martes, 1 de noviembre de 2011

PENSAMIENTO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DEL CHOCO SOBRE EL DESARROLLO


 




En esta parte se recogen las discusiones y análisis de los líderes indí­genas sobre el desarrollo y su concepción.

Para nosotros el desarrollo es bienestar y este se construye hacia el futu­ro, a partir del pasado. Pensando y actualizando lo enseñado y vivido por nuestros antepasados, es que se puede hacer una clara proyección y mantener viva la unión entre lo material y lo espiritual, que en ausencia de límites reales da un sentido de relación con la naturaleza, y ella nos permite la socialización que tenemos. Es precisamente esta relación la que además ha permitido la conservación de la biodiversidad y así mismo que nos mantengamos culturalmente vivos.

Hablar de desarrollo para los pueblos indígenas es hacer menciona la vida de la cultura y su relación con la naturaleza, a través de los poderes vivos en todos y cada uno de los elementos que configuran la selva y los cuales son manejados por el médico tradicional, quien es el jaibana máxima au­toridad espiritual y que reafirma su papel definitivo en el manejo, control y preservación del ambiente, pues son quienes median la relación con las diversas madres que conforman ecosistemas de socialización (madre de los peces, madre selva, etc.).

Estas madres nos cuidan en la medida que velan por nuestro bienestar en la alimentación y salud, a la vez que nos enseñan los principios para cuidar estos espacios, con los cuales hemos formado sistemas de pro­ducción adecuados para un permanente equilibrio espiritual y material, recreado con prácticas tradicionales adaptadas cuidadosamente por la observación y la experimentación ancestral.

Hablar de desarrollo es para nosotros mencionar la forma simbólica e histórica de pertenencia a un territorio de manera integral, junto con tos espíritus invisibles que manejan nuestro mundo en el contexto de la naturaleza.

Estas concepciones y relaciones representan un punto de convergencia entre nuestras diferentes étnias Embera (Dovidá. Eyábida. Chamí), Woun-nan y Tule, en donde además de reconocer las diferencias sociales, culturales y políticas, se respeta el desarrollo cultural propio en el marco de la cosmovisión de cada uno de los pueblos indígenas de este departa­mento, los cuales basados en la unidad y el sentido de solidaridad prefi­guran su futuro.

El acontecimiento de encuentro entre nuestras etnias es el sentido de la vida diferente a la de los no indígenas, que está fundamentado por nues­tros orígenes; pensamiento ancestral y cosmovisión, legados de nuestros antepasados, donde se anidan y actualizan los criterios que orientan la proyección histórica de nuestros pueblos. Es allí donde se configuran además nuestros sistemas económicos, políticos, administrativos, religio­sos, la organización social, los procesos forma ti vos, la justicia, es decir nuestro sistema cultural y por ende la identidad y el sentido de liderazgo.

Estamos seguros de que si se mantienen con vida los espíritus que con­forman nuestros mundos, el territorio y todo lo que sostiene la naturaleza, brinda permanencia a nuestros procesos de socialización, a la lengua materna que dinamiza nuestra simbología y significación, a la alimentaria, a la salud cuya base primordial es el médico tradicional y j equilibrio de los ecosistemas que garantiza la prevención de enfermedades, a la conservación y uso adecuado del bosque, donde existen nuestros lugares sagrados con su connotación religiosa y filosófica. La productividad de nuestros trabajos, los acontecimientos cotidianos forjado por los mitos y ritos que impregnan la vida da sentido profundo desde valores de solidaridad, unidad y respeto. Todo esto que representa la tranquilidad de nuestras comunidades, entonces eso es el desarrollo porque es eso lo que nos da bienestar.

Para nosotros el desarrollo es ombligar nuestras culturas con sentido crítico y sabiduría milenaria para reciclar como el mar, todo los elemente negativos que tengan nuestras culturas y se puedan transformar en árbol es de vida que reforesten nuestra existencia, ayudando con ello a solu­cionar la erosión que tengamos y fortalecer la capacidad de resistir las adversidades de las épocas que se vayan presentando, para poder de­fender la identidad.

Desarrollo es la jovenciada permanente de la cultura, con el ritmo de la relación de pareja con la naturaleza, proyectando el futuro desde el ori­gen, siguiendo la preparación y los procesos necesarios, labrando paso aj paso los medios, observando y esperando los tiempos adecuados para cazar las utopías y recreando el sentido de unión desde el trabajo, la i familia y la comunidad.

Desarrollo es inaugurar un tambo donde preparamos todas las condicio­nes materiales y espirituales para festejar día a día la reafirmación de la familia, que es la forma básica de comunidad en la cual los niños, los jóvenes, los ancianos y en general hombres y mujeres hacen mingas (trabajos comunitarios) donde todos son igualmente importantes e impres­cindibles para cultivar la convivencia, cuyo fruto es el bienestar

Desarrollo es la posibilidad de vida que brinda el territorio donde tejemos nuestras culturas, en una relación de respeto tanto con la naturaleza como con fas otras culturas. Este territorio es la "escuela" donde aprendemos a labrar una existencia propia y social, donde no hay salones que clasifi­quen nuestras capacidades, ni paredes que limiten la observación de todo aquello que han aprendido nuestros pueblos milenariamente, lo cual ha sido definitivo para mantener vivas nuestras identidades.

Este territorio es la "escuela" donde el maestro no es uno, ni se pone más alto para atiborrar nuestras cabezas con lo que sabe para que después tengamos que repetir de memoria, como si ello fuera signo de conoci­miento, sino que este territorio es donde están diversos maestros que como madres de los seres espirituales de la selva, habitan y recorren con nosotros el bosque vivenciando experiencias de sentido profundo, para construir acontecimientos de bienestar, actualizando el conocimiento de nuestros antepasados, cuya sabiduría está plasmada en la conservación de la selva y nuestro hogar a través de la historia.

Hemos tejido una unidad territorial mantenida durante mucho tiempo, en la que no existen fronteras, pues éstas no hacen parte de la visión del mundo donde nos movemos, pues la percepción del mundo la hacemos desde la libertad de compartir e intercambiar con otros hermanos indíge­nas, a partir del enriquecimiento mutuo de experiencias y conocimientos, y no desde la división política. Es en ese sentido que se desarrolla la unidad en la diferencia.

Esta visión de ausencia de límites fronterizos, obedece al ritmo de la na­turaleza y de sus espíritus, que nos da la pauta para seguir transitando por todos los territorios, cuyo sentido es el movimiento territorial que ha­cemos, por lo tanto los grupos indígenas, en su pensamiento y tránsito territorial no somos estáticos ni sedentarios, sino nómadas, en la medida que nos movilizamos permanentemente, a pesar de los intereses por en­cerramos, aquietamos y limitamos. Es por eso que los Embera y Wounnan de Panamá y de Colombia vienen y van sin que vean una frontera real, pues la visión de territorio es universal.

Ser nómada implica que el desarrollo no es lineal, no parte de un principie ni llega a un fin, sino que ser nómada nos enseña los múltiples movimientos que tienen un comienzo que no se limita con un final.

Hablar de desarrollo es recordar la historia de unidad con las comunidades negras, en la que no sólo su condición de oprimidos sino también respeto mutuo por la diferencia, marca el sentido de solidaridad.

Somos consientes que no sólo nosotros habitamos este mundo sino que nos relacionamos con otras culturas, como la "occidental", a la cual creemos que podemos ofrecerles una experiencia histórica que les aporte a la búsqueda y el encuentro de un sentido de vida, cuyo centro sea armonía, la convivencia y la paz y no la sobrevivencia en una sociedad  de  violencia e injusticia.

Así mismo como a nuestras vidas han llegado de manera impuesta situaciones, valores y elementos ajenos, que todavía no terminamos de cor prender y que han puesto en peligro nuestra armonía introduciendo ni vos problemas, creemos que podemos y necesitamos aprender de los i indígenas el significado de esos elementos, para que podamos transformar y resolverlos y también enriquecemos de tas experiencias, conceptos y conocimientos que les han brindado bienestar, pero eso sí, cerniéndolas  de manera consciente, esclareciendo la calidad de sus aportes,  poder decidir acogerlas desde nuestra lógica, de manera que redunde \ un beneficio real a nuestros pueblos.

Por lo anterior decimos que el desarrollo para nuestros pueblos se da desde nuestra forma de ver el mundo y de vivir, desde curaciones sobre el bienestar y no desde las personas que vienen de lugar ajenos a nuestra realidad a imponemos un pensamiento que desciñe e irrespeta el nuestro, ha llenar de cruces y "pecados" nuestras vida personas que nos inyectan la lógica maniquista del bien y del mal; per­sonas que vienen a engañamos para robamos el conocimiento trotándolo como objeto de lucro, que no les interesa dimensionar las consecuen­cias nefastas que tiene para nosotros de manera directa y para ellos de manera indirecta, sus actos de explotación y arrasamiento del bosque y los ecosistemas.

La experiencia nos enseña que estas personas tratan de aniquilar todo lo que no actúa como ellas o todo lo que no hace lo que ellas quieren, eso nos muestran sus intensiones. Por ello el desarrollo en nuestras comunidades desde que llegó el no indígena implica que haya igualdad de derechos a partir del respeto a la diferencia, que se traduce en el respeto a la vida.

El modelo de desarrollo que nos han querido imponer, no se basa en nuestra historia y pone todas sus intenciones en el momento presente para lograr un "desarrollo" mañana o en otras palabras en el futuro, es como si quisiera ser fruto sin raíces y por eso va cancelando el pasado, dentro de ese pasado nos ubican a nosotros y sin entender que el futuro lo construimos en el presente desde el pasado.

Por ello las transformaciones culturales que queremos tener, son las que estén basadas en estas normas que entretejen nuestros orígenes, todas sistémicamente relacionadas, desde el eje fundamental de cuidar la natu­raleza para el bienestar de nuestra propia vida.

No es un secreto que hay muchas actores interesados en romper nuestro eje fundamental de convivencia para "alcanzar su propio desarrollo", pues su modelo de desarrollo es un signo pesos.

El gobierno nacional define planes de desarrollo para el pacífico sin tener en cuenta lo que piensan sus habitantes y de una forma incoherente ha­bla de un manejo ambientalmente sano mientras avala los nocivos permi­sos de explotación maderera, minera y pesquera. Igualmente da cabida a investigadores y científicos que trabajan para grandes multinacionales de la farmacéutica, la química, la producción de alimentos, pues dependen de los centros de poder económico y político del mundo, ello hace que no defina mecanismos de control y defensa de nuestro conocimiento ancestral y del acceso a los recursos genéticos.

Se presentan otros factores que inciden en nuestras formas de pensar; ver la realidad distorsionando nuestro pensamiento, entre los que se destacan los diversos grupos religiosos que con el fin de "convertimos" pa­san por encima de nuestro derecho a una conciencia y pensamiento propio. Así mismo, los politiqueros por sus anclas de poder económico político degradan nuestros conceptos de participación comunitaria y liderazgo.

El bienestar colectivo, sus utopías y los esfuerzos cotidianos para concretar el desarrollo no pueden supeditarse al poder individual, el dinero o un "progreso" que signifique la degradación o aniquilamiento del ser huma­no. Todos aquellos que ven el dinero como fin del desarrollo se creen con el derecho de llamamos "cholos", brutos, subdesarrollados mostrándonos su pensamiento discriminativo e irrespetuoso.

Los factores antes mencionados han logrado que nuestra fortaleza cultura, no  se vea debilitada, provocando que se rompa el sentido de relación con la naturaleza; se explote la madera; se introduce el monocultivo y se viva  del jornaleo en otras poblaciones o departamentos; se deje a un lado lengua materna, con consecuencias nocivas para la unidad familiar y la convivencia comunitaria. La interiorización, por parte de nuestras comunidades, de un modelo de desarrollo que niega la concepción de lo propio, generando con ello relaciones de poder cuyos intereses fluctúan entre el dominio político y el económico, instaurando valores individualistas.

A pesar de la dosis de negación que nos han inyectado, aún no logr nuestra muerte cultural. Aunque la crisis nos convierta también en sujetos de destrucción propia todavía no hemos perdido totalmente nuestra fuer­za, ni las relaciones de solidaridad y comunidad que nos dan solidez cul­tural; aún conservamos el concepto propio de bienestar.

No nos hemos cruzado de brazos ante esta difícil problemática y por ello es un gran lógrala unidad alcanzada dentro del proceso organizativo de la OREWA. Se ha dado un rescate de nuestra valoración como indígenas, si profundizamos en el significado de la sigla podemos dimensionar que se trata de la lucha por preservar la solidaridad del ser humano, ya que Embera, Wounaan y Tule significan cada uno en su lengua: gente.

En este sentido nuestra lucha consiste en reivindicar el proyecto de vida que tienen los pueblos indígenas. Proyecto que se forja, se labra, se teje, en la relación que establecemos con los animales, las plantas y en gene­ral la selva.

Por ello lo que pensamos y queremos hacer en nuestro territorio no pue­de concebirse, partir o definirse desde el gobierno, sino desde la cosmovisión propia de cada etnia en donde el pasado se actualiza permanente­mente y el origen orienta el futuro; incluyendo no solo sus problemas sino también sus potencialidades y fortalezas.

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