domingo, 15 de agosto de 2010

LATINOAMÉRICA ANTE LA CRISIS ECOLÓGICA GLOBAL. UN PROBLEMA DE FONDO


Para comprender los problemas ecológicos, es necesario rediscutir los fundamentos del sistema capitalista. Pese a que tenemos gobiernos progresistas, faltan cambios de fondo. Los desafíos de la desigualdad ambiental.

En este artículo intentaremos exponer brevemente algunos de los desafíos que afronta América latina en materia ambiental. A tal fin, comenzaremos analizando los factores estructurales de la crisis ecológica global. Luego, expondremos lo que hemos denominado desigualdades ambientales, las formas que asumen y los conflictos que pueden albergar. En último lugar, haremos referencia al comportamiento y a las estrategias políticas que los gobiernos latinoamericanos llevan y pueden llevar a cabo.

La humanidad enfrenta una crisis ecológica de gran magnitud y con tendencia a agravarse. Sus manifestaciones pueden agruparse en dos grandes problemas, íntimamente relacionados. En primer lugar, la degradación ambiental, la cual envuelve la contaminación del aire, de los cursos de agua (superficiales y subterráneos) y del suelo. El denominado cambio climático se ha vuelto su cara más visible hoy en día. Y en segundo lugar, el progresivo agotamiento de bienes naturales, esenciales para la vida humana: agua dulce, minerales, tierra fértil, fuentes de energía. Las estadísticas de la World Wide Fund For Nature (WWF) indican que la demanda mundial sobre los recursos biológicos del planeta supera en un 30 por ciento la capacidad de regeneración de la naturaleza.

Es posible ubicar temporalmente la acelerada degradación ecológica en las últimas cuatro décadas, período que coincide con la implementación de las políticas neoliberales. Adjudicar la responsabilidad a la acción del hombre de modo abstracto, como suele hacerse en análisis ligeros o intencionados, oculta la forma histórica en la cual está inserta esa acción.

Tampoco nos conforma adjudicarla en el conjunto de ideas propias de la modernidad, es decir, la fe en el progreso indefinido de las fuerzas materiales. No nos dice nada acerca de cuál es la forma en la que el hombre se apropia de la naturaleza en un momento determinado dado el régimen de producción y reproducción material dominante.

Es necesario rediscutir los fundamentos del sistema capitalista para comprender los problemas ecológicos. Entender no sólo la relación contradictoria capital-trabajo sino también la contradicción capital-naturaleza: la capacidad proveedora y receptora de la naturaleza es limitada y, por lo tanto, incompatible con la acumulación ilimitada de capital.

Capital vs. naturaleza

Dada la estructura atomizada y caótica del capitalismo, la forma predominante en la cual el hombre se vincula con la naturaleza es a través de la apropiación privada y la mercantilización. El hombre se encuentra alienado respecto del mundo natural y el capital fetichiza la naturaleza.

El Estado aparece mediando entre el capital y la naturaleza, regulando su acceso y su explotación. Sin embargo, las políticas de privatización de empresas públicas, desregulación de los mercados y apertura económica del neoliberalismo desarmaron los mecanismos estatales que resguardaban en gran medida la naturaleza.

El capital aceleró, por ende, su dominio sobre el mundo natural en función de la producción de plusvalor. Es un proceso simultáneamente extensivo e intensivo. Extensivo porque el capital se va adueñando de cada porción de la naturaleza, ampliando las fronteras de extracción como continuidad de la acumulación originaria. E intensivo porque cada vez precisa una mayor cantidad de bienes naturales y un mayor sometimiento de las fuerzas naturales.

Asimismo, podemos observar que el debilitamiento de las regulaciones estatales también acelera los procesos de contaminación ya que deja librado a los capitales individuales a deshacerse de desechos sólidos, líquidos y gaseosos sin tratamiento alguno. La lógica de la maximización de ganancias señala que el cuidado del medio ambiente no entra en los gastos productivos del capital.

Desigualdades ambientales

Habiendo analizado las características específicas del modo de producción capitalista en lo que hace a su relación con la naturaleza, ahora veremos cuáles son sus impactos sociopolíticos. Así como estamos acostumbrados a hablar de desigualdad social o económica, consideramos pertinente introducir el concepto desigualdad ambiental para dar cuenta de las relaciones de poder que se reproducen también en el ámbito ecológico.

Existen dos formas en las que se manifiesta la desigualdad ambiental: la desigualdad en el acceso a y control de los bienes naturales y la desigualdad en el acceso a un ambiente sano. La primera forma se refiere a las asimetrías de poder existentes para disponer, aprovechar, utilizar bienes esenciales para la vida, tales como agua, tierra y energía. La segunda forma está relacionada con la protección del medio ambiente y con las asimetrías de poder en la distribución de la degradación ambiental derivada de actividades productivas.

En el caso de la actividad extractiva de la minería y de los hidrocarburos se conjugan ambas formas de desigualdad, ya que en todo el mundo son apropiadas por poderosos capitales transnacionales en detrimento del acceso de poblaciones locales, que además sufren desplazamientos territoriales, y se realiza con bajos costos económicos y altísimos costos ecológicos, dada la utilización de grandes cantidades de agua, contaminación con químicos, quema de gases, etc. También resultan peligrosas estas actividades en su transporte, sea por la rotura de mineraloductos, oleoductos y gasoductos o las pérdidas en barcos petroleros.

La persistencia o la magnitud de las desigualdades ambientales son generalmente condición de posibilidad de conflictos socioambientales: se trata de disputas por la apropiación y/o mantenimiento de los bienes naturales y por el acceso a un ambiente sano o por la protección del medio ambiente, a escala local, nacional o internacional. Al mismo tiempo atraviesan distintos tipos de desigualdad social que generan nuevos conflictos o disputas en viejas relaciones desiguales, como el clásico intercambio desigual entre los países del Norte y los países del Sur. En los primeros se ubican los grandes centros de demanda, consumo y contaminación, mientras que los países más pobres quedan relegados a meros proveedores de bienes naturales. Un dato que ilustra: el 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen el cambio climático pertenece al 20 por ciento de la población mundial, concentrada en Estados Unidos, Europa y Japón.

Se reedita la división internacional del trabajo, donde las regiones con grandes riquezas naturales que escasean en otras partes del mundo se tornan apetecibles para la apropiación capitalista. Las riquezas de América latina la convierten nuevamente en un proveedor de materias primas, alimentos y energía para las economías industrializadas. A su vez, los países más ricos intentan trasladar el costo ambiental de las industrias más sucias. El ejemplo más cercano son las plantas de celulosa, siendo la pastera UPM (ex Botnia) la que generó más conflictos y cobró mayor notoriedad.

Dentro del ámbito nacional, también existen desigualdades ambientales que se superponen con desigualdades de otro tipo. En condiciones normales de acumulación, la apropiación capitalista restringe progresivamente el acceso a los bienes naturales y genera una distribución de los efectos de la degradación ambiental en mayor medida sobre pobres, negros, indígenas, campesinos, etcétera. En tiempos de crisis, sea económica o ecológica, la brecha de la desigualdad ambiental también se agranda porque el capital está dispuesto a salvar su propio pellejo a cualquier precio, transfiriendo los costos hacia otros sectores sociales.

Del extractivismo al neoextractivismo

En el contexto de las desigualdades analizadas, América latina tiene por delante un desafío enorme en materia ambiental. A pesar de los cambios políticos profundos suscitados en la región en la última década, los gobiernos progresistas no han podido desembarazarse del rol asignado en la división internacional del trabajo y en algunos casos lo han profundizado.

Países como Venezuela y Bolivia han tenido un destacable rol a nivel internacional como sucedió en Copenhague en diciembre pasado, responsabilizando al mismo sistema capitalista en relación con el cambio climático. Asimismo, cabe enfatizar la importancia de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático impulsada por el presidente boliviano Evo Morales y que tuvo lugar en Cochabamba en abril último.

Sin embargo, son numerosas las tareas pendientes en el marco interno. Si en la etapa neoliberal predominó una política extractivista con respecto a la naturaleza, la última década es caracterizada por el investigador uruguayo Eduardo Gudynas bajo el rótulo de neoextractivismo.

El término extractivismo se refiere al predominio de actividades económicas basadas en la remoción de grandes volúmenes de bienes naturales, que no son industrializados o se lo hace limitadamente, con el objetivo prioritario de destinarlos a los mercados internacionales. En la historia de América latina no resulta una novedad ya que podríamos remontarnos a los inicios de la colonia misma. Pero sí es interesante observar cómo las políticas neoliberales de la década de los noventa profundizaron el perfil primario exportador de las economías latinoamericanas a partir de una legislación favorable a capitales transnacionales.

A pesar de una retórica crítica del neoliberalismo, en las políticas de los gobiernos progresistas persiste buena parte de los componentes de aquel extractivismo combinados con nuevas características. El neoextractivismo promueve un estilo de desarrollo basado en la explotación intensiva y extensiva de la naturaleza, que alimenta un entramado productivo escasamente diversificado y muy dependiente de la inserción internacional como proveedores de bienes naturales. Los altos precios internacionales redoblan las exportaciones petrolera, minera y de monocultivos. El componente más novedoso es que el Estado adquiere un rol más activo en esos sectores, buscando fundamentalmente la captación de una mayor renta que le permita una redistribución de ingresos a través de políticas sociales. En muchos casos, los gobiernos logran una legitimación importante hacia el conjunto de la población pero se avizora como una política con límites muy definidos. Además de los impactos negativos sobre la naturaleza, se agrandan las desigualdades ambientales en las regiones donde abundan riquezas. No casualmente sino causalmente, se multiplican los conflictos ambientales donde es común encontrar poblaciones locales, campesinas e indígenas enfrentadas a transnacionales petroleras y mineras o resistiendo el desplazamiento que imponen los monocultivos.

Difícilmente los gobiernos latinoamericanos cambien el rumbo en el corto plazo y todo hace suponer que las tensiones sociales seguirán presentes en los próximos años. Si bien Gudynas nota las diferencias entre países de acuerdo con el tipo de intervención del Estado y el desenvolvimiento de las economías extractivas, creemos necesario enfatizar aún más estas diferencias.

En algunos casos se mantiene el control privado de aquellos sectores, como claramente podemos notarlo en la Argentina. La explotación de hidrocarburos sigue en manos del capital a pesar de la brusca caída de reservas y la crisis energética que acecha la economía desde hace unos años. Los megaemprendimientos de minería a cielo abierto se multiplican por decenas pese a las consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud de las poblaciones aledañas. La soja transgénica sigue ampliando su frontera, a costa de poner en riesgo la soberanía alimentaria nacional y a costa de la contaminación con agroquímicos.

Por otro lado, hay países que avanzan en el control estatal de las economías extractivas, como es el caso de Venezuela. A través de una profunda reforma en la legislación y la renegociación de contratos, el Estado logró alzarse con el control mayoritario de los pozos petroleros. Ciertamente los impactos ambientales de la explotación de hidrocarburos no desaparecen simplemente por un cambio en la forma que se asume el control. Pero sí nos interesa destacar el control estatal como un paso necesario para, posteriormente, avanzar hacia el control social de la actividad y sus impactos.

La transformación política y social es condición ineludible hacia la planificación democrática de la explotación de los bienes naturales y del cuidado del medio ambiente. Ello requiere también una transformación cultural que estimule una democracia cada vez más participativa. Finalmente, aun con buenas intenciones, la transición a una sociedad ecológica es una utopía si no se cuestionan y trastocan los fundamentos de la producción y reproducción capitalista.
Por Ignacio Sabbatella

Becario Conicet, Instituto Gino Germani (UBA)

SI LE VA MAL AL CAMPO, LE VA MAL A COLOMBIA. EL DEDO EN LA LLAGA



"La problemática de la producción agropecuaria y la alimentación de los trabajadores y el resto del pueblo Colombiano nos lleva necesariamente a plantear la necesidad de un programa de lucha por la defensa de lo nuestro: nuestra soberanía, trabajo, producción y recursos nacionales."
Hernán Pérez Zapata
El editorial ¿Es la hora del campo? del periódico “El Colombiano” (julio 28), los coqueteos y elogios del excandidato Gustavo Petro al Presidente electo Juan Manuel Santos y su equipo de Gobierno “..dentro de su proyecto político”..se fundamentan en la falsa ilusión de que …”cesó la horrible noche” no solo para nuestras patrióticas gentes del sector, sino también para nuestros consumidores nacionales.
No tienen en cuenta la negra historia del MinAgricultura que ha fracasado, en propiciar el autoabastecimiento de nuestras necesidades alimenticias y las de la agroindustria nacional, precisamente con las imposiciones de Washington. Se agudizará la ancestral dependencia de las orientaciones a toda la política agropecuaria y alimentaria por parte del imperio. Se trata de la continuidad de la misma política, con distintas caras.
Las solas importaciones de 10 millones de toneladas anuales que nos deja la administración de Álvaro Uribe, constituyen de por sí una gran vergüenza y catástrofe nacional. Un país que no produce sus alimentos mínimos esta condenado a depender de quien se los venda. Es la más absurda política impuesta al país y aceptada por todos estos gobiernos genuflexos a las imposiciones y migajas del país mas impositivo del mundo. A las malas con sus bases militares o a las buenas con el TLC impuesto por sus negociadores y aceptado sumisamente por los nuestros.
Todo para favorecer los 7 grandes monopolios que controlan el sistema productivo, de procesamiento, distribución y venta directa de su “comida rápida, chatarra, transgénica y frankestein¨.
Y de paso el proyecto de presupuesto nacional baja el menguado cupo del Minagricultura en un 15%. Queda dependiente de los préstamos, no para fomentar la producción nacional de alimentos, sino para continuar engañando al país con políticas frustradas que lo que han hecho es incrementar nuestra dependencia de la producción cuestionada en los mismos E.U.(Ver libro y película Food Inc de críticos estadounidenses independientes).
Empiezan a movilizarse los arroceros del país reclamando precios rentables y la eliminación de las importaciones y el contrabando del grano que entra a competir deslealmente con el producto nacional. Los maiceros de Córdoba reclaman el cese de la importación de cuatro millones de toneladas del grano que perfectamente se pueden producir en esa región, la más fértil de Colombia, con el necesario apoyo estatal.
Los lecheros reclaman precios rentables para sus 6.500.000 litros anuales, amenazados por la desprotección gubernamental ante las imposiciones de los TLC con la Unión Europea, E.U. y Canadá que en el solo 2011, arrasaran la producción de un mes y en pocos meses mas harán desaparecer este sector como ha ocurrido con los trigueros y maiceros con importaciones masivas que han quebrado a centenares de miles de productores de todo el país.
También los cafeteros preparan sus baterías. La desastrosa política con el grano ya nos tiene en el quinto puesto en el concierto mundial después de Brasil (33%), Vietnam (13%), Indonesia (6.5%) y Alemania que revende 10 millones de sacos anuales. Y como si fuera poco nuestros productores deben soportar la competencia desigual de la traída al país anualmente de mas de 800.000 sacos (legales y de contrabando) de café de malísima calidad para mezclas para el consumo nacional. El Gobierno debe garantizar precios rentables a los productores, eliminar las importaciones, financiar totalmente los altos costos de los controles de broca y roya y facilitar abonos y fertilizantes a los productores de café “enviciado” con esos químicos, para recuperar nuestra producción ancestral.
Salvar el campo, es salvar a Colombia. Con una política agropecuaria y alimentaria nacional, patriótica, que emplee a 10 millones de colombianos, podemos salir de esta “horrible noche”, con soluciones auténticas para nuestra soberanía y defensa de lo nuestro, que no se vislumbra por ninguna parte, con los amos norteamericanos, que solo les interesa sus negocios y el bienestar de sus multinacionales financieras y comerciales.
Medellín, agosto de 2010.
Anexo
Por la salvación agropecuaria y alimentaria
Resúmen de tesis presentadas en conversatorio con los afiliados al Sindicato de Trabajadores de Solla, SINTRASOLLA, el sábado 31 de julio de 2010, en Bello, Antioquia. Ponente: Hernán Pérez Zapata, Asociación por la Salvación Agropecuaria y Alimentaria de Antioquia.
1.- Sobre el problema nacional y agrario.
2.- La crisis agropecuaria y alimentaria en E.U. y en el mundo. La imposición de modelos de producción y alimentación por parte de E.U. a Colombia en los últimos 100 años. Implicaciones de la eliminación de la producción de alimentos en Colombia. Casos del trigo y el maíz. Apertura económica. Tratados de Libre Comercio, TLC, con E.U. y otros países.
3.- Hacia un programa por la Salvación Agropecuaria y Alimentaria de Antioquia y Colombia.
1.- SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL Y AGRARIO
Las luchas por la defensa de la soberanía y autodeterminación nacional han llevado a caracterizar a Colombia como una sociedad neocolonial y semifeudal producto de la creciente intervención y dominación de los Estados Unidos, EU, en los asuntos internos de nuestro país y la existencia de rezagos feudales en el campo.
Las intervenciones de EU comenzaron en 1903 con la toma de Panamá. Siguió con la presencia de la Misión Kenmerer en 1923 en la organización del Banco de la República, como un satélite de la Reserva Federal de E.U. Posteriormente, con la opresión y saqueo en la Zona Bananera del Magdalena. El Gobierno Colombiano realizó la mas grande masacre de trabajadores el 6 de diciembre de 1928, en Ciénaga, en defensa de los intereses de la multinacional United Fruit Company.
Esa intervención en nuestro país se acelera después de la II Guerra Mundial. En 1950 aparece la Misión Currie del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento, BIRF. Aparecieron los Planes de Fomento y Desarrollo impuestos por el país del norte, que no eran mas que planes de endeudamiento externo. Con el denominado Grupo de Consulta de París, numerosas entidades financieros de E.U. y otros países reinician un hipotecamiento paulatino de la economía al capital financiero internacional. Para 1960 la deuda externa era de 235 millones de dólares. Actualmente sobrepasa los 51.000 millones de dólares. Todos los programas del MinAgricultura desde su creación en 1949 han sido orientados por E.U. para servir a sus intereses y los de sus multinacionales financieras y comerciales.
Entre esos programas podemos señalar los del Punto Cuarto en 1952, el Plan de Fomento para Colombia de la Misión Currie en 1953, los planes decenal (1960-69) y los cuatrienales de desarrollo desde 1970 hasta el presente. La Reforma Agraria Integral, los Programas de Desarrollo Rural Integrado, DRI, y los Planes de Alimentación y Nutrición, PAN, que se orientaron a traer los excedentes agrícolas de E.U. y a acabar con la producción nacional de trigo, cultivo del que nos autoabastecimos mas de 200 años. En 1966 importábamos 120.000 toneladas y nuestra producción era de 160.000 toneladas. Hoy, escasamente producimos 30.000 toneladas en Nariño. Importamos anualmente 1.500.000 toneladas de éste, uno de los cuatro productos mas importantes para nuestra alimentación nacional y del mundo entero, con el maíz, el arroz y la papa.
Algo similar al trigo ha ocurrido con un cereal de la trascendencia del maíz, con la apertura económica. Nos abastecimos durante mas de 5.000 años, desde que los indígenas procedentes de centro América nos trajeron el grano. Se iniciaron las importaciones en 1991. Actualmente importamos mas de cuatro millones de toneladas de maíz amarillo y blanco. La producción nacional se reduce considerablemente. Solo nos queda la zona de Córdoba y pequeños lotes de maíz tradicional en distintas regiones de la nación.
El año pasado sobrepasamos la importación de mas de 10 millones de toneladas de alimentos que perfectamente podemos producir en el país, solucionando el problema del empleo rural y urbano y creciendo nuestra capitalización rural y urbana. Mas del 50 % de nuestra dieta alimentaria es importada. Es una auténtica vergüenza nacional. Estamos en el reino de la estupidez mas grande.
Esta es la prueba reina del fracaso de todas las políticas agropecuarias del Estado Colombiano en los últimos 60 años. Esta es la prueba reina para sustentar que el TLC con E.U., en las condiciones que ha sido impuesto por el imperio, profundizará la hecatombe de la nación y el pueblo Colombiano, así como las bases militares que se instalan para la protección de la inversión y saqueo estadounidense a nuestro país y amenazar con la guerra a países vecinos.
2. La crisis de la producción y alimentación en E.U. y en el mundo.
La historia de la producción agropecuaria en los E.U. en los últimos cien años presenta características sumamente aberrantes con el modelo de desarrollo que se ha impuesto en Colombia, ahora que nos preparamos a conmemorar los 100 años de la agronomía y demás carreras profesionales e intermedias del sector agropecuario.
Se ha entrelazado una cadena de control monopolista que va desde las fincas fabricas, el procesamiento y distribución de esos productos hasta las cadenas de supermercados, restaurantes y hoteles que influyen muy generalizadamente en la forma como se alimentan los consumidores de E.U. y el mundo globalizado.
La denominada “comida rápida, chatarra y frankestein” a los precios mas bajos se ha extendido por todos los E.U. y ahora con la globalización neoliberal, por todo el mundo.
Se desarrolla un uso intensivo de la tecnología con métodos antinaturales con las denominadas agriculturas química y transgénica. Se desarrolla en los últimos 20 años la denominada agricultura orgánica que tiene la circunstancia de basarse parcialmente en los nocivas agricultura química y transgénica.
El uso intensivo e inadecuado de fertilizantes, pesticidas, antibióticos, aceleradores del crecimiento, entre otros, se ha identificado como causal de enfermedades catastróficas como el cáncer de todo tipo, las cardíacas, respiratorias, intestinales, obesidad, diabetes y otras enfermedades generalizadas y agudizadas con la forma privada como se maneja la alimentación monopolizada y la salud pública.
Solo interesan las superganancias de las siete grandes multinacionales que controlan el negocio. Son las mismas de las grandes estafas de las pirámides de Wall Street. Son las mismas beneficiarias de las condiciones favorables para ellas que el Gobierno de E.U. impone a Colombia y al mundo, con sus Tratados de Libre Comercio, TLC y las mismas para proteger con las invasoras bases militares en Colombia.
En el caso de la obesidad, alrededor del 70% de la población estadounidense tiene sobrepeso, especialmente las nuevas generaciones. Este problema de salud pública le cuesta a los consumidores mas de un billón de dólares anuales, cifra que supera las superganancias del sistema productivo y alimentario de las siete transnacionales que los controlan con el apoyo de los altos subsidios del Estado a la agricultura y la ganadería. Lógicamente que esos astronómicos costos de la obesidad y demás enfermedades no son pagados por los monopolios sino por los trabajadores y consumidores de E:U.
Investigadores de la U. de Arkansas, citados por los críticos independientes del sistema de producción y alimentario en el reciente libro “FOOD Inc” proyectan que si se alimenta un niño con el mismo sistema utilizado para los denominados “pollos broiler”, un infante podría pesar 147 kilos cuando complete los dos años de vida. Es decir, seria un monstruo.
Todas estas aberraciones recaen sobre los trabajadores agropecuarios y los mismos productores nacionales de los E.U., con la primacía del interés privado de la máxima ganancia por parte de los monopolios.
Eso es lo que pretenden trasladarnos a Colombia y demás países sometidos por E.U. con los TLC y sus bases militares en Colombia, favorables a esos pocos monopolios interesados en acabar con nuestra producción nacional de alimentos y someternos a las importaciones de los mismos, con su alimentación con la misma “comida rápida, chatarra y frankestein”.
Se cumple la predicción del finado dirigente del proletariado antioqueño y colombiano, Felipe Mora, cuando afirmaba en sus frecuentes exposiciones en Medellín, que con la política de libre importación, los norteamericanos vienen por todo, por el sudor y la sangre de los pobres y por la platica de los ricos.
3. Un programa por la salvación agropecuaria y alimentaria
Toda esta problemática de la producción agropecuaria y la alimentación de los trabajadores y el resto del pueblo Colombiano nos lleva necesariamente a plantear la necesidad de un programa de lucha por la defensa de lo nuestro: nuestra soberanía, trabajo, producción y recursos nacionales.
Desde 1998 constituimos en Ibagué la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, que ahora proponemos que se le agregue lo Alimentario, con la mira puesta en enfocar nuestros esfuerzos por una producción nacional limpia para tener una alimentación sana para los trabajadores y el resto del pueblo y la nación Colombiana.
El Programa aprobado en 1999, en Ibagué, por mas de 100 organizaciones rurales continúa vigente. Se basa en el rechazo a las masivas importaciones agropecuarias que perfectamente podemos producir en Colombia con el necesario apoyo del Estado.
Tanto EU como la Unión Europa, UE, y los países mas desarrollados del planeta no solo han basado su alimentación en su propia producción, sino que han ofrecido un decidido apoyo a su producción en el campo. En E.U. la comandancia de su independencia del dominio inglés, impuso desde hace ya 220 años, los subsidios y apoyo de servicios estatales a todo el proceso productivo, a la investigación, los distritos de riego, las vías, la electrificación, la extensión y el fomento, para abastecerse de sus necesidades alimenticias nacionales. El problema agropecuario se ha declarado como un problema de soberanía y seguridad nacional.
Es exactamente lo mismo que tenemos que asumir, como ha ocurrido con Europa y demás países desarrollados del mundo. Si no hay progreso en el campo, no lo hay en la ciudad. Y si falla la economía agropecuaria y alimentaria, falla la nación entera. Estamos ante el mas grande reto en nuestro país con la defensa de nuestro agro, nuestra alimentación sana y su contribución decidida al progreso generalizado de la nación como una patria autónoma e independiente en el concierto de las naciones del mundo.
El Estado debe garantizar investigación para desarrollar una producción limpia, para una alimentación sana. Se debe garantizar a los productores pequeños, medianos y grandes una rentabilidad a su esfuerzo. Ello se logra con créditos baratos y asistencia técnica avanzada. La producción debe tener garantizado un precio de sustentación que sea garantía para la supervivencia del productor, del campesino, del indígena, de los trabajadores agrícolas y en última instancia de los consumidores mismos.
El Estado debe financiar a las Universidades y contar con Instituciones de investigación, educación y extensión del conocimiento mas avanzado para solucionar eficiente y ecológicamente los problemas de la producción para contar con una producción sana. En vez de una agricultura y ganadería envenenadas, con unos productos con tóxicos que afectan el consumo y la vida de la sociedad, debemos con la experiencia universal del hombre y la investigación del conocimiento mas avanzado, ponerlo al servicio de los problemas técnicos de todo tipo que limitan esa producción limpia y alimentación sana.
Problemas como los de precios rentables para los arroceros del Tolima, Huila, Llanos Orientales y demás cultivadores nacionales deben ser solucionados por un MinAgricultura al servicio del progreso nacional. Deben eliminarse las importaciones del cereal y fomentar esa producción del grano, básico en nuestra alimentación.
Los maiceros de Córdoba deben ser atendidos igualmente con precios justos para contar con una producción rentable y extenderla por todo ese territorio que podrá abastecer las necesidades nacionales, sin importar un solo grano ni de E.U. ni de ningún otro país, así como ha ocurrido en mas de 5.000 años que nos autoabastecimos de este grano básico para nuestra alimentación directa o esencial para industrias como las de concentrados balanceados para la nutrición sana de animales.
El Estado necesita retomar el fomento de la producción de otros cereales básicos para nuestra nutrición como el trigo que se puede cultivar en todos los climas del país. Ya hemos tenido experiencias investigativas nacionales que nos permiten reivindicar que Colombia puede producir, con el apoyo del Gobierno, todo el trigo que necesitamos.
Igual ocurre con todo el resto de nuestra producción de papa, de fríjol, de hortalizas, frutales y toda esa amplísima gama de productos agrícolas y pecuarios, esenciales en la dieta alimentaria y el desarrollo de la agroindustria nacional.
Ante los graves peligros de las agriculturas químicas, transgénicas y orgánicas, basadas en la muerte, el Estado debe reivindicar la producción ecológica productora y transmisora de energía vital sobre la base de una producción natural, limpia, para la nutrición sana de los consumidores nacionales.
A los productores cafeteros se le debe garantizar un precio justo para el mejor café suave del mundo. Se deben eliminar las importaciones legales y de contrabando de mas de 800.000 sacos anuales que compiten con nuestra producción nacional introduciendo cafés de pésima calidad para el consumo nacional. Se deben financiar totalmente los altísimos costos de los controles de la broca y la roya y suministrar a precios cómodos los abonos y fertilizantes para las plantaciones “enviciadas” con esos químicos, para recuperar nuestra posición internacional que del segundo puesto pasamos al quinto exportador mundial después de Brasil (33%), Vietnam (13%), Indonesia (6,5%) y Alemania que anualmente reexporta 10 millones de sacos.
Los lecheros que producen mas de 6.500 millones de litros anuales soportan difíciles condiciones con la superproducción, los bajos precios pagados por las procesadoras, la importación de lactosueros, el rompimiento de las exportaciones a países vecinos como Venezuela y las amenazas de los TLC con la Unión Europea, E.U., Canadá y otros países, que para 2011 reemplazarían la producción nacional de un mes y en pocos años llevarían a este importante sector de la economía a su virtual desaparición como en los casos del trigo y el maíz.
Los paneleros, los bananeros, los productores de oleaginosas y demás producción agropecuaria destinada a la alimentación de los Colombianos y a aún a la exportación, debe estar en el orden de prioridades de una política de salvación del campo, el sistema alimentaria, la soberanía y el trabajo nacional, para beneficio de los Colombianos. Con los demás productores agropecuarios deben enfrentar deudas impagables que deben ser condonadas por el Estado, ante las irresponsables políticas de importar 10 millones de toneladas anuales de productos que han quebrado la producción nacional y cambiar el ultrajante programa de Agro Ingreso Seguro a los mas grandes potentados del país con fines politiqueros y clientelistas, a favor de las grandes mayorías de productos pequeños y medianos que han soportado los embates de las importaciones y la violencia irracional imperante en el campo.
Tenemos un gran desafío por delante, no solo en Antioquia, sino en toda Colombia. Hemos dicho que SIN MAÍZ NO HAY PAÍS, con base en las consignas de las luchas de los campesinos y demás productores mejicanos, contra el TLC con E.U. y Canadá que los han invadido con los maices transgénicos estadounidenses y arruinado no solo la producción de su país, sino el genoma del grano que ha sido básico mas de 10.000 años en la patria de los mejoradores de las plantas que originaron el precioso grano.
Pero si esto es cierto, con esa consigna también lo es, que sin producción agropecuaria nacional no tenemos país, ni trabajadores, ni consumidores para hacer una patria libre y democrática, para beneficio de las grandes mayorías del pueblo y la nación Colombiana.
Lecturas recomendadas:
1. 1- Weber Karl (editor) y otros. Food Inc. How industrial food is making us sicker and poorer, and what you can do about it. Participant media, Public Affairs, New York. 2010. Pp-321. Igualmente Food Inc, película resúmen del libro del mismo nombre. Duración 95 minutos.
2. 2- Gore, Al. Película An inconveniente truth. A global warning. Previene sobre el cambio climático y su amenaza a la humanidad.
3. 3- Aydon Cyril. Historia del hombre. 150.000 años de historia de la humanidad. Editorial Planeta. Barcelona, España. Pp 1-507.
4. 4- Pérez Zapata, Hernán. Sin Maíz no hay País. Santa Marta, noviembre 24 de 2009. Pp 1-100.
5. 5- ________________(coautor y editor) y otros.. 80 años de la lucha y masacre en las bananeras. Dic. 6 de 2008. Ciénaga, Magdalena
- Hernán Pérez Zapata
Salvación Agropecuaria y Alimentaria Antioquia
Fuente: ALAI

INTRODUCCIÓN AL TESTAMENTO AGRÍCOLA DE SIR ALBERT HOWARD


El mantenimiento de la fertilidad del suelo es la primera condición de cualquier sistema permanente de agricultura. En los procesos ordinarios de la producción vegetal la fertilidad se pierde constantemente: su restauración continua por medio de la gerencia del suelo es por lo tanto imperativo.

Poco o nada de consideración existe en la literatura agrícola respecto a los medios por los cuales la naturaleza maneja la tierra y conduce su cultura del agua. Sin embargo, estos métodos naturales de gerencia del suelo deben formar la base de todos nuestros estudios de la fertilidad de suelo.
Uno de los principios fundamentales de la agricultura de la naturaleza es el cultivar mezclado las plantas se encuentran siempre con los animales: muchas especies de plantas y de animales viven juntas. En el bosque cada forma de vida animal, desde los mamíferos a los invertebrados más simples, lo hacen. El reino vegetal exhibe una gama similar: no existe ninguna tentativa en el monocultivo: las cosechas mezcladas y el cultivar mezclado son la regla.
En los lagos, los ríos, y el mar el cultivar mezclado es otra vez la regla. Una gran variedad de plantas y animales se encuentran juntas: nadie hace un monocultivo del hallazgo. Las basuras vegetales y animales son empleadas aquí también por métodos eficaces. No se pierde nada. El humus tiene un papel importante y se encuentra otra vez por todas partes en la solución, en la suspensión, y en los depósitos del fango. El mar, como el bosque y la pradera, se abonan por sí mismos.
La característica principal del cultivar de la naturaleza se puede por lo tanto resumir en algunas palabras:

La madre tierra nunca intenta cultivar sin la acción viva. Ella levanta siempre cosechas mezcladas tomando grandes recaudos para preservar el suelo y prevenir la erosión. Los restos y residuos mezclados de vegetales y animales se convierten en humus. No hay basura. Los procesos de crecimiento y los procesos de decaimiento se balancean uno con otro. Existe un fuerte consenso para mantener grandes reservas de fertilidad. El mayor cuidado se toma para almacenar la precipitación. Las plantas y los animales se protegen contra la enfermedad.


El bosque hace su propia humus y se provee de los minerales. Si miramos un sector de arbolado encontramos que hay una acumulación apacible de residuos vegetales y animales mezclados descomponiéndose constantemente en la tierra y que estas basuras están siendo convertidas por los hongos y las bacterias en la humus. Los procesos implicados en los primeros tiempos de esta transformación dependen en todas partes de la oxidación: ocurren en ausencia del aire. Son sanitarios. No hay fastidio de ninguna clase, no hay olor, moscas, cubos de basura, incineradores, ningún sistema artificial de las aguas residuales, ni enfermedades flotantes, consejos de la ciudad, ni tarifas. Por el contrario, el bosque es el lugar para un día de fiesta de verano ideal: suficiente cortina y una abundancia de aire fresco puro. Sin embargo, por todas partes la putrefacción de las maderas, la conversión de las basuras vegetales y animales en humus nunca es tan rápida y tan intensa como durante el estío.

La materia mineral necesaria para los árboles y la maleza se obtiene del subsuelo. Aquella es recogida en una solución diluida en agua por las raíces más profundas, que también ayudan a anclar los árboles. Incluso en los suelos marcado deficientes en fósforo no los árboles no tienen ninguna dificultad en la obtención de fuentes amplias de este elemento. La potasa, el fosfato, y otros minerales se recogen siempre in situ y son llevados por la corriente de la transpiración para el uso de las hojas verdes. Estos elementos se utilizan para el crecimiento de los árboles o se depositan en el piso del bosque bajo la forma de basura vegetal, uno de los componentes necesarios en la síntesis de la humus. La naturaleza que cultiva en el bosque, es caracterizada por dos cosas:

• Una circulación constante de la materia mineral absorbida por los árboles;
• Una adición constante de la materia mineral de las extensas reservas del subsuelo.
No hay por lo tanto necesidad de agregar los fosfatos ni sales de potasa. Ninguna deficiencia mineral ocurre. La fuente de todo el abono necesario es proporcionada por el humus o por el suelo. Hay una división natural del tema en orgánico e inorgánico. El humus proporciona el abono orgánico y el suelo la materia mineral.
El suelo contiene siempre una gran reserva de fertilidad en las capas superiores del suelo bajo la forma de humus. Con todo, cualquier acumulación inútil de humus se evita porque es mezclada y enterrado por la actividad de animales de madriguera, como lombrices e insectos. El volumen de esta enorme reserva se observa solamente cuando se reducen los árboles y la tierra virginal se utiliza para la agricultura. Como buena administradora, la naturaleza mantiene las reservas líquidas invertidas con eficacia. y no hay malgasto alguno.

La naturaleza nunca ha encontrado necesario diseñar el equivalente de la máquina de rociadura y del aerosol del veneno para el control de insectos y de parásitos fungosos. No hay nada parecido a vacunas y sueros para la protección de la acción viva. Es verdad que todas las clases de enfermedades deben ser encontradas aquí y allí entre las plantas y los animales del bosque, pero éstas nunca asumen proporciones grandes. El principio seguido es que las plantas y los animales pueden protegerse muy bien aun cuando los parásitos se encuentran en su medio. La regla de la naturaleza en esta materia es vivir y dejar vivir.

El suelo se protege siempre contra la acción directa del sol, de la lluvia, y del viento. En este cuidado del suelo la economía es el santo y seña: no se pierde nada. La energía de la luz del sol es aprovechada por el follaje del pabellón de bosque y de la maleza. La lluvia choca contra las hojas cayendo en aerosol de modo que pueda más fácilmente asimilada por el suelo. Estos métodos de protección, eficaces frente al sol y a la lluvia, también reducen la energía de los vientos más fuertes transformándolos en una corriente de aire apacible.

Las precipitaciones en particular se conservan cuidadosamente. Una porción grande se conserva en el suelo superficial: el exceso se transfiere suavemente al subsuelo y a su debido tiempo a las corrientes y a los ríos. El aerosol fino creado por el follaje es transformado por la capa de tierra protectora en finas películas de agua que penetran lentamente, primero en la capa de la humus y luego en el suelo y el subsuelo. Estos últimos se han hecho porosos de dos maneras: por la creación de una estructura esponjosa y por una red de canales del drenaje y aireación hechos por los gusanos y otros animales de madriguera. Los poros del suelo del bosque tienen una gran superficie donde las películas finas del agua pueden acumularse. Hay también humus para la absorción directa de la humedad. El exceso drena lentamente por el subsuelo. Notable hay poca salida, incluso en la selva tropical primitiva. Es poco suelo el que se pierde por erosión. Los ríos y las corrientes en áreas del bosque son siempre perennes debido a la cantidad extensa de agua en tránsito lento entre las tempestades de la lluvia y el mar. Hay por lo tanto poco o nada de sequía en áreas boscosas porque la precipitación se conserva exactamente donde es necesaria. No hay basura dondequiera.

Si estudiamos la pradera encontramos que se siguen principios similares. La alfombra de la hierba se ocupa de la precipitación tanto como el bosque. Hay poco o nada de erosión del suelo: la salida es agua prácticamente clara. Las mejores áreas de praderas de Norteamérica tenían un herbaje mezclado que mantuvo las extensas manadas de bisontes. No hay servicio veterinario para conservar estos animales vivos. Tan grande era el almacén de la fertilidad de estos suelos, que las praderas rindieron por muchos años cuantiosas cosechas de trigo sin necesidad de abono.
Introducción al Testamento Agrícola de Albert Howard

En la consideración de los varios sistemas artificiales de la agricultura, que se han ideado hasta ahora, será interesante ver hasta dónde los principios de la naturaleza haber sido adoptado, sobre si se han mejorado siempre, y qué sucede cuando se desatienden.

Es difícil saber como era la agricultura de las culturas antiguas. A diferencia de la arqueología, no es posible desenterrar restos para saber cómo cultivaban sus campos. La tierra ha convertido de nuevo en bosque o se han sucedido los distintos sistemas de cultivo sin dejar rastros.

En un caso, sin embargo, los campos reales de la gente pasada se han preservado junto con los métodos de la irrigación por los cuales estas tierras eran productivas. No contamos con ningún documento escrito sobre el cultivo en terrazas de pos peruanos antiguos, quizás la más vieja forma de agricultura de la edad de piedra. Esta se realizaba en montañas o en las áreas de la altiplanicie debido a la dificultad, antes del descubrimiento del hierro, de talar los bosques. En Perú el cultivo en terrazas con sistema de riego parece haber alcanzado su desarrollo más alto. Hace más de veinte años la sociedad geográfica nacional de los Estados Unidos envió una expedición para estudiar las reliquias de este método antiguo de agricultura, un relato que da cuenta de ello fue publicado en mayo de 1916, bajo el título: “Granjas en escalera de los antiguos.” El sistema de los habitantes megalíticos del Perú era construir una escalera de campos colgantes sobre las cuestas de las montañas, grada sobre grada, a veces en número de cincuenta. Los muros de contención externos de estas terrazas se hacía de piedras grandes que se encastran una otra, con tal exactitud,que incluso hoy, como los de las pirámides egipcias, una lámina de cuchillo no se pueda insertar entre ellas.

Después de que el muro de contención fuera construido, se preparaba la fundación del campo futuro por medio de las piedras gruesas cubiertas con arcilla. El interior se rellenaba con material acarreado y seleccionado (grava, suelo y materia orgánica) dándole una pendiente mínima, suficiente para hacer correr el agua. El cultivo en terrazas permitió utilizar racionalmente las laderas, reducir el riesgo de heladas, obtener una mayor exposición solar, controlar las correntadas de agua, mantener un buen drenaje e incrementar la infiltración. Tales eran los logros de esta agricultura, al lado de la cual la actual resulta insignificante. Las paredes escarpadas de los valles rocosos que resultarían completamente sin valor a nuestros ingenieros fueron transformadas en tierras fértiles y eran los hogares de poblaciones que gozaban de un gran bienestar. Los ingenieros del Antiguo Perú no contaban con hierro, acero, reforzó el concreto, y las unidades de energía modernas no existían. El pillaje del suelo del bosque estaba más allá de su alcance.
Estos campos colgantes tuvieron que ser irrigados. El agua fue conducida a ellos a través de distancias inmensas del excedente por medio de acueductos. Prescott indica que aquél que atravesó el distrito de Condesuyu medía entre cuatrocientas y quinientos millas.

La descripción de Conway, publicada en 1894, de las terrazas de Hunza en la frontera del noroeste de la India, que disponía de una fuente de agua perenne -- el torrente del glaciar de Ultor - coincide casi totalmente con lo que él encontró en 1901 en los Andes bolivianos. Este erudito y montañista distinguido consideraba que la población indígena de Hunza vivía en una etapa de la civilización que no se compara a la de los peruanos bajo gobierno del inca. Otros métodos antiguos de agricultura se encuentran hoy día en los cultivos colgante del Himalaya, en las áreas montañosas de China y de Japón, y en los campos irrigados del arroz tan comunes en las colinas de la India del sur, de Ceilán, y del archipiélago malayo.

Algunos otros sistemas se conocen por documentos escritos. En el caso de Roma particularmente hay una cantidad bastante amplia de escritos sobre la agricultura, desde el período de la monarquía hasta la caída del imperio romano. Los hechos se pueden seguir convenientemente en los escritos de Mommsen, de Heitland, y de otros eruditos. En el caso de Roma la reforma de Servian (Servius Tullius, 578-534 B.C.) demuestra el esfuerzo hecho para mantener al cuerpo colectivo de propietarios de la tierra como la médula y el tuétano de la comunidad. El concepto que la constitución sí misma basada sobre el sistema de propiedad impregnó totalmente la política de la guerra y de la conquista romanas.

“Se obligó a la comunidad vencida a que cediera una porción de tierra, generalmente una tercera parte, de su dominio, que fue ocupado con eso regularmente por las granjas romanas. Muchas naciones han ganado victorias y hecho conquistas como Roma; pero ninguno ha igualado el romano en asegurar por la reja de arado lo qué había sido ganado por la lanza. la fuerza de Roma fue construida por la maestría más extensa y más inmediata de sus ciudadanos sobre el suelo." (Mommsen.)
Estos ideales no persistieron. Durante el período que transcurrió entre la unión de Italia y la caída de Cartago, hubo un declinación gradual de los granjeros que, uno por uno fueron cayendo en la ruina. El tono moral y los hábitos frugales de las edades anteriores de la república se fueron perdiendo. El minifundio de los granjeros italianos se incorporó al control de los terratenientes. Este no sólo producía con costos más bajos que el granjero por tener más tierra, sino porque además comenzó a utilizar esclavos. El mismo espacio que anteriormente había sostenido a cientos de personas ahora fue usufructuado por una familia. “Si éste era el remedio por el cual la economía nacional que se decaía debía ser restaurada al vigor, el resultado fue desatinado, ya que resultaba lo más parecido a la enfermedad” (Mommsen). Las causas principales de esta declinación parecen haber sido la sangría constante de los frutos del campo por las legiones, que culminaron en las dos largas guerras con Cartago; las especulaciones de los propietarios romanos que “contribuyó absolutamente tanto como Hamilcar y Hannibal a la declinación en el vigor y al número de la gente italiana” (Mommsen); la falta de un equilibrio entre las cosechas y el mantenimiento de la fertilidad del suelo; el empleo de esclavos en vez de trabajadores libres. Durante este período el comercio al por mayor de Latium pasó a las manos de propietarios advenedizos que al mismo tiempo eran los especuladores y los capitalistas. La consecuencia natural fue la destrucción de las clases medias -particularmente de los pequeños productores- y el desarrollo de señores adinerados por un lado y de un proletariado agrícola en el otro.

A medida que crecía la concentración de la tierra, los agricultores abandonaron los campos y se aglomeraron en Roma. Los generales dejaron de reconocer el dominio de los nobles y empezaron a guerreaban unos contra otros en un sinfín de revoluciones durante más de un siglo. Para contrarrestar estos males que estaban arruinando al estado y a la población italiana, Tiberio Graco, en el año 133 a.de C., propone una audaz reforma agraria para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos romanos y acabar con el latifundismo tanto público como privado. Se les dio tierra a ochenta mil nuevos granjeros italianos, donde no podían producir maíz hacían pastoreo y la vid y la aceituna fueron cultivadas con éxito comercial. Sin embargo, tales métodos extensivos de cultivar no fueron suficientes para alimentar para la población de Italia. Se requirió el aporte de otras naciones que al poco tiempo terminaron agotando su capacidad productiva como había ocurrido antes con Roma. Finalmente las clases ricas abandonaron Roma y construyeron una nueva capital en Constantinopla en busca de las tierras frescas y fértiles de Egipto como así también las de Asia Menor, los Balcanes y el Danuvio.

Juzgado por los estándares ordinarios del éxito, la agricultura del imperio romano falló por no haber conseguido cumplir con el principio fundamental de mantener la fertilidad de suelo a la par de las demandas legítimas de la población agrícola. La posesión más importante de un país es su población. Si esta se mantiene sana y vigorosa todo seguirá; pero si se permite que decline, ni las grandes riquezas podrán salvar al país de una ruina eventual. La ayuda más importante del capital debe ser siempre un campo próspero y contento. Cuando no hay un compromiso de trabajo entre la agricultura y las finanzas, se termina en la ruina de ambos.
El mantenimiento de la fertilidad del suelo es la primera condición de cualquier sistema permanente de agricultura. En los procesos ordinarios de la producción vegetal la fertilidad se pierde constantemente: su restauración continua por medio de la gerencia del suelo es por lo tanto imperativo.

Albert Howard
http://www.holistika.net/autores/albert_howard.asp"


El suelo y el cambio
climático: un desafío futuro

Si bien el suelo es parte del problema del cambio climático también puede ser parte de la solución. El cuadro general es claro, a través de la adopción de una correcta gestión de prácticas de manejo del suelo, que garanticen el mantenimiento de carbono en él, se podría contribuir a compensar en parte las emisiones de los combustibles fósiles. El suelo es un recurso natural que a menudo se olvida porque no se dimensiona la importancia que éste tiene para el ecosistema y la economía.
La comida que ingerimos, la ropa que usamos, el agua que bebemos, todos ellos están relacionados con la capacidad del suelo para realizar sus funciones fundamentales. Cuando los suelos se degradan, esta capacidad se ve seriamente afectada. Por otra parte, cuando la degradación alcanza niveles graves, puede dar lugar a fenómenos de desertificación. Además de sus funciones relacionadas con la biomasa y la producción de fibra, el reciclaje de nutrientes y la filtración del agua, el patrimonio genético etc., el suelo juega un papel crucial en el ciclo global del carbono. La exploración de ese papel debe ser objetivo del área suelos del INTA en el próximo trienio. La clave en la relación entre el suelo y el cambio climático es la materia orgánica del suelo. La materia orgánica está relacionada con la fertilidad del suelo; es el fundamento de la vida, especialmente la vida vegetal, ya que a través de ella se unen los nutrientes al suelo, garantizando así su disponibilidad para las plantas. Es el hogar para los organismos terrestres, desde las bacterias a los gusanos y los insectos, y les permite transformar los residuos vegetales, y proveer los nutrientes que puede ser absorbido por las plantas y los cultivos. Asimismo, mantiene la estructura del suelo, mejorando así la infiltración del agua, la disminución de la evaporación, aumentando la capacidad de retención de agua y evitar la compactación del suelo. Además, la materia orgánica acelera la descomposición de los contaminantes que puede fijarse a sus partículas, reduciendo así el riesgo de contaminación de aguas.
La materia orgánica del suelo es la segunda reserva de carbono más grande del planeta después de los océanos, si se liberara a la atmósfera sólo una pequeña fracción de esa cantidad se correría el riesgo de acabar con todos los ahorros que otros sectores de la economía mundial están logrando con el objetivo de contener las emisiones del hombre de los gases de efecto invernadero. Desafortunadamente, esto no es sólo un escenario teórico. Si bien el suelo es parte del problema del cambio climático también puede ser parte de la solución, el cuadro general es claro, a través de la adopción de la correcta de gestión de prácticas de manejo del suelo que garanticen el mantenimiento de carbono en el suelo, se podría contribuir a compensar en parte las emisiones de los combustibles fósiles.
La intensificación de la agricultura y la incorporación de nuevas tierras a la agricultura, en general no siempre vinculadas con una buena gestión del recurso suelo, han jugado un papel central en el incremento de la producción de granos. Ahora todos los estudios indican que se está produciendo una lenta y gradual reducción de materia orgánica del suelo, sin una evaluación completa a nivel regional. Estas pérdidas pueden ser muy significativas cuando se las toma en su conjunto en términos de emisiones de carbono.
Los cambios en los patrones de precipitaciones y el aumento de las temperaturas medias por el cambio climático también están jugando
un rol importante en este sentido. Un aumento en la temperatura global acelera las pérdidas de carbono de los suelos, lo que eleva la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Los cambios en los patrones de lluvia contribuyen a un aumento de la erosión en suelos vulnerables, que a menudo ya sufren de bajo contenido de materia orgánica.
El cambio climático pondrá más presión sobre la calidad del suelo y aumentara el riesgo de la desertificación y de degradación de los suelos, esto ya está afectando varias regiones de nuestro país y se espera que se en el futuro cercano estas se intensifiquen. El verdadero reto es asegurar que la gestión de materia orgánica del suelo y su potencial para prevenir la desertificación o su degradación, contribuya a la mitigación del cambio climático. Esto debe convocar la atención de los usuarios del suelo y a los responsables políticos, para que puedan considerar ese factor en sus actividades diarias y en el desarrollo de políticas, respectivamente.

http://www.revistaelvecino.blogspot.com/2010/08/ecologia-fundamento-de-vida.html

sábado, 14 de agosto de 2010

INVESTIGACIONES MUESTRAN QUE LA AGRICULTURA ORGÁNICA FAVORECE LA BIODIVERSIDAD


Publicado el 11 Agosto 2010 ¬ 20:53h.noticias
Un equipo de investigadores de la Universidad del Estado de Washington y de la Universidad de Georgia encontraron que la agricultura orgánica aumenta la biodiversidad entre insectos beneficiosos, los predadores de pestes y los patógenos. En cultivos de papas condujo a menos pestes de insectos y plantas de mayor tamaño.
“Ha sido siempre un misterio cómo los agricultores orgánicos obtienen altos rendimientos sin usar insecticidas sintéticos,” dijo Bill Snyder, coauthor, y professor asociado de entomología de la Universidad del Estado de Washington. “Nuestro estudio sugiere que la conservación de la biodiversidad puede que sea la clave de su éxito”.
Se piensa que los ecosistemas con mayor número total de especies y más especies beneficiosas distribuidos en forma pareja son los más sanos. El uso de insecticidas daña la biodiversidad al reducir el número de especies, haciendo a las otras especies (frecuentemente pestes) mucho más communes que las otras. El estudio, financiado por el Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura (NIFA) del USDA, y publicado el 1º de Julio en la edición de la revista Nature, muestra que las practicas agrícolas orgánicas llevan a la existencia de mayores agentes beneficiosos, lo que reduce los problemas de las pestes.
Fuente: Journal of Technology & Science
(de un artículo en Organic Monitor [industrywatch@organicmonitor.com]; Jul.16, 2010: Fecha de publicación: 08/07/10)

sábado, 3 de julio de 2010

ECONOMIA Y NEGOCIOS SOSTENIBLES. UN MUNDO POSIBLE


Otro mundo es posible. Y otra economía también. Lo es en Extremadura, donde empresas e instituciones han adoptado nuevos valores sociales como normas reguladoras del mercado productivo. Solidaridad, comercio justo, consumo responsable, ecología, salud, sostenibilidad, desarrollo rural, cooperación, igualdad, diversidad, innovación…, son algunos de los principios que han cimentado en los últimos años la puesta en marcha de destacadas iniciativas empresariales, proyectos competitivos, rentables y con conciencia, y que pretenden ser el motor de un cambio en la región.

SOLIDARIDAD

Veinte organizaciones fundaron en 2007 la Red de Economía Alternativa y Solidaria de Extremadura (REAS). Este colectivo surgió en 2007 con la idea de ser una plataforma y nexo de unión a entidades de diversos ámbitos que buscan “construir ese otro mundo posible desde lo económico y lo productivo” en la región, según se explica en su web (http://reasextremadura.blogspot.com). “No es que ahora, por la crisis, sea más necesario un sistema económico alternativo”, sostiene uno de sus miembros, Juan Carlos Vila, “sino que siempre debería haber sido así, puesto que la fórmula tradicional ha demostrado su inutilidad”. Desde REAS “se mira más por las personas y menos por lo económico”.

Este mismo principio guía a los colectivos de la red, como el de Banca Ética de Badajoz. Su razón de ser va implícita en el nombre: promover un ahorro responsable como instrumento de transformación social. Y en la práctica es como un banco, pero con otros intereses más humanitarios y menos beneficio económico. “No aporta intereses a sus ahorradores, somos una asociación sin ánimo de lucro, pero el gran interés que te llevas es el de hacer una buena acción con tus vecinos que más lo necesitan”, explica su presidente, Javier Martínez Antón.

Cualquiera puede depositar sus ahorros en él y los beneficiarios son personas necesitadas que por su situación económica no pueden acceder a préstamos de bancos convencionales. A ellos se les cobra un 2% de interés para cubrir los impagos de, por ejemplo, préstamos que no se devuelven del todo porque están en situaciones muy precarias. Desde su creación, han logrado 50 ahorradores que han depositado 50.000 euros. Ese dinero les ha permitido conceder cien préstamos por unos 100.000 euros. También han prestado 20.000 euros a cinco iniciativas de economía solidaria. No es mucho, pero sí una punta de lanza para dar una rentabilidad humanitaria al ahorro.

COMERCIO JUSTO

El comercio también puede ser justo y solidario, basado en principios de igualdad y consumo responsable. La Casa del Sol vende desde hace años alimentos y artesanías de diversos países en vías de desarrollo, con la premisa de que el productor reciba por el fruto de su trabajo una compensación económica justa y digna y con la esperanza de que esta tarea sirva de ayuda contra la pobreza de esas poblaciones.
El principio de promover un comercio justo alimenta igualmente la existencia de otras originales iniciativas como los grupos autogestionados de consumo. En Cáceres funcionan dos: Mansalva y Manojo, aunque hay otros en la región. Estos grupos se abastecen de “productos alimentarios sanos y de calidad, cultivados de manera respetuosa por productores conocidos y cercanos, con los que tratamos directamente, sin intermediarios”, explica el sitio web de Mansalva (http://sites.google.com/site/gacmansalva/).

Los grupos compran hortalizas, huevos, panes, bollería ecológica, verduras y hasta algas directamente a los productores, a quienes se les exige el respeto al medio ambiente y a los derechos de sus trabajadores, y se acuerdan precios justos para ambas partes. Las personas que integran el grupo organizan pedidos conjuntos y, una vez realizada la compra, coordinan el reparto entre unos y otros. De esta manera han dado una vuelta de tuerca al concepto del comercio y la distribución alimentaria.

ECOLOGÍA

La agricultura sostenible o agroecología, en definitiva, cultivos que no utilizan productos químicos, es una sólida realidad en la región. La Red Calea (www.redcalea.org) es prueba de ello. Reúne a especialistas en esta materia del norte de Extremadura que, a través de la colaboración con productores, instituciones y consumidores, quieren “ampliar y consolidar el papel de la agroecología en el medio rural, como herramienta para lograr un verdadero desarrollo sostenible, desde una perspectiva local y bajo los criterios del ecologismo social”, se detalla en su web. ¿Cómo? Cultivando productos ecológicos; en su huerta de Robledillo de la Vera; vendiéndolos, a través del ortal de Internet www.larecolecta.com o de grupos autogestionados de consumo como Mansalva; formando a otros agricultores decididos a adoptar esta forma de cultivo; cooperando con organizaciones no gubernamentales que trabajan en países en vías de desarrollo asesorando a su personal en técnicas de agroecología; innovando esas técnicas a partir de la investigación y las nuevas tecnologías; o creando redes sociales que compartan el mismo espíritu. Extremadura Sana es una de esas redes. La forman productores, consumidores y técnicos extremeños que trabajan también por hacer realidad la agroecología en el medio rural extremeño.
Pero este fenómeno no sólo florece en el entorno rural, también lo hace en el urbano. En la capital cacereña ya existe una nueva generación de hortelanos. Seis, concretamente, que han puesto en marcha Sámara (www.portalsamara.com), un proyecto empresarial de huerta ecológica, en la falda de la Sierra de la Mosca, que nutre a grupos de consumo autogestionado o a particulares ávidos de verduras y hortalizas libres de químicos y que pueden comprar directamente en la propia huerta o por Internet y con entrega a domicilio. Sus 3.000 metros de tierra cultivada se suman a las casi 86.000 hectáreas que ocupa la agricultura ecológica en toda la región y a la que se dedican más de 3.800 agricultores, según los últimos datos de la Junta de Extremadura. Estas cifras convierten a la región en la tercera productora de España en agricultura ecológica y su catálogo de productos abarca desde la miel o el aceite hasta helados o cosméticos.

CALIDAD

Diez denominaciones de origen (miel de Villuercas, quesos de Ibores, de la Serena, torta del Casar, vinos Ribera del Guadiana, pimentón de la Vera, cerezas del Jerte, aceite de Monterubio y de Gata-Hurdes y el jamón Dehesa de Extremadura) y dos indicaciones de origen protegida (ternera de Extremadura y Corderex) velan porque doce alimentos de Extremadura mantengan un código de calidad en la región. Actualmente, los sellos extremeños de calidad no sólo son una herramienta eficaz de protección geográfica del producto, sino un instrumento rentable y potente de desarrollo rural para generar empleo, impulsar el comercio, mantener métodos tradicionales de producción y favorecer el turismo vinculado a la gastronomía. Sólo bajo la denominación de Torta del Casar, funcionan 30 ganaderías, con más de 26.600 cabezas de ganado y 11 industrias, que el año pasado elaboraron cerca de 352.000 kilos de queso.

DESARROLLO RURAL

“A mucha honra” es el título de uno de los proyectos de la Dirección General de Desarrollo Rural para la recuperación de la ‘identidad rural’. Su objetivo: contribuir a revalorizar el mundo rural, destacando sus aspectos más positivos, como modelo de vida, tanto económico como social y cultural. Campañas y proyectos públicos al margen, hoy nadie duda de que la Extremadura rural no sólo está de moda, sobre todo por su potencial turístico y patrimonial –la provincia de Cáceres, con 418 establecimientos de turismo rural, ocupa el quinto lugar entre los destinos preferidos por los españoles–, sino que ofrece un escenario industrial y empresarial que da cabida a la tradición y a la innovación a partes iguales. La agricultura ecológica es sólo un ejemplo, pero son decenas de empresas punteras en su sector, con sedes en los más recónditos pueblos de la geografía extremeña, las que con tesón, imaginación y trabajo han ratificado que el futuro no está sólo en las ciudades y que ayudan a frenar el despoblamiento del territorio rural. El número 14 de Imagen de Extremadura se hacía eco de este logro recordando la original industria heladera Kitcream de Trujillo o la luminosa propuesta de Iluminaciones Artísticas Henry del pueblecito de Pizarro o las puntadas de alta tecnología para artículos de aeronáutica de las cooperativistas de Parafly en Zarza Capilla. Y por si faltaran aún ideas, también hay organizaciones que promueven el desarrollo rural desde el estudio, la formación y el asesoramiento. Como la fundación Félix Rodríguez de la Fuente, propulsora del plan Run@Emprende que, entre otras iniciativas, creará ‘agentes verdes’ en seis comarcas extremeñas que conocerán los recursos y posibilidades de las zonas para asesorar a futuros emprendedores. Se trata de la conquista definitiva del mundo rural.

SOSTENIBILIDAD

Limpia y rentable. Así es la energía del futuro. Y cada vez más la del presente extremeño. La región ha hecho una apuesta fuerte por las energías renovables en busca de una economía sostenible, basada ésta en industrias rentables que no contaminen. Extremadura tiene una excelente materia prima para esta clase de negocio: un campo extenso y mucho sol. Estas condiciones y las ayudas institucionales a las inversiones en el sector han permitido que la región lidere la producción de energía termosolar y que sea la tercera comunidad española en energía fotovoltaica. “El sector energético constituye una apuesta preferente y estratégica para el crecimiento económico de la región”, ha reconocido el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara. Actualmente se proyectan otros 19 parques termosolares, uno de ellos el de Abengoa en Logrosán, que, de construirse, sería el más grande del mundo; y se han presentado 60 solicitudes para crear otros tantos. Existen también otras 22 plantas eólicas en proyecto. En 2014, la producción de energía renovable al año alcanzará previsiblemente los 4.850 gigavatios/hora, el 80% de la energía que consumen los extremeños. A ello se suman otras iniciativas de plantas de biodiésel (producción de carburantes a partir de aceites de soja, palma o similares), como la que gestiona Bioenergética Extremeña en Valdetorres o la empresa Green Fuel en Los Santos de Maimona. Además, se proyectan diez plantas de energía de la biomasa (se aprovecha materia orgánica), una de ellas en Navalmoral de la Mata, que sería la mayor de Europa y que generaría electricidad a partir de la combustión de maíz y tabaco. Para afianzar el crecimiento del sector, un centro tecnológico abrirá sus puertas previsiblemente el próximo año en Badajoz. Su meta será la de convertirse en el eje de desarrollo científico-tecnológico de las energías renovables en beneficio de la calidad de vida y el crecimiento económico.

COOPERACIÓN

“Cooperar para competir”. Ese es el principio que ha guiado a las pequeñas y medianas empresas extremeñas en los últimos años, animadas y apoyadas por el sector público de la comunidad, para mejorar su productividad y buscar de forma conjunta una salida de su producto a mercados nacionales e internacionales. ¿Cómo? Pues siguiendo la vieja máxima de: la unión hace la fuerza. Así surgieron los ‘clústers’, concentraciones de empresas, instituciones y agentes sociales vinculados todos ellos a un mismo sector productivo que pretenden aumentar la productividad y que las empresas puedan competir dentro y fuera de España. La originalidad del ‘clúster’ es que plantea la unión de empresas que, por compartir producto y mercado, serían en la práctica competidoras o rivales naturales. El Programa Nexo, promovido por la Confederación Regional Empresarial Extremeña y la Junta de Extremadura en 2002, nació para dirigir y coordinar los incipientes pasos de los seis primeros ‘clústers’ de la región: rocas ornamentales, envase-embalaje, metalmecánico, construcción, conocimiento, madera-mueble. Ocho años después se han constituido hasta 14 ‘clústers’ en la región y abarcan campos tan diversos como el mercado audiovisual (www.clusteraudiovisual.com) o las energías renovables (www.clusterenergex.org). El último en fundarse, el de las TICs (empresas de Tecnologías de la Información y la Comunicación), desarrollará e incentivará la innovación de este sector, uno de los más “estratégicos y emergentes” de la región, en palabras de la consejera de Economía, y del que se espera se convierta en “tractor de la economía” extremeña, ya que se considera a las TICs como la “correa de transmisión” para la innovación en otros sectores.

INNOVACIÓN

Y si para competir es necesario cooperar, también lo es innovar. Los ‘clústers’ han sido claves para facilitar, promover y fomentar el uso de las nuevas tecnologías y de la I+D+i (investigación+desarrollo+innovación tecnológica) en cada uno de los sectores que operan, pero no han sido los únicos. También han contribuido las medidas desarrolladas por la Junta de Extremadura para dotar a las empresas de infraestructuras industriales suficiente y de calidad, o lo que es lo mismo, impulsar semilleros de empresas (naves industriales) y polígonos industriales (suelo industrial) en todo el territorio, con atención especial al medio rural. En este plan de infraestructuras, además de la Junta, ha sido imprescindible la participación de los ayuntamientos y la Unión Europea. En las últimas dos décadas, se han invertido 6.300 millones, que han permitido acotar 1.300.000 metros cuadrados de suelo industrial y construir 254 naves, según datos de la Junta de Extremadura, además de poner en marcha otros parques empresariales (un plan mixto de suelo y naves) para zonas rurales. Y desde donde se han puesto sin duda las bases de esa necesaria innovación ha sido desde los centros tecnológicos de investigación. Existen ya 18 centros de investigación entre públicos, privados y de titularidad mixta, y otros 6 en proyecto. Abarcan áreas tan dispares como la alimentación (con creaciones de un té de hojas de olivo o aceite solidificado del Centro Tecnológico Agroalimentario), la sanidad, el agua o el deporte.
Recientemente, además, el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura aprobó el proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de Extremadura, “con el objetivo de ordenar la investigación científica y técnica, el desarrollo tecnológico y la innovación en el ámbito autonómico, estableciendo un marco regulador unitario y sistemático de actuación que facilite su coordinación y promueva actividades científicas de interés general”. Una ley necesaria, sin duda, para eliminar las barreras que dificulten el desarrollo de la actividad investigadora, así como para proporcionar nuevos instrumentos que faciliten su realización, mejoren su calidad e induzcan a una mayor competitividad del sistema productivo.

Jul
02
TEXTO: Toñi Escobero

jueves, 1 de julio de 2010

SE ACERCA EL FIN DEL MUNDO. ¿QUIÉN ESTÁ PREPARADO?


Estimad@s Amig@s.

El título parece apocalíptico, sin embargo puede no serlo tanto. Todo depende de lo que hagamos, de que formas de pensar, sentir y vivir adoptemos, como individuos y como sociedad.
La catástrofe climática y la degradación social y ambiental en las que nos estamos acostumbrando a vivir, van camino a un desenlace final. El mundo no puede continuar así durante mucho tiempo mas. Eso está a la vista de quienes lo quieran ver y continuará oculto para los necios que siguen viviendo sus vidas como si nada sucediera. Para los que prefieren no ver y vivir una vida mas cómoda, descomprometida y egoísta. Pero también seguirá tratando de ocultarse para quienes tienen un dificultoso acceso a la información.
El fin del mundo no será de un día para el otro, tampoco en unos pocos meses, aunque seguramente si, en unos pocos años. Ni siquiera será “El Fin del Mundo”. No habrá una gran explosión, ni una súbita glaciación, ni nos quedaremos repentinamente sin oxígeno o agua. No moriremos todos juntos ni congelados, ni calcinados. No se terminará de golpe toda especie de vida en la Tierra, pero el cambio esta sucediendo y será muy grande.
El fin del mundo será simplemente el fin de una era y el comienzo de otra. Tanto para el planeta, como para las especies que lo habitamos.
Hace menos de mil años (casi nada en los tiempos de la humanidad) estábamos convencidos de que la Tierra era el centro del Universo y todo giraba alrededor nuestro. Hasta que descubrimos que el verdadero centro era nuestro Sol. Pero tampoco era así, ni siquiera nuestra Galaxia lo era. Y fuimos cayendo en la pirámide hasta lo mas bajo. Una especie mas, en un simple planeta mas, girando alrededor de una de miles de millones de estrellas, que gira alrededor de una galaxia de mas de miles y miles, del único universo que conocemos aunque posiblemente ni siquiera sea el único que existe.
Entonces nuestro ego fue recibiendo golpe tras golpe, del centro del universo pasamos a estar cercanos a la insignificancia. Para recuperarlo nos vimos “obligados” a inventar cosas que nos hicieran sentir mas poderosos, mas importantes. Y para ello invertimos tiempo y esfuerzo, con un costo muy grande. Avanzamos mucho en las ciencias, en los conocimientos, en la física, la química, las matemáticas, pero descuidamos la organización social, el contacto con la naturaleza de la que somos parte, descuidamos las relaciones con nuestros pares y, peor aun, descuidamos nuestro interior. Y no sólo no avanzamos, sino que podría decirse que retrocedimos unos cuantos pasos.
Toda la innegable evolución que hemos tenido en las ciencias, no se ha visto reflejada ni mucho menos en una evolución interna, espiritual, moral, ética, solidaria y ese está siendo nuestro gran déficit. Nuestra materia pendiente para estar preparados para ese gran cambio que ya se ha iniciado a nivel planetario.
Mayas, Aztecas, Griegos, Egipcios, otros en el Medio Oriente y muchos otros pueblos de la antigüedad, han estado mas evolucionados que nosotros en muchos aspectos o, mejor dicho, hemos involucionado respecto de ellos en muchas áreas.
Para estar preparados para el “fin del mundo”, para el fin de esta Era y el inicio de una nueva, necesitamos reencontrarnos con la naturaleza, contactarnos con ella y nuestro prójimo, reflotar los valores mas altruistas para con todo ser vivo que habite el planeta, porque cada uno es parte necesaria para la supervivencia del otro.
Debemos estar preparados para algo totalmente desconocido, para los nuevos paradigmas que regirán el inicio de una nueva Era, donde si no hemos aprendido de los errores cometidos hasta ahora, no sobreviviremos. Pero si hemos logrado esa “evolución” podremos construir y disfrutar un mundo mucho mejor y para todos y todas.

Nos reencontramos la próxima semana, con una nueva entrega de esta publicación.

Ricardo Natalichio
Director de EcoPortal.net
rdnatali@ecoportal.net
www.ecoportal.net

martes, 29 de junio de 2010

LA INVESTIGACIÓN EN AGROECOLOGÍA TRANSDISCIPLINARIEDAD Y MULTIDIMENSIONALIDAD


Pedro Muro Bowling
DEIS. SOCIOLOGÍA RURAL
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA CHAPINGO,
MÉXICO bowling@correo.chapingo.mx

La Agroecología es más que una alternativa productiva y tecnológica: también representa una opción ética y política para, a partir de la concepción y progresivo
alcance de las condiciones tendientes a configurar un nuevo modelo de desarrollo,
favorecer la estabilidad ecológica de los ecosistemas y la calidad de vida de las
poblaciones que de ellos dependen para su subsistencia directa, lo que en su conjunto significa la población del planeta Tierra.

El conjunto de ciencias y disciplinas que se hermanan en la agroecología –con la que se supera la concepción y la práctica de la agricultura convencional–, implica la necesidad de repensar tanto su racionalidad técnica como el cambio social, político, económico y cultural de las condiciones en que ésta se lleva a cabo. Así, se considera a la agroecología como un enfoque transdisciplinario en sí mismo, y como una alternativa privilegiada para emprender la construcción de modelos políticos de desarrollo neguentrópico, que apunten a una mejor coevolución de sociedades y ambientes naturales.

La agroecología, su práctica y su investigación, implican la fusión de los conjuntos
integrados de ciencias y disciplinas que conforman esta nueva orientación. Pero parece ue aún no se comprende cabalmente que desarrollar la agroecología representa conocer –necesariamente a través de investigación–, las condiciones técnicoproductivas, así como las sociales, políticas y culturales de las poblaciones
participantes en el esfuerzo de cambio.

En esa integración de ciencias y disciplinas destacan en igual medida las relacionadas con los ambientes naturales y los sociales, pero debido a las carencias y deficiencias de formación técnica y profesional lo más frecuente es que en la práctica de la agroecología se aborden sólo o preferentemente sus elementos eco-técnicos e“instrumentales”. El hecho de que la práctica de la agroecología sea –excepcionalmente abordada por agroecólogos– y principalmente por ecólogos, biólogos y agrónomos, formados de manera básicamente disciplinaria y especializada, hace que el enfoque principal sobre ella tienda a resaltar esos mismos aspectos. Entonces tiende a ignorarse o a “olvidarse” que la agroecología es también y de modo especialmente importante, conocimiento social, económico, político y cultural, lo que conforma los ámbitos socioambientales que nos empeñamos en interpretar y transformar, determinantes en la cabal comprensión de la actual ruptura y consecuente necesidad de conciliación entre sociedad y naturaleza.

Con el objeto de superar las formaciones técnicas y científicas (uni)disciplinarias y
fragmentarias vigentes, parece ineludible apuntar a la adopción y adaptación del
concepto de pensamiento complejo, que se hace operativo a través de los enfoques de la transdisciplinariedad y de la multidimensionalidad.

Los enfoques de la multi- y la interdisciplinariedad son útiles en la investigación agroecológica, pero con ellos no acaban de superarse sus propios inconvenientes. Con estos dos enfoques tal investigación no favorece la configuración de perspectivas –sin reduccionismo ni holismo–, con las cuales se comprendan cabalmente los problemas propios de los ambientes naturales y sociales que nos empeñamos en comprender y transformar. Carece entonces de sentido procurar la estabilidad de los ecosistemas sin incidir sobre las prácticas sociales que han determinado en primer lugar sus diversos niveles de deterioro y degradación, así como estarán destinados al fracaso los esfuerzos sociales que se realizan por abatir problemas tales como la pobreza y la injusta distribución de la riqueza, si no se ubican dentro de un marco de respeto y cuidado de los ambientes naturales.
Probablemente ha sido Edgar Morin quien más ha destacado en la proposición de
perspectivas epistemológicas alternativas a favor de enfoques transdisciplinarios y
multidimensionales: una de sus más notables aportaciones en la transición del siglo XX al XXI es, en efecto, su propuesta en torno al Pensamiento Complejo.

Desde ésta perspectiva se hacen valer los conceptos y las implicaciones de nuevo
conocimiento logrado a partir de acercamientos transdisciplinarios y multidimensionales.

Su antecedente inmediato, el enfoque de la interdisciplinariedad, implica que sus
practicantes, insatisfechos con los resultados limitados y parciales producto de la alta especialización disciplinaria del conocimiento, unen sus esfuerzos y percepciones en torno a un problema común y, así, el conjunto unificado de diversos enfoques científicos y técnicos nos proporciona explicaciones y alternativas de explicación y solución más completas a problemas hasta entonces no resueltos satisfactoriamente. Por su integración y complejidad, esas explicaciones y soluciones tienden a acercarse a lo complejo de una manera tal que resulta difícil o imposible de lograr desde enfoques meramente uni- o multidisciplinarios.

Pero con la transdisciplinariedad se intenta dar un paso más allá al proponerse la
integración o “fusión” de dos o más disciplinas científicas para favorecer la eneración de conocimientos más relevantes y trascendentes. Como ejemplos notables de acercamientos o enfoques típicamente transdisciplinarios se nos presentan la propia Agroecología, fusión de agricultura y ecología, la Ecosociología (ecología y sociología) o la Economía Ecológica. Un paso más allá representaría conformar fusiones de, por ejemplo, Bio-Agro-Eco-Historio-Antropo-Sociología... que logradas por equipos transdisciplinarios contribuirían a transformar notablemente la dinámica del que hacer investigativo y a alcanzar cambios ecosociales posiblemente radicales.

Por su parte, desde la multidimensionalidad se reconoce que los acercamientos unívocos a la realidad son asimismo parciales, y su intencionalidad explícita es superar ese inconveniente. Es por ello que desde este enfoque se propone la comprensión e interpretación de –entre otras dualidades–, las conformadas por lo objetivo y lo subjetivo, así como armonizar y abordar conjuntamente nuestras percepciones de lo macro y lo micro, lo individual y lo colectivo, la estructura y la acción... y el (inseparable) vínculo entre sociedad y naturaleza.

Transdisciplinariedad y multidimensionalidad son, así, las mejores expresiones de la operación del pensamiento complejo, y son enfoques que debieran cultivarse, alentarse y perfeccionarse en los centros (particularmente) latinoamericanos de docencia e investigación, y con especial énfasis en las escuelas y facultades de agronomía, biología, antropología, sociología rural, etc., en las cuales, por la misma esencia de sus actividades, la consideración de la obligada coevo lución entre sociedad y naturaleza debiera constituir un hecho cotidiano y normal, no excepcional, como hasta ahora se presenta. Los ejemplos de caso, históricos y prototípicos de la agronomía y de la sociología rural son en sí mismos suficientemente ilustrativos:

La agronomía como tal tiene una vieja y venerable historia en Latinoamérica, desde su primer centro de estudios: la Escuela Nacional de Agricultura –hoy Universidad Autónoma Chapingo–, en México, con ya 150 años de antigüedad. Pero los enfoques científico-agronómicos llevados de la mano de la ideología del progreso pervirtieron su esencia. En efecto, tal influjo ideológico prescribía que el progreso habría de alcanzarse a través de la industrialización (la visión mecanicista tan bien explicitada por Naredo) y, consecuentemente se “industrializó” también a la agronomía, para servir, histórica y preferentemente a los dictados propios y derivados de la posteriormente así llamada revolución verde, destinados a favorecer la agricultura industrial / comercial a través de la obtención de “altos rendimientos”, obtenidos en verdad, pero con efectos y consecuencias perjudiciales sobre los ambientes naturales y sociales.

De su parte, en Latinoamérica el inicio de la sociología rural se inscribió frecuentemente en la escuela norteamericana, que históricamente se ubica en el marco del positivismo y que se rige metodológicamente por el estructural-funcionalismo. Así, esta disciplina y sus profesionales tuvieron que enfrentarse a la tradición propia de las ciencias “exactas”, en las que se hacían valer como criterios de cientificidad la cuantificación y la objetividad, elementos característicos de lo que en su momento debía entenderse como “conocimiento científico”. Inmersa en esta corriente, la sociología rural se vio poco favorecida por otros esfuerzos que se hacían –especialmente en Europa–, para liberarla de esas ataduras.

Entre esos esfuerzos destaca el que hacia mediados del Siglo XIX emprendieron en Rusia los intelectuales participantes en la corriente del populismo agrario, generadores del “método subjetivo” sociológico. Su argumento principal era que en este campo la objetividad científica no lo es todo, y que el conocimiento derivado de ella carece de validez si no se complementa con la consideración de la subjetividad, a partir de la cual se crean y expresan los valores, la moral y la dignidad de los seres humanos. En la actualidad, afortunadamente, y gracias al enfoque de la multidimensionalidad son pocos quienes cuestionan la importancia de considerar lo subjetivo tan importante como lo objetivo en el conocimiento social.

Otras tradiciones propias del pensamiento sociológico se expresaron durante muchos años a través de la supuesta necesidad de conocer prioritariamente lo “macro” –en la escuela europea– o lo “micro” –en la norteamericana–, derivando de aquí un fuerte enfrentamiento histórico entre ambas corrientes. La escuela europea, basada en las teorías del conflicto primaba lo macro, y la norteamericana lo micro, a través de los enfoques propios y derivados del estructural-funcionalismo. Esa pugna se expresó también a través de intentos de hacer valer cualquiera de los extremos de otra dualidad:

la que se expresa en la consideración de lo colectivo-individual, y no es sino hasta los últimos veinte años del siglo XX que esas diferencias tienden a matizarse y diluirse, reconociéndose ya explícitamente, merced a la propuesta de la transdisciplinariedad y su operación con la multidimensionalidad, la importancia de la generación de conocimiento a los dos niveles.

Los investigadores y analistas de los movimientos sociales, por su parte, también
durante muchos años dividieron su atención y sus esfuerzos: en tanto que una corriente priorizó el estudio de las estructuras (principalmente de clase) dentro de las cuales, y como una expresión de las mismas se generaban esos movimientos, otra tendencia interpretativa asignó mayor relevancia al análisis de la acción desplegada en y por dichos movimientos. Ahora, una vez puestas a discusión las bases de esas corrientes interpretativas, y confrontadas con la realidad, tiende ya a reconocerse la importancia de contemplar ambas dimensiones: estructura y acción, en el estudio de esas manifestaciones sociales.

Por cuanto hace al (inseparable) vínculo entre sociedad y naturaleza, ha correspondido sobre todo a las reflexiones propias del pensamiento complejo hacer notar la inviabilidad de separar ambas dimensiones. Este “descubrimiento”, por lo demás, se basó en la observación de lo obvio: los niveles de hiper-especialización y consecuente fragmentación del conocimiento a partir de la generación de las especialidades científicas han llevado al absurdo que se expresa en que las ciencias naturales tiendan a ignorar que los niveles de afectación (deterioro, degradación) que sufre el ambiente natural son consecuencia de su explotación por parte de las sociedades humanas, en tanto que quienes priorizan las disciplinas sociales ignoran que cuanto ocurre en la
sociedad se da sobre la base física constituida por los ecosistemas.

Este enfoque de la multidimensionalidad no opera a través de priorizar, en cualquier caso, lo objetivo o lo subjetivo; lo macro o lo micro, lo colectivo o lo individual, o lo social y lo ambiental; no se trata de favorecer a ninguno de los polos de esas u otras dualidades. Tampoco de ubicarnos, como investigadores, fijos en cualquiera de sus puntas. Lo que se favorece con la propuesta de la multidimensionalidad es la flexibilidad necesaria para ir de un polo a otro, constantemente, moviéndonos a lo largo del continuo que une a esas dualidades, sin quedarnos estáticos en ninguno de sus extremos. Así, en el proceso de investigación tendremos la suficiente agilidad y flexibilidad para, dependiendo de la dinámica de la propia investigación, detectar, registrar la importancia y desplazarnos por momentos entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo macro y lo micro, entre lo ambiental y lo social...

Es con este bagaje epistemológico enriquecido por las perspectivas de la transdisciplinariedad y la multidimensionalidad que planteamos y proponemos nuevos acercamientos, comprensiones, interpretaciones y transformaciones de la realidad; nuestros esfuerzos en este sentido ya no pueden seguir siendo limitados,
fragmentarios, unidisciplinarios, a riesgo de seguir reproduciendo viejos esquemas cuya inoperancia ha sido más que reiteradamente probada.


ALGUNAS LECTURAS A PROPÓSITO...

García, Rolando, 1994. Interdisciplinariedad y Sistemas Complejos. En: Leff, Enrique
(Comp.), 1994. Ciencias Sociales y Formación Ambiental. Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades - UNAM, México y GEDISA,
Barcelona.
Kropotkin, Piotr, 1977. La Moral Anarquista. Biblioteca Júcar de Política, Madrid.
Morin, Edgar, 1998. Introducción al Pensamiento Complejo. GEDISA, Barcelona.
Morin, Edgar, 1994. Carta de la Transdisciplinariedad. Convento de Arrábida, noviembre
de 1994. En: Sociología y Política. Nueva Época, Año IV, Nº 6. México.
Muro Bowling, P., 1998. Elementos para una Teoría Política de la Agroecología.
Universidad Internacional de Andalucía. Sede Sta. Ma. de La Rábida, Huelva,
España.
Naredo, José Manuel, 1987, La Economía en Evolución. Historia y Perspectivas de las
Categorías Básicas del Pensamiento Económico. Siglo XXI de España, Eds.
Naredo, José Manuel, 1992. El Oscurantismo Territorial de las Especialidades
Científicas. En: González Alcantud, J.A. y González de Molina, M. (Coords.),
1992. La Tierra. Mitos, Ritos y Realidades. Diputación Provincial de Granada,
Centro de Investigaciones Etnológicas y ANTHROPOS, Barcelona.
Wallerstein, Immanuel (Coord.). 1998. Abrir las Ciencias Sociales. Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades - UNAM y Siglo XXI,
México.

lunes, 28 de junio de 2010

CARLOS DONOSO: PIONERO EN LA AGROECOLOGÍA

El hombre y la tierra rural


El Becerril, en la Sierra Gata, es una granja de alimentos ecológicos y agroturismo, que se inició en los años 80 y que se ha convertido en una de las fincas más eficientes y equilibradas en producción ecológica de Extremadura. La combinación de ganado, árboles frutales, bosque, colmenas, zonas productivas y silvestres, permiten cerrar los ciclos ecológicos y que la finca en su conjunto sea un modelo de gestión integral.

Un colono es aquel que va más allá de la frontera, que se aventura en una tierra nueva. Los colonos tienen esta dimensión de viaje a la novedad, de esfuerzo por levantar una morada en un lugar apartado de lo convencional. Muchas personas sienten una especial atracción por estos pioneros, por quienes se instalan sobre el lienzo duro y fértil de una tierra de labranza. En los tiempos actuales, a esos colonos ya no se les necesita en territorios lejanos; ahora ser un nuevo colono es regresar al pueblo, retornar a las huertas abandonadas de las fincas de nuestros campesinos. Pensemos que en las últimas décadas, se han abandonado unos dos millones y medio de hectáreas agrícolas en España, y que la población agrícola ha pasado del 47% en los años 60 al 7% en la actualidad. Por todo esto decimos que la última frontera empieza más allá del perímetro de las ciudades y que, para muchos, este breve desplazamiento marca un cambio radical. En este impulso de regreso al campo uno se encuentra con auténticas historias humanas. Todos los que habitan en este intento, tienen algo en común: la llamada a la faena al aire libre, la constancia y el esfuerzo como gobierno personal, y un sentido empírico de lo que da frutos, y por tanto se cultiva, y de lo que es solo parloteo y fantasía, y que se aprende a separar, como se separa la paja del trigo. El campo es para esto un maestro impecable.

Hemos visitado a uno de estos pioneros, que en los años 80 empezaron con la agricultura ecológica: «En los años 80 se inició la agricultura ecológica en Extremadura, y nos reuníamos en una mesa siete personas; ahora hay más de siete mil». Así nos lo cuenta Carlos Donoso. En aquellos años, que coinciden con los de la movida madrileña, muchas personas, en vez de perderse en los laberintos de la nocturnidad urbana, se incorporaron al proyecto de vivir en la naturaleza. Son los años del nacimiento de publicaciones emblemáticas como la revista Integral, que pretendía dar voz a este deseo compartido por una vida natural. La vida y trayectoria de Carlos Donoso es en parte la crónica de aquellos sueños: «En aquella época, vivir en el campo era una posibilidad soñada y teórica; nos decidimos a pasar a la práctica y con los dineros de una publicación para Integral, compramos en Acebo la primera finca. Así dejé de vivir en una ciudad muy industrial, como es Baracaldo y dejé la actividad como ecologista intelectual para tocar tierra». La publicación que menciona Carlos Donoso era un manual para la supervivencia. De aquellos que iniciaron el proyecto, pocos sobrevivieron a las exigencias de realismo y trabajo que el campo necesita.

Como era propio en aquella época, el proyecto de agroecología tenía también una parte social y de proyecto compartido, pero el tiempo, la tierra y las pasiones humanas pasaron su trilla, y al final Carlos Donoso y su pareja son los que hicieron real el proyecto: «En un principio nos planteamos un modelo de vida autosuficiente muy radical, pero si quieres generar proyectos más profesionales, necesitas hacer inversiones y poco a poco fuimos incrementando las líneas de producción. Compramos más fincas con bosque, para dar más riqueza a la finca, luego nos metimos con el kiwi, que fue un experimento piloto, dado que en esta zona nadie los cultivaba. Con el tiempo se convirtió en una plantación profesional, con mercado en España y países europeos, haciendo nuestra propia marca y envasando».

La finca El Becerril es un modelo muy eficiente y productivo de lo que se denomina multifuncionalidad: «En vez de quedarnos con lo cómodo, con lo que funciona bien, seguimos experimentado. A mí siempre me ha gustado la diversificación y esto se ha convertido en el sello del Becerril».

Además de kiwis, tienen kakis, todo tipo de frutales, miel, polen, vacas, caballos, casa rural y hasta un invernadero --su último proyecto-- donde están cultivando plantas tropicales. Todo el proyecto es ecológico y en este sentido es una de las referencias más importantes de Extremadura; por su finca pasan muchas personas que se instalan por la zona. El que conoce a Carlos Donoso no sólo va a preguntarle sobre plantas y animales, sino sobre turbinas, hidrogeneradores, placas solares, vehículos eléctricos, técnicas y materiales de construcción, dado que toda la finca es un catálogo de todas estas posibilidades: «Aprender es para mí un reto y además una necesidad; cuando vives en una finca, tienes que saber un poco de todo para poder vivir sin dependencias excesivas». Le preguntamos si no sería mejor especializarse en un producto y nos contesta: «Están las dos opciones; una de ellas es la del que se pone a piñón fijo en una actividad o un producto y se hace un especialista; pero, en mi opinión, así se pierde la riqueza de las pequeñas cosas y la satisfacción de proponerse nuevas líneas de trabajo. Al final es una elección y yo he preferido saber un poco de todo a saber mucho de una cosa».

Después de más de veintisiete años de trabajar una finca, con una cosecha que se distribuye por Europa, y con clientes que vienen a sus casas rurales de todos los rincones, nos parece que es el mejor orientador para preguntarle si la opción de vivir en el campo es viable: «Nosotros somos un poco espejo para aquellos que quieren vivir en el campo. Ahora bien, hay que ser realista, vivir en el campo exige constancia y voluntad. Además en el campo uno es su propio jefe y esto hay que aprenderlo uno solo, no hay cursos para aprender estas nociones».

Si uno se pasea por la finca y recorre sus plantaciones, sus construcciones, sus instalaciones e inventos --porque además es inventor--, se detiene a contemplar el agua de sus arroyos con su fresca inquietud, el paso lento de las vacas, los pájaros que son los nativos más felices y abundantes de la Sierra de Gata, el bosque que vigila los linderos con su sombra. En definitiva, si uno contempla lo que es la labor hecha por las manos del hombre, y lo que la naturaleza aporta en su abundancia y generosidad, se comprende que el mejor pacto es el que se realiza con la tierra, que es la única socia que te da más a cambio de menos.

«Las plantas te dicen lo que quieren y lo que necesitan. El aprendizaje es de observación directa. Hay que aprender a ver y aprender a aprender». Estos consejos nacen de la tarea cíclica de la plantación y la cosecha, del alma de una persona que se agacha en el suelo para descubrir sus costumbres, o se eleva entre las ramas para alentar los frutos.

Cuando partía hacia la cancela, para volver a mi casa, le pregunté a este colono de lo rural, sobre sus proyectos futuros y con una sonrisa aguda de hombre de campo me dijo: «Ahora mismo lo más importante es mantener todo lo que está en marcha. Y esto es lo más difícil, se debe mantener y mejorar la finca». Esto es también el hombre, una tarea que no termina y una realidad que hay que mantener en el presente, y esto mismo debería de ser nuestra actitud con la naturaleza; un esfuerzo sosegado y constante por mejorar y mejorarnos.