. Desde que los como me siento más sano, no me dan gripas, no me enfermo.Con mi esposa estamos esperando bebé y la idea es que desde un principio se alimente con productos orgánicos”.
Cómo reconocerlos
Liliana Morales, propietaria de la tienda ecológica Clorofila, explica que los alimentos orgánicos se pueden reconocer por su etiquetado con sellos de organismos certificados a nivel internacional, como son Ecocert y Usda. Esta certificación demuestra que el alimento ha sido producido de acuerdo a un protocolo y que está completamente exento de sustancias químicas.
Foto: Derian Restrepo : Organicos JR  ( Jhon Rios )  Aquie puedes hacer el mercado orgánico en la finca, VISITELO:  https://www.facebook.com/jhon.rios.50746/about

Hay también una certificación de confianza, que va dirigida a quienes producen alimentos de forma agroecológica, que constituye una visión más integral del ecosistema y que tiene en cuenta a los productores campesinos, sus tradiciones y conocimientos, pero que no persigue certificaciones comerciales. “Hay redes de campesinos con los que trabajamos y sabemos que no utilizan productos químicos, pero ellos no tienen dinero para ir tras una certificación comercial, lo cual no quiere decir que sus alimentos no sean seguros”, sostiene Morales.
Foto: Derian Restrepo . Granja Agroecologica UNIMINUTO- La Vega - Cundinamarca.
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.443316085711700.96137.100000999383883&type=1&l=d52eb48f07
La Canasta, una opción a domicilio
Con sede en Bogotá, La Canasta es una opción de consumo consciente, responsable y solidario. Ofrece a domicilio un mercado de alimentos frescos y locales de temporada provenientes de pequeños productores campesinos. Trae frutas, verduras, tubérculos y huevos. http://la-canasta.org/

Bogotá : Pedidos entre lunes y jueves, en www.la-canasta.org  http://la-canasta.org/