domingo, 6 de noviembre de 2011

AGRICULTURA ORGÁNICA PARA UNA VIDA SUSTENTABLE, EN LA ESCUELA



En la Escuela Segunda Unidad Manuel Mendía Moret del barrio Guardarraya en el Municipio de Patillas, el Sr. Héctor Bonilla, agrónomo y maestro de Agricultura, dirige el programa de educación ambiental “Agricultura Orgánica y Vida Sustentable”, en el que participan unos 60 estudiantes entre las edades de 8 a 14 años. El programa busca servir como plataforma educativa a estudiantes de escuela elemental, intermedia y de educación especial, sobre la práctica del reciclaje, mediante la realización de composta elaborada con todo tipo de material orgánico. También pretende crear conciencia ambiental sobre la importancia del reciclaje de papel, cartón y plástico.



La educación ambiental es considerada como el proceso que le permite al individuo comprender la relación de su interdependencia con el entorno. Se trata de un proceso educativo que debe partir del conocimiento reflexivo y crítico para que el individuo entienda su realidad social, política, económica y cultural, y pueda generar en él y en su comunidad las actitudes de valoración y respeto por el ambiente dirigidas a un desarrollo sostenible.


“El proyecto Agricultura Orgánica y Vida Sustentable consiste en hacer composta (abono natural) con materiales orgánicos reciclados para sustituir el uso de abonos químicos en los cultivos y mantener la calidad del suelo. Eso es lo que llamamos agricultura orgánica y sustentable, que es mantener la tierra saludable”, explicó Bonilla. Desde el proyecto, los estudiantes tienen la tarea de reciclar en la escuela y en sus hogares los materiales orgánicos como desechos de árbol, hojas o grama, para hacer la composta. También coordinan con las empleadas del comedor escolar para aprovechar los residuos de los alimentos que se pueden incorporar en la elaboración de composta.


Durante el curso, han organizado una publicación anual, que circulan a través del internet, y que han llamado Periódico “Madre Tierra”. En el periódico, exponen temas ambientales y de agricultura, hacen entrevistas, presentan sus estudios de investigación y las actividades recreativas que celebran en la escuela. De esa manera, promueven sus proyectos y transmiten el mensaje.

El objetivo principal del curso es motivar el conocimiento por la agricultura y la apreciación por el medioambiente, preparando a los estudiantes en técnicas agrícolas con el propósito de que desarrollen sus propios cultivos. A su vez, aplican lo aprendido en sus casas, junto a su familia. Siembran melones y lechuga, plátano, guineo, tomate, batata, ñame, ajíes, china, habas, habichuela y gandules, también aguacate, maíz y flores, como lo confirmaron Alondra, Esmeralda y Bryan, estudiantes de la escuela. Los estudiantes de sexto grado Adán Osvaldo, Odlaniel, Luis Amil y Edrick comentaron de su experiencia con las herramientas; mencionaron haber usado la pala, pico, el rastrillo y el arado, el sistema de riego y el uso del tractor.


Cuando hay cosecha abundante en la finca de la escuela, ya sea con los tomates, el maíz o los melones, estos productos se reparten entre los estudiantes.Luis Francisco Baerga


También lo que recogen lo venden a los maestros, padres y empleadas del comedor, quienes deben hacer su pedido con tiempo para separar su colecta. Del resultado de cada cosecha y de los productos que se venden en la misma escuela obtienen el dinero para comprar la gasolina de las podadoras y del tractor que usan para dar mantenimiento al terreno.

El rol del educador ambiental es promover las actitudes que ayudan a construir una generación sensibilizada por la riqueza del medioambiente, para que el individuo logre el sentido de pertenencia hacia su entorno inmediato y así estimular una conciencia colectiva. Es sumamente importante que organice sus actividades escolares de manera dinámica y en común acuerdo con sus alumnos y el personal docente. La inmersión en estas actividades debe permitir que ellos conozcan, manejen y practiquen tanto sus derechos como sus deberes y las obligaciones que poseen con la comunidad y consigo, menciona el maestro.


Según explicó Bonilla, los estudiantes se comprometen a mostrar el proyecto a otros estudiantes y difundir el objetivo del mismo, que es promover el reciclaje y con la obtención de composta para el desarrollo de los cultivos y los huertos caseros. “La otra parte del proyecto es crear un grupo que se va a dedicar a enseñar a los demás estudiantes, para lograr que participen y que todos vayan en una misma dirección. Ellos deben educarlos sobre el proyecto para tener su cooperación y poner en función el programa de reciclaje”, abundó.

Para llevar a cabo estos proyectos, el factor económico siempre es determinante. Y para incentivar el desarrollo de la iniciativa, el proyecto de la Escuela Manuel Mendía Moret coordinado por Bonilla recién recibió un donativo de parte del Programa para la Conservación y el Medio Ambiente de Ford Motor Company. Este programa de donativos ambientales, realizado por la Empresa Ford en Puerto Rico durante los pasados 10 años, se creó para ayudar a individuos y organizaciones sin fines de lucro que donan su tiempo y esfuerzo para preservar el bienestar ambiental de sus comunidades. La propuesta de esta escuela fue premiada junto a otros proyectos similares en la isla.


“Recibimos un donativo de $3,600 de la beca Ford. Con el dinero del premio estaremos habilitando un área para el vivero y las cajas de producción de composta a gran escala. También tenemos un terreno de la finca propiedad de la escuela que lo habilitaremos en 5 espacios de cultivo, para que cada grupo pueda crear su propio huerto de hortalizas”, agregó Bonilla. Y es que los estudiantes se han beneficiado de los primeros cultivos, los que van rotando de acuerdo a la selección del fruto a cosechar, tomando en cuenta la temporada y la semilla disponible. Y aunque algunos de los huertos están en proceso, pues las pasadas lluvias habían arruinado los anteriores, los estudiantes realizaron su primer huerto de composta en agosto, y ya lo sembraron con semilla de recao (culantro) y esperan cosechar pronto para la elaboración de sofrito.





Foto por Luis Francisco Baerga


En otra de las fincas se observa un cultivo de una habichuela llamada Silgá, un tipo de habichuela pinta. “Esta habichuela es de aquí, me la regaló un agricultor del pueblo, es una semilla orgánica. Siempre trato de utilizar las semillas orgánicas en lugar de las modificadas (o transgénicas) para mantener esa calidad en la semilla y que del fruto se pueda usar la semilla… aunque a veces es difícil conseguir semilla natural, como la del tomate por ejemplo; esa la tengo que comprar”, expresó Bonilla.


Luego de cada cosecha, el maestro reparte entre los estudiantes las distintas semillas que están listas para sembrar para que éstos las lleven a sus hogares y desarrollen sus propios huertos.


Nota del corresponsal: De paso aproveché y me llevé una buena selección de semillas; incluí maíz, lechuga, cilantro y semillas de unas habichuelitas blancas del país, que le llaman Cuarentena, y que en la calle son tan cotizadas como el oro.



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