Proverbio africano, se explicaría así: «Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos…que alimentarán al mundo». ACADEMIA SOL DE LOS ANDES FORMACION DE EN PRODUCCION AGRICOLA, PECUARIA Y AMBIENTAL REGENERATIVA CON ENFASIS EN LIDERAZGO Y ASOCITAVIDAD BIENVENIDOS HOLA A TOD@S ALDEA SOL DE LOS ANDES LOS SALUDA. https://www.facebook.com/aldeasoldelosandes
viernes, 15 de junio de 2012
jueves, 14 de junio de 2012
EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO LA AGRICULTURA ES UNA CUESTIÓN DE CONTROL
En el mundo contemporáneo el control de la distribución y del acceso al consumo de los productos agrícolas y agroindustriales está en manos de las grandes empresas de intermediación y distribución, en particular las corporaciones que controlan las cadenas de supermercados.
Los productores y los consumidores son rehenes de dichos grupos económicos y financieros. Esta situación se da a nivel global y es particularmente notoria en los países centrales de América del Norte y Europa.
En los Estados Unidos las entidades corporativas gigantes ya controlan los sectores de procesamiento y distribución de la mayoría de los productos agrícolas y pronto se apoderarán de los espacios productivos. Debido a los requerimientos de capital, la producción agrícola sólo puede funcionar eficazmente con una estructura empresarial de tipo corporativo.
Progresivamente las grandes compañías se apoderan de los diferentes aspectos de la producción agrícola, ya sea a través de apropiación directa (compra, instalación de establecimientos) o a través de acuerdos contractuales con los productores individuales.
Aquellos que se rehusan a aceptarlo no encuentran mercados para sus productos.
Por lo tanto, las opciones que se presentan a los agricultores son: 1) aumentar su escala de producción, 2) rendirse y volverse empleados de alguna corporación o 3) emigrar.
La primera opción es difícil porque los precios bajos de sus productos impiden acumular capital y los créditos están muy limitados (y al final pueden terminar empujando a la bancarrota). En la práctica los agricultores terminan rindiéndose o emigrando a la ciudad.
Si sigue este proceso, los chacareros sobrevivientes se transformarán en asalariados de las grandes compañías.
Basta observar la estructura empresarial de la industria avícola para darse cuenta hacia donde van a ir los otros sectores. Hace años que las grandes compañías estadounidenses controlan las raciones, y el productor de raciones individual es una rareza.
La producción porcina ya ha caído en manos corporativas llevando los precios al productor a sus niveles más bajos de la historia. También hace tiempo que la producción de frutas frescas y de verduras está en manos de las grandes corporaciones.
El modelo de apoderamiento de los cultivos será probablemente diferente. Allí se utilizará el mecanismo de hacer valer derechos intelectuales sobre los organismos genéticamente modificados. De acuerdo al derecho vigente, los organismos modificados pueden ser patentados, y dan al poseedor de la patente derechos exclusivos para su utilización.
Las corporaciones que poseen estos "derechos" llegan a acuerdos con las compañías que controlan el procesamiento y la distribución de los productos asegurando el dominio efectivo y total de toda la cadena.. Debido a ello no habrá mercado para quienes pretendan cultivar variedades no modificadas genéticamente. El mismo método se ha de aplicar a la producción animal en general.
En ese contexto, el aumento persistente de la productividad agrícola y pecuaria está relacionada con el aumento de las escalas de las plantas de procesamiento y de las redes de distribución. Esta mayor escala permite supuestamente costos menores.
La estructura que se está imponiendo es lo que se llama “integración vertical”. Se trata de algo que ya está pasando en la industria porcina. Cada vez más el control es de arriba hacia abajo, con los productores actuando como subordinados o asalariados de las grandes compañías.
Para justificar la destrucción de la chacra se argumentará que esto es necesario para que el público pueda tener un aprovisionamiento suficiente y seguro a un precio razonable. Sin embargo, la verdadera razón es la obtención de poder económico puro y simple.
¿Podrán los chacareros competir con las corporaciones? ¿Por ejemplo, a través de cooperativas?
Tal vez, pero por poco tiempo. Su futuro, en el mejor de los casos, es muy dudoso.
Este asunto no tiene como objetivo lograr una mayor eficiencia económica o minimizar los costos de producción, sino lisa y llanamente: obtener un poder comercial mayor.
¿Que podrán hacer los chacareros frente a esta situación? ¿Aceptarán continuar sacrificándose para poder competir?
De todas maneras, la agricultura, tal como la conocemos, parece estar llegando a su fin.
El espejismo de la eficiencia
A pesar de la disminución de los precios pagados al agricultor, estos no se ven reflejados a nivel de los consumidores.
Desde 1984 hasta el 2000 el precio real de la canasta de alimentos aumentó 2.8% mientras que el precio pagado al agricultor de esa misma canasta disminuyó 35.7%. Esta situación también existe para los diferentes componentes de la canasta, productos de carne, pollos, huevos, lácteos, cereales y productos de panadería, frutas y verduras frescas y frutas y verduras procesadas.
Las diferencias entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor es absorbido por las estructuras corporativas de las cadenas de distribución e industrias asociadas.
Estos grupos financieros, crecientemente consolidados, internalizan los ahorros para generar mayores ganancias, salarios ejecutivos más elevados y mayores precios y dividendos de las acciones. Los agricultores y los consumidores reciben las migajas si es que reciben algo.
La creciente concentración disminuye la transparencia de los mercados, y aunque tengan la apariencia de mercados, en realidad todos están comerciando en precios que fija “alguien” en otra parte.
Las decisiones productivas y ambientales están cada vez más en manos de unos pocos gerentes de corporaciones y no de la gente que en los hechos cultiva la tierra.
Durante la década de 1990, en los EE.UU., las tasas de retorno sobre el capital (equity) fueron de 18% para las cadenas de supermercados, 17.2% para las empresas industrializadoras y empacadoras de alimentos y 4.5% para los agricultores.
A pesar de estas ganancias, los precios al consumidor no disminuyeron, se mantuvieron estables o aumentaron ligeramente. A la vez, los productores han visto los precios de sus productos disminuidos progresivamente. Debido a ello muchos pequeños productores se han tenido que ir del campo, los medianos están al borde de la quiebra, e incluso los grandes tienen dificultades.
¿Adonde va la diferencia? Con toda seguridad a engrosar las burocracias ejecutivas de las grandes corporaciones y los dividendos pagados a sus accionistas. En otras palabras, a alimentar el sistema financiero.
Esta situación expulsa a los jóvenes de la producción agrícola.
El promedio de edad de los granjeros y chacareros estadounidenses se acerca a los 60 años. En los Estados Unidos los agricultores son pocos y están viejos.
La mayoría de las tierras “abandonadas” se transfieren a sociedades y grandes corporaciones. En la actualidad la propiedad ausentista de la tierra es el 60% de las tierras cultivadas y 30% de las de pastoreo.
Los agricultores y los propietarios de la tierra ya no son las mismas personas.
Para los productores con una cultura agrícola antigua, los cultivos y los alimentos son todavía sagrados. Pero gradualmente, cada vez más, para la mayoría, la agricultura es simplemente otro negocio, y los alimentos meramente productos que se compran y se venden. Los que todavía tratan a los alimentos y los cultivos como sagrados suelen ser etiquetados como anticuados, extraños, radicales o ingenuos.
Sin embargo, los agricultores experientes son portadores de una gran sabiduría que no se improvisa ni se aprende en un cursillo apresurado.
En ese sentido, el chacarero es como un violinista que logra el dominio de su instrumento luego de muchos años de aprendizaje.
Cuando falten los agricultores se irá con ellos el conocimiento agrícola imprescindible para la producción sostenible.
No hay sistema corporativo que pueda sustituir el valor de la experiencia de campo.
En los EE.UU. esta situación está llevando a la decadencia productiva y a la dependencia alimenticia.
Desde el Uruguay, pequeño y agropecuario, deberíamos aprender la lección.
La inserción en el mercado internacional es necesaria y debemos promoverla con certidumbre.
Sin embargo, al mismo tiempo tenemos que desarrollar políticas que aseguren la permanencia de los productores en sus campos y la transmisión de los conocimientos chacareros y pecuarios a las nuevas generaciones, evitando que continúe la nefasta emigración rural.
Solo así se asegurará la sustentabilidad productiva y existencial del país en el futuro.
Danilo Antón, Montevideo, octubre del 2006, danton@chasque.net
Los productores y los consumidores son rehenes de dichos grupos económicos y financieros. Esta situación se da a nivel global y es particularmente notoria en los países centrales de América del Norte y Europa.
En los Estados Unidos las entidades corporativas gigantes ya controlan los sectores de procesamiento y distribución de la mayoría de los productos agrícolas y pronto se apoderarán de los espacios productivos. Debido a los requerimientos de capital, la producción agrícola sólo puede funcionar eficazmente con una estructura empresarial de tipo corporativo.
Progresivamente las grandes compañías se apoderan de los diferentes aspectos de la producción agrícola, ya sea a través de apropiación directa (compra, instalación de establecimientos) o a través de acuerdos contractuales con los productores individuales.
Aquellos que se rehusan a aceptarlo no encuentran mercados para sus productos.
Por lo tanto, las opciones que se presentan a los agricultores son: 1) aumentar su escala de producción, 2) rendirse y volverse empleados de alguna corporación o 3) emigrar.
La primera opción es difícil porque los precios bajos de sus productos impiden acumular capital y los créditos están muy limitados (y al final pueden terminar empujando a la bancarrota). En la práctica los agricultores terminan rindiéndose o emigrando a la ciudad.
Si sigue este proceso, los chacareros sobrevivientes se transformarán en asalariados de las grandes compañías.
Basta observar la estructura empresarial de la industria avícola para darse cuenta hacia donde van a ir los otros sectores. Hace años que las grandes compañías estadounidenses controlan las raciones, y el productor de raciones individual es una rareza.
La producción porcina ya ha caído en manos corporativas llevando los precios al productor a sus niveles más bajos de la historia. También hace tiempo que la producción de frutas frescas y de verduras está en manos de las grandes corporaciones.
El modelo de apoderamiento de los cultivos será probablemente diferente. Allí se utilizará el mecanismo de hacer valer derechos intelectuales sobre los organismos genéticamente modificados. De acuerdo al derecho vigente, los organismos modificados pueden ser patentados, y dan al poseedor de la patente derechos exclusivos para su utilización.
Las corporaciones que poseen estos "derechos" llegan a acuerdos con las compañías que controlan el procesamiento y la distribución de los productos asegurando el dominio efectivo y total de toda la cadena.. Debido a ello no habrá mercado para quienes pretendan cultivar variedades no modificadas genéticamente. El mismo método se ha de aplicar a la producción animal en general.
En ese contexto, el aumento persistente de la productividad agrícola y pecuaria está relacionada con el aumento de las escalas de las plantas de procesamiento y de las redes de distribución. Esta mayor escala permite supuestamente costos menores.
La estructura que se está imponiendo es lo que se llama “integración vertical”. Se trata de algo que ya está pasando en la industria porcina. Cada vez más el control es de arriba hacia abajo, con los productores actuando como subordinados o asalariados de las grandes compañías.
Para justificar la destrucción de la chacra se argumentará que esto es necesario para que el público pueda tener un aprovisionamiento suficiente y seguro a un precio razonable. Sin embargo, la verdadera razón es la obtención de poder económico puro y simple.
¿Podrán los chacareros competir con las corporaciones? ¿Por ejemplo, a través de cooperativas?
Tal vez, pero por poco tiempo. Su futuro, en el mejor de los casos, es muy dudoso.
Este asunto no tiene como objetivo lograr una mayor eficiencia económica o minimizar los costos de producción, sino lisa y llanamente: obtener un poder comercial mayor.
¿Que podrán hacer los chacareros frente a esta situación? ¿Aceptarán continuar sacrificándose para poder competir?
De todas maneras, la agricultura, tal como la conocemos, parece estar llegando a su fin.
El espejismo de la eficiencia
A pesar de la disminución de los precios pagados al agricultor, estos no se ven reflejados a nivel de los consumidores.
Desde 1984 hasta el 2000 el precio real de la canasta de alimentos aumentó 2.8% mientras que el precio pagado al agricultor de esa misma canasta disminuyó 35.7%. Esta situación también existe para los diferentes componentes de la canasta, productos de carne, pollos, huevos, lácteos, cereales y productos de panadería, frutas y verduras frescas y frutas y verduras procesadas.
Las diferencias entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor es absorbido por las estructuras corporativas de las cadenas de distribución e industrias asociadas.
Estos grupos financieros, crecientemente consolidados, internalizan los ahorros para generar mayores ganancias, salarios ejecutivos más elevados y mayores precios y dividendos de las acciones. Los agricultores y los consumidores reciben las migajas si es que reciben algo.
La creciente concentración disminuye la transparencia de los mercados, y aunque tengan la apariencia de mercados, en realidad todos están comerciando en precios que fija “alguien” en otra parte.
Las decisiones productivas y ambientales están cada vez más en manos de unos pocos gerentes de corporaciones y no de la gente que en los hechos cultiva la tierra.
Durante la década de 1990, en los EE.UU., las tasas de retorno sobre el capital (equity) fueron de 18% para las cadenas de supermercados, 17.2% para las empresas industrializadoras y empacadoras de alimentos y 4.5% para los agricultores.
A pesar de estas ganancias, los precios al consumidor no disminuyeron, se mantuvieron estables o aumentaron ligeramente. A la vez, los productores han visto los precios de sus productos disminuidos progresivamente. Debido a ello muchos pequeños productores se han tenido que ir del campo, los medianos están al borde de la quiebra, e incluso los grandes tienen dificultades.
¿Adonde va la diferencia? Con toda seguridad a engrosar las burocracias ejecutivas de las grandes corporaciones y los dividendos pagados a sus accionistas. En otras palabras, a alimentar el sistema financiero.
Esta situación expulsa a los jóvenes de la producción agrícola.
El promedio de edad de los granjeros y chacareros estadounidenses se acerca a los 60 años. En los Estados Unidos los agricultores son pocos y están viejos.
La mayoría de las tierras “abandonadas” se transfieren a sociedades y grandes corporaciones. En la actualidad la propiedad ausentista de la tierra es el 60% de las tierras cultivadas y 30% de las de pastoreo.
Los agricultores y los propietarios de la tierra ya no son las mismas personas.
Para los productores con una cultura agrícola antigua, los cultivos y los alimentos son todavía sagrados. Pero gradualmente, cada vez más, para la mayoría, la agricultura es simplemente otro negocio, y los alimentos meramente productos que se compran y se venden. Los que todavía tratan a los alimentos y los cultivos como sagrados suelen ser etiquetados como anticuados, extraños, radicales o ingenuos.
Sin embargo, los agricultores experientes son portadores de una gran sabiduría que no se improvisa ni se aprende en un cursillo apresurado.
En ese sentido, el chacarero es como un violinista que logra el dominio de su instrumento luego de muchos años de aprendizaje.
Cuando falten los agricultores se irá con ellos el conocimiento agrícola imprescindible para la producción sostenible.
No hay sistema corporativo que pueda sustituir el valor de la experiencia de campo.
En los EE.UU. esta situación está llevando a la decadencia productiva y a la dependencia alimenticia.
Desde el Uruguay, pequeño y agropecuario, deberíamos aprender la lección.
La inserción en el mercado internacional es necesaria y debemos promoverla con certidumbre.
Sin embargo, al mismo tiempo tenemos que desarrollar políticas que aseguren la permanencia de los productores en sus campos y la transmisión de los conocimientos chacareros y pecuarios a las nuevas generaciones, evitando que continúe la nefasta emigración rural.
Solo así se asegurará la sustentabilidad productiva y existencial del país en el futuro.
Danilo Antón, Montevideo, octubre del 2006, danton@chasque.net
Publicado por Danilo Antón en 15:49
LA CASA DEL FUTURO YA SE ESTA CONSTRUYENDO
Los invito a ver esta película, el cual despertara en ustedes una pequeña rabia contra nuestro sistemas gobernantes....... definitivamente hay luchadores que quieren cambios en este mundo como lo es Garbage Warrior, ESTE CAMBIO DEPENDE DE CADA UNO DE NOSOTROS PARA QUE NUESTROS HIJOS Y NIETOS RECIBAN UN MUNDO DONDE SOBREVIVIR .
Los invito a ver este documental completo para comprender que el hombre tiene soluciones .......
Profesor Yarugyver
miércoles, 13 de junio de 2012
martes, 12 de junio de 2012
RECHAZAMOS EL MAQUILLAJE VERDE DE LA INDUSTRIA BIOTECNOLOGICA . Biodiversidad en América Latina y El Caribe
Posición de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos frente a Río+20: La única opción para la sustentabilidad y la soberanía alimentaria, es una agricultura campesina y sin transgénicos. Boletín N° 476 de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos.
Frente a los crecientes problemas ambientales que enfrenta el Planeta, en 1992 los países del mundo se congregaron en la llamada “Cumbre de la Tierra” celebrada en Río de Janeiro, donde todos los gobiernos se comprometieron a implementar un “desarrollo sostenible”, capaz de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer los recursos y posibilidades de las futuras generaciones. Se dijo que el desarrollo debía ser socialmente justo, ambientalmente equilibrado y económicamente viable.
En estos 20 años, lejos de conseguir una justicia o equilibrio ambiental, el desarrollo sostenible ha significado en muchos países de América Latina, la violenta expansión de la soya transgénica y del paquete tecnológico, colonizando grandes extensiones de monocultivos, fumigaciones aéreas con glifosato y otros agrotóxicos, siembra directa y semillas transgénicas monopolizadas por una empresa: Monsanto, y en menor medida por otras 5 transnacionales: Syngenta, DuPont, Dow; Bayer y BASF.
El saldo de este período en términos de pérdida de soberanía alimentaria, erosión de la agrobiodiversidad, concentración y contaminación de tierras y agua y violaciones a los derechos humanos, nos permite poner en cuestión tanto el actual modelo agricola industrial que impera en América Latina, como la intención de crear mecanismos para una nueva revolución verde, que busca incorporar los transgénicos a las unidades de producción campesinas.
La economía verde: un nuevo escenario para la industria biotecnológica.
El proceso hacia la tercera Cumbre de Río para el Desarrollo Sustentable, ha colocado como vía para enfrentar los desafíos la necesidad una transición global hacia una “economía verde”. Distintas voces, y en particular Brice Lalonde, co-coordinador desde Naciones Unidas para Río+20, han planteado la necesidad de poner la agricultura en el centro de las políticas globales para una economía verde, como la estrategia más efectiva para alcanzar los objetivos del desarrollo sustentable. Sobre esta base, el camino hacia Río+20 se ha convertido en el escenario para que la industria biotecnológica articule una estrategia superadora para la implementación de la agricultura transgénica, que logre romper la polarización conseguida por la lucha de los movimientos sociales entre la vía campesina (soberanía alimentaria, agrobiodiversidad y agroecología) y la vía del capital (agronegocio, monocultivo y transgénicos).
La industria a través de organismos internacionales y fundaciones privadas, propone una tercera vía para enfrentar los desafíos del cambio climático y de la producción de alimentos en la economía verde, donde no existiría oposición entre agricultura campesina y biotecnología moderna: esto no es sino una estrategia de maquillaje para una nueva revolución verde en los países del tercer mundo.
En América Latina y el Sur Global, campesinos y campesinas, indígenas, científicos, ecologistas y consumidores hemos dicho no a la agricultura biotecnológica y denunciamos este nuevo intento de lavar la cara del modelo biotecnológico e introducir transgénicos en nuestros campos.
Maquillaje para una nueva revolución verde
El eje del nuevo discurso de la industria está en la agricultura campesina y los pequeños productores como protagonistas de la agricultura en una economía verde. A través de su nueva pantalla, la Coalición FarmingFirst[1], define la agricultura para una economía verde como unenfoque para el desarrollo agrario basado en la ciencia y la innovación, con hincapié en la transferencia de tecnología y el incremento de la productivida, y con lo cual se lograría “un suministro seguro de alimentos, reducir la pobreza mejorando los medios de vida rurales, y la sustentabilidad ambiental a través de la reducción de la huella de la producción, y de la adaptación al cambio climático.”[2]
Proponen un programa agrario que coloca a la agricultura campesina en el centro de las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático y para alimentar al mundo; exige mayor inversión de infraestructura, investigación y mercados al servicio de la agricultura campesina; y promete políticas efectivas para apoyar a las agriculturas campesinas afectadas por las condiciones climáticas extremas.
De este modo, y paradógicamente, la propia industria pone a la agricultura campesina en en centro de la lucha contra el cambio climatico, la pobreza y el hambre, mientras critica al modelo clásico de la revolución verde como parte fundamental del problema: alto consumo de agua, erosión de la agrobiodiversidad y de los suelos, concentración de la producción y gran cantidad de desperdicios. Este planteo aparece durante la reunión del Grupo de Expertos sobre el Uso de la Agricultura Verde para el Estímulo del Crecimiento Económico y la Erradicación de la Pobreza convocado por el Secretariado de Río+20, donde se propuso una vía verde para la agricultura: agricultura orgánica, agroecológica, resiliente y sustentable, donde la biotecnología moderna juegue un rol fundamental, propuesta que ya venía planteando el Consejo Mundial de Negocios Sustentables[3]. La agricultura en la economía verde sería en este marco, agricultura pequeña, campesina y agroecológica que utilice ingeniería genética.
Esta política, se ha diagramado a través del sistema de Naciones Unidas, las agencias multilaterales y el apoyo de fundaciones privadas, creando una serie de conceptos que vienen a tergiversar el contenido de la agricultura campesina y la agroecología.
La idea de agricultura climáticamente inteligente surgió en el marco de las discusiones del Convenio de Cambio Climático en Durban (que fue el preámbulo de Río+20), como producto del lobby de la Unión Africana para incluir un programa sobre agricultura en este Convenio. Así se propone la intensificación sustentable, que la industria la describe como “el aumento de rendimientos basado en la introducción de técnicas modernas de cultivo y tecnologías”. La FAO promueve para ello una “inversión considerable en investigación y desarrollo tecnológico, así como para la conservación y la producción de variedades adecuadas de semillas y especies” y llama a implementar en los países en desarrollo los modelos ya existentes de de agricultura climáticamente inteligente. Esta misma orientación promueve el Banco Mundial, que ha trabajado intensamente en construir un enfoque de crecimiento climáticamente inteligente donde la agricultura debe alcanzar una una victoria 'triple'“intervenciones que aumenten los rendimientos; rendimientos más resistentes frente a las sequías y el calor, y fincas que aporten a la solución al problema del cambio climático en lugar de ser parte del problema”.
Con lo anterior se explica que las demandas por introducir tecnología en la agricultura; mejorar los rendimientos a través de mejores semillas y técnicas; crear resiliencia frente a condiciones climáticas extremas; etc. no son sino un eufemismo para la implementación de un modelo de agricultura agroecológica apoyada en la ingeniería genética. O dicho de otro modo, la creación del mercado receptor de los transgénicosclimate ready y de los paquetes tecnológicos de ultima generación para resistencias a sequía e inundaciones, en el ultimo rincón no colonizado: la agricultura campesina que provee el 70% de los alimentos a nivel mundial.
Además, con la concurrencia de la Alianza para una Revolución Verde en Africa (AGRA) en vínculo con el Panel Montpellier a través de sus reportes[4], entre otros actores publicos y privados, como el PMA y el PNUMA, se está desarrollando un modelo de cooptación de las propuestas campesinas y agroecologicas, en un esfuerzo por vaciar de contenido a la agroecología y la soberanía alimentaria, del mismo modo que se hizo con el desarrollo sustentable, la agricultura sustentable y otros conceptos que creados por los movimientos sociales, fueron mutilados y utilizados por el mercado; y un intento por mostrar a los decidores públicos que la biotecnología es un instrumento para la vía campesina propuesta por los movimientos sociales.
No hay nada inteligente en la opción por los transgénicos
Más de 20 años de experiencia con cultivos transgénicos en América Latina, son suficientes para comprobar que las promesas de la biotecnología son falsas, y que el modelo ha traido afectaciones a la salud, pérdida de agrobiodiversidad y conocimientos, erosión del suelo y el agua, dependencia y concentración. No existe en la trayectoria de la agricultura transgénica ningún indicio de su capacidad para brindar soluciones a problemas como el cambio climático y la alimentación de una creciente población, ni a los desafíos planteados como prioridades a resolver el Río+20.
La experiencia en América Latina han demostrado que los transgénicos implicaron:
- Más agrotóxicos y daños a la salud de la población
En el Cono Sur, donde los cultivos de soya con resistencia a glifosato cubren alrededor de 46 millones de hectáreas, el consumo de herbicidas se haya disparado exponencialmente. En Argentina anualmente entre 180 y 200 millones de litros de glifosato son vertidos sobre la población, por lo que cada vez es más creciente el número de familias donde al menos un miembro padece de cáncer, leucemia o enfermedades endócrinas; y recientemente Brasil se convirtió en el segundo productor de cultivos transgénicos a nivel mundial, y en el primer consumidor de agrotóxicos. Más de mil millones de litros de agrotóxicos fueron utilizados en las explotaciones agrícolas en 2010 en ese país.
- Concentración de tierra y alto consumo de agua
El paquete tecnológico implementado con los transgénicos más difundidos en América Latina (RR y Bt) incluye siembra directa, agricultura de precisión y fumigaciones aéreas que sólo se justifica para grandes territorios, pues un pequeño agricultor no puede comprar esta tecnología. Por eso en países como Argentina más de 150.000 pequeños y medianos productores han desaparecido desde que se adoptó la soya RR. Cerca de 400.000 personas que dependían de la agricultura no sólo para obtener alimento sino para mantener viva la identidad cultural, han migrado a las grandes ciudades o se mantienen en la pobreza dentro sus propios predios.
Y las promesas del modelo biotecnológico, no se han cumplido. Por el contrario, se ha demostrado ya que los “beneficios” de los transgénicos, no son reales:
- Los transgénicos tienen rendimientos decrecientes
Tras analizar la producción del cinturón cerealero de Estados Unidos durante tres años, la Universidad de Kansas (2008) demostró que la productividad de los cultivos transgénicos (soya, maíz, algodón y canola) fue menor que en la época anterior a la introducción de transgénicos. La razón es que la transgenia altera el metabolismo de las plantas inhibiendo en algunos casos la absorción de nutrientes, y generando una demanda mayor energía para expresar características que no son naturales de la planta, restándole capacidad para desarrollarse plenamente. La soya muestra un rendimiento un 10% menor; el maíz igual o menor, con un resultado global negativo; la canola y el algodón transgénico también mostraron rendimientos negativos. Esto corrobora estudios anteriores de la Universidad de Nebraska y del propio Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Considerando que las las semillas GM son más caras que las convencionales,la rentabilidad de los agricultores también decayó.
- Los transgénicos tienen un alto nivel de inestabilidad, en particular los “climate ready”
Los eventos transgénicos tienen un alto nivel de inestabilidad. Científicos franceses del Laboratorio de Métodos de Detección de OGM de Versalles, y del Laboratorio de Biometría e Inteligencia Artificial, Domaine de Vilvert de Jouy-en-Josas, analizaron cinco OGM que han sido aprobados para la venta en Europa: tres de Monsanto, uno de Bayer y otro de Syngenta, y comprobaron que todos los insertos estaban reorganizados con respecto al orden genético previsto. Asimismo, los cinco insertos presentaban ulteriores reorganizaciones con respecto a la estructura original indicada por las compañías. En otras palabras, o las empresas estaban equivocadas en cuanto a la estructura original o, lo que es más probable, se produjeron ulteriores reorganizaciones luego del cultivo comercial de las plantas. Esto es importante en relación a que en su amplia mayoría los transgénicos para condiciones climáticas extremas contienen no sólo uno sino varios eventos “apilados”, elevando aun más la inestabilidad de estas plantas y haciendo menos previsible su desempeño y características en campo.
- Los transgénicos generan un alto nivel de contaminación genética y erosionan la agrobiodiversidad nativa, en particular en agrosistemas campesinos
Los transgénicos generan un alto nivel de contaminación genética de las variedades nativas, en particular aquellas platas que tienen sistemas de polinización cruzada, erosionando las características que durante siglos, sino milenios, han permitido en función de las condiciones ambientale sy la intervención de los seres humanos, el desarrollo de las distintas variedades. Esta diversidad adaptada a diferentes condiciones hídricas, de suelos, de altura y climáticas, junto a los conocimientos locales asociados a ellas, son el mayor instrumento de resistencia a las condiciones climáticas extremas y cambiantes. La intervención de transgénicos en los agrosistemas campesinos es una de las mayores amenazas posibles a la existencia global de agrobiodiversidad con la que la humanidad cuenta para enfrentar el cambio climático y producir alimentos suficientes.
Existen amenazas muy concretas en este sentido, puesto que la industria biotecnológica está haciendo fuertes inversiones para promover el maíz transgénico en nuestra región; en su cuna y centro de diversidad, donde forma parte importante del acerbo cultural de las comunidades campesinas, indígenas y urbanas de toda América Latina. Ya hay en Brasil alrededor de cinco millones de hectáreas con maíz transgénico y sigue creciendo en Argentina, Uruguay, Honduras y Colombia, se están haciendo experimentos a gran escala en México y hay posibilidades de su expansión en estos países y en toda la región.
- La sustentabilidad y la soberanía alimentaria dependen del fortalecimiento de una agricultura campesina, agroecológica y sin transgénicos
Mientras los cultivos transgénicos han crecido exponencialmente en la región ocupando millones de hectáreas de territorio, ha aumentado el número de personas que no tiene suficiente acceso a una alimentación digna y adecuada. Según la FAO, mil millones de personas están en esa condición, a las cuales hay que sumar otras miles de millones que sufren de malnutrición o de obesidad.
Esto se debe a la intensa concentración del mercado global de alimentos, donde el 40% de los granos (que podrían alimentar a 3,5 mil millones de personas) se destinan al engorde de animales. El 75% de los granos transgénicos alimenta la producción industrial de pollos y de cerdos, una industria controlada por unas pocas empresas transnacionales como Tyson Food, Perdue Farms, Conagra, Pilgrim’s Pride y Carrol Farms, mientras que otro porcentaje cada vez más grande se destina a la producción de combustibles. Se ha extendido la producción de granos, pero hay menos acceso a los alimentos, que se han homogeneizado e industrializado.
Vemos ahora preocupación que las empresas biotecnológicas que promovieron el modelo biotecnológico en América Latina a base de promesas incumplidas, están promoviendo un nuevo ciclo de incoporación de transgénicos a la producción de alimentos, en el formto de incorporar la biotecnología moderna a las agriculturas campesinas, como instrumento para generar resiliencia y mejorar la productividad, otra promesa falsa que rapidamente veríamos incumplida de aceptarla.
Hoy, 20 años más tarde, las empresas que han lucrado del modelo impulsado por la soya RR se visten de verde y quieren convertirse en las promotoras de la llamada “Economía Verde”. Estas empresas proponen a los cultivos transgénicos como la salida a la crisis alimentaria y la crisis rural que enfrentan todos los países de América Latina.
En Río+20:
La Red por una América Latina Libre de Transgénicos pide a las delegaciones oficiales presentes en la Cumbre Río+20, y a los representantes de la sociedad internacional, movimientos campesinos, indígenas, y otros miembros de la sociedad civil que:
- No se permita el maquillaje verde de los trangénicos bajo la argucia de una supuesta vía campesina. No existe ninguna posibilidad de convivencia entre la agricultura campesina, agroecología y los transgénicos.
- Se frene efinitivamente la expansión de los cultivos transgénicos en la región.
- Se haga una auditoría regional de todos los impactos ambientales, a la salud humana y al bienestar socio-económico de las comunidades locales que han sido afectadas por este modelo
- Se inicien acciones de reparación integral a los afectados por el modelo transgénico
- Se declare al maíz nativo y criollo, sus usos, prácticas asociadas y rituales como patrimonio de la humanidad
Rechazamos las pretensiones que tienen las empresas de embanderar la lucha por la sustentabilidad del planeta, bajo la máscara de la economía verde.
POR UNA AMÉRICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICOS
Notas
[1] Coalición conformada, entre otros, por Croplife (Monsanto, Syngenta, DuPont y otras gigantes de la biotecnología), la Asociación Internacional de Semilleros, la Asociación Internacional de la Industria de Fertilizantantes.
[2] FarmingFirst. Position Paper sobre agricultura y economía verde.
[3] Ver aquí
[4] Ver aquí
QUE ESPERAR DE LA CUMBRE DE RÍO DE JANEIRO
PARÍS — Responsables políticos, ONG, investigadores y empresarios consultados por AFP opinan sobre lo que se puede esperar de la cumbre sobre medio ambiente a celebrarse en Río de Janeiro del 20 al 22 de junio.
- Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, en el Foro brasileño del cambio climático:
En la cumbre de Río, "tendremos una misión difícil que será la de proponer una modelo de crecimiento que no sea muy confuso ni fantasioso".
"Debemos hacer propuestas que contemplen que millones y millones de personas no tienen acceso a las condiciones mínimas de vida".
Hay que "formular un plan de crecimiento sostenible gracias al cual el mundo será mejor si respetamos el medioambiente, si sacamos a la gente de la miseria y logramos desarrollarnos".
- Brice Lalonde, ex ministro francés de Medio Ambiente, coordinador ejecutivo de la conferencia:
"Los gobiernos están luchando contra la crisis, con la mirada fija en lo inmediato. Río+20 los invita a esbozar serenamente un futuro para el mundo. Hacer las dos cosas a la vez es difícil, pero es el papel de los jefes de Estado".
Hay que despejar el camino hacia "objetivos universales de desarrollo sostenible para la humanidad y mantener al mismo tiempo, incluso acentuar, los esfuerzos para eliminar la miseria".
- Philippe Joubert, del Consejo mundial de negocios para el desarrollo sostenible:
"No podemos seguir funcionando como si el capital natural del planeta fuera ilimitado y gratuito. El punto de no retorno se acerca, el mundo empresarial debe participar, pero es necesario que los gobiernos fijen reglas claras".
- Manish Bapna, del grupo estadounidense World Resources Institute:
"El mundo cambió profundamente en los últimos 20 años debido a la expansión de la clase media por lo cual consumimos más, utilizamos más energía, ejercemos más presión sobre los recursos naturales. La pobreza disminuye pero la desigualdad aumenta. Esta es una ocasión para instalar el desarrollo sostenible en el centro de la agenda política y económica".
- Sir John Sulston, de la Universidad de Manchester, en una contribución a un informe sobre la demografía y el medio ambiente:
"El mundo afronta una opción muy clara. Podemos elegir reequilibrar la utilización de los recursos según un esquema de consumo más igualitario, reformular nuestros valores económicos para reflejar realmente lo que nuestro consumo significa para nuestro planeta y ayudar a los individuos en todo el mundo a tomar decisiones de reproducción informadas y libres. O podemos elegir no hacer nada y dejarnos llevar a un torbellino de problemas económicos, socio-políticos y ambientales que conducen a un futuro menos equitativo e inhospitalario".
- Julia Marton-Lefevre, directora general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN):
"Cuanto más biodiversidad se pierde, más vulnerables somos al cambio climático y a las crisis de la alimentación, del agua y de la energía. Nuestro deseo principal para Río+20 es que los gobiernos y los empresarios vean la necesidad de invertir en la naturaleza y que lo hagan rápidamente".
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sábado, 9 de junio de 2012
AGRICULTURA DE SOL Y MALEZAS UNO
Una amiga me entrego un vídeo de agricultura orgánica del Brasil, para subirlo a You Tube, para enviarlo a unos amigos en el Salvador para trabajar agricultura orgánica, la sorpresa fue que el primer capitulo de varios documentales que hay se encuentra los MANDAMIENTOS DEL HUERTO, que interesantes y fáciles de hacer, espero y se que será así contribuya a fomentar más la AGROECOLOGIA. Saludos a todos mis amigos agroecologos del mundo.
Abrazos
Derian
Agroecología: única esperanza para la soberanía alimentaria y la resiliencia socioecológica
Porque la agricultura industrial es hoy un modelo agotado?
La revolución verde, el símbolo de la intensificación agrícola no solo falló en asegurar una producción de alimentos abundante y segura para todas las personas, sino que fue instaurada bajo la suposición de que siempre habría abundante agua y energía barata y que el clima no cambiaria. Los agroquímicos, la mecanización y las operaciones de irrigación que son el centro de la agricultura industrial, son altamente dependientes de combustibles fósiles cada vez más caros y escasos.
Las condiciones climáticas extremas se están haciendo más comunes y más violentas, amenazando los cultivos, especialmente los monocultivos modernos genéticamente homogéneos que cubren el 80% de las 1.500 millones de hectáreas de tierra cultivable. Además la agricultura industrial contribuye con cerca del 25-30% de las emisiones de gases efecto invernadero, modificando tendencias climáticas y comprometiendo así la capacidad del mundo para producir alimento en el futuro.
La huella ecológica de la producción industrial
En algunas de las principales regiones productoras de cereales del mundo, la tasa de incremento de los rendimientos de cereales está alcanzando el punto de los rendimientos decrecientes, a pesar del uso incrementado de fertilizantes. Cuando se tiene en cuenta la dependencia de petróleo y la huella ecológica de la agricultura industrial, surgen graves preguntas sobre la sostenibilidad medioambiental, económica, y social de las estrategias agrícolas modernas. La intensificación de la agricultura con variedades de cultivos de alto rendimiento, fertilización, irrigación y pesticidas tienen un fuerte impacto sobre los recursos naturales con graves implicaciones en el medio ambiente y en la salud. Se ha estimado que el costo de las externalidades de la agricultura industrial en el Reino Unido es por lo menos 1.5 a 2 mil millones de libras cada año. Utilizando el mismo marco de análisis, el costo de las externalidades de la agricultura moderna en los Estados Unidos asciende a casi 13 mil millones de libras al año, cuando se internalizan los costos por daños a recursos hídricos,suelos, aire, fauna silvestre, biodiversidad, y salud humana. Costos anuales adicionales de USD 3.7 mil millones surgen del costo invertido en programas para solucionar estos problemas o para fomentar una transición hacia sistemas mas sostenibles. El orgullo Estadounidense de tener comida barata es solo una ilusión; los consumidores pagan mucho más allá del precio estipulado en las tiendas de comestibles.
Agricultura campesina: la base de la agricultura del siglo XXI
No hay duda de que la humanidad necesita un paradigma alternativo de desarrollo agrícola, uno que fomente una agricultura biodiversa, resiliente, sostenible y socialmente justa. La base de estos nuevos sistemas son la gran variedad de estilos agrícolas ecológicos desarrollados por al menos el 75% de los 1,5 millones de pequeños propietarios, agricultores familiares e indígenas en 350 millones de pequeñas explotaciones que representan no menos del 50% de la producción agrícola para el consumo interno global (ETC, 2009). La mayoría de los alimentos que se consumen hoy en el mundo, se deriva de 5.000 especies de cultivos domesticados y 1,9 millones de variedades vegetales conservadas y manejadas por campesinos, la mayoría cultivados sin agroquímicos (ETC, 2009).
La difusión y el potencial productivo de los sistemas agroecológicos para alcanzar la soberanía alimentaria
La primera evaluación global de proyectos agrícolas basados en principios agrecológicos en el mundo en desarrollo fue realizado por Pretty et al., (2003) que documentó claramente aumentos en la producción de alimentos en unas 29 millones de hectáreas, involucrando casi 9 millones de hogares que se beneficiaron de un incremento en la diversidad y la seguridad alimentaria. Las prácticas de agricultura sostenible produjeron incrementos de 50-‐100% por hectárea en la producción de cereales (cerca de 1,71 toneladas/ha al año por hogar -‐ un aumento del 73%) en zonas de secano, típicas de pequeños agricultores que viven en ambientes marginales, es decir un área de cerca de 3,58 millones de hectáreas, cultivadas por cerca de 4,42 millones de agricultores.
En 14 proyectos en que los cultivos de tubérculos fueron los principales alimentos básicos (papa, batata y yuca), 146.000 fincas en 542.000 hectáreas el aumento de la producción alimentaria de los hogares alcanzó 1,7 toneladas al año (incremento del 150%). Estas mejoras de rendimiento son un verdadero avance en el logro de la seguridad alimentaria de campesinos aislados de las principales instituciones agrícolas. Un nuevo análisis de los datos en 2010, demostró el efecto que tuvieron 286 intervenciones en 57 "países pobres", que cubren 37 millones de hectáreas (3 % de la superficie cultivada en los países en desarrollo) ya que incrementaron la productividad de 12,6 millones de fincas, a la vez que se mejoraban los servicios ecosistémicos. El aumento promedio de rendimiento de cultivos fué de 79 %.
Agroecología y resiliencia a eventos climáticos extremos
De importancia clave p ara el futuro de la agricultura, son los resultados de observaciones del desempeño agrícola después de eventos climáticos extremos, los cuales revelan que la resiliencia a los desastres climáticos está íntimamente relacionada con el nivel de biodiversidad en las fincas, una de las principales características de los sistemas agroecológicos. Una encuesta realizada en laderas de Centroamérica después del huracán Mitch, demostró que los agricultores que utilizan prácticas de diversificación tales como cultivos de cobertura, cultivos intercalados y agroforestería, sufrieron menos daños que sus vecinos convencionales con monocultivos. El estudio reveló que después del huracán, las parcelas diversificadas tenían un 20-‐40% mas de capa superior de suelo, una mayor humedad del suelo, menos erosión y experimentaron menores pérdidas económicas que sus vecinos convencionales (Holt-Giménez, 2000).
El escalonamiento de las innovaciones agroecológicas
Los casos reportados anteriormente muestran que en África, Asia y América Latina existen muchas iniciativas dirigidas por ONGs y agricultores que promueven proyectos agroecológicos que han demostrado un impacto positivo en los medios de subsistencia de las comunidades de pequeños agricultores en varios países (Altieri et al., 2011). La producción agroecológica es particularmente apropiada para los pequeños agricultores, que constituyen la mayoría de la población rural pobre. Agricultores de escasos recursos, que utilizan sistemas agroecológicos, son menos dependientes de recursos externos y los rendimientos más altos y más estables logrados promueven la seguridad alimentaria.
Algunos de estos agricultores, que dedican parte de su producción para la producción orgánica certificada de exportación, sin sacrificar la seguridad alimentaria, presentan ingresos significativamente más altos que sus contrapartes convencionales. El manejo agroecológico hace la conversión a la producción orgánica bastante fácil, implica poco riesgo y requiere poca, o ninguna inversión fija.
Con tantas pruebas que demuestran los beneficios sociales, productivos y ecológicos, la adopción y difusión relativamente limitada de las innovaciones agroecológicas suscita dos preguntas: (1) Si los sistemas agroecológicos son tan rentables y eficientes, ¿por qué no han sido más ampliamente difundidos y adoptados? (2) y ¿cómo puede la agroecología ser multiplicada y escalonada? Existe una serie de restricciones que desalientan la adopción y difusión de las prácticas agroecológicas, obstaculizando así su adopción generalizada. Las barreras van desde cuestiones técnicas como la falta de información por parte de los agricultores y agentes de extensión a distorsiones de política publica, falta de mercado, deficiente tenencia de la tierra y problemas de infraestructura. Para difundir la agroecología entre los agricultores es esencial superar en parte o la totalidad de estas limitaciones. Grandes reformas deben hacerse en las políticas publicas, instituciones y en las agendas de los programas de investigación y desarrollo para asegurarse de que las alternativas agroecológicas sean masivamente adoptadas, de manera equitativa y ampliamente accesible, y se multipliquen de modo que su beneficio total para la seguridad alimentaria sostenible pueda hacerse realidad. Los agricultores deben tener mayor acceso a mercados locales-regionales, apoyo gubernamental, acceso al crédito, semillas y tecnologías agroecológicas.
viernes, 8 de junio de 2012
LA AGROECOLOGIA ES LA CLAVE PARA EL BUEN VIVIR EN ARMONÍA CON EL AMBIENTE
Son múltiples los aportes de la producción ecológica al medio ambiente. La agroecología es una de las claves del buen vivir o Allin Kausay, como nuevo paradigma de desarrollo para proteger la biodiversidad, conservar el ambiente y garantizar la soberanía y seguridad alimentaria de los pueblos.
Posee además una visión holística, que integra aspectos sociales, culturales, económicos, productivos y políticos y que se basa en la implementación plena de la agrobiodiversidad de acuerdo a la realidad. Así lo aplican los cientos de familias que integran la Asociación Nacional de Productores Ecológicos del Perú (ANPE PERÚ).
En el Día Mundial del Ambiente que se celebra el 5 de junio desde hace cuarenta años cabe reflexionar sobre la agroecología, que se caracteriza por técnicas de producción limpias y armoniosas con el ambiente, con respeto por los individuos y sus redes de relacionamiento, bajo una visión de complementariedad del ser humano, la naturaleza y Madre Tierra.
La agroecología hace un uso óptimo de los conocimientos colectivos sobre la biodiversidad, potencia de manera sostenible la agricultura local u originaria y busca principalmente el bienestar familiar y colectivo. Sus semillas fluyen en generación en generación en manos de los conservacionistas.
“La agricultura ecológica debería recibir todo el apoyo del Estado por que ayuda a conservar nuestras semillas, nuestra biodiversidad, y es la mejor alternativa de acuerdo a nuestra realidad porque nos permite aprovechar al máximo nuestras potencialidades como país megadiverso” indicó Marisol Medrano Peña, presidenta de la ANPE.
“Mucho se habla de la minería como motor del desarrollo aún a costa de provocar numerosos conflictos; pero la gente no come oro, no come cobre. El Estado peruano debe promover políticas públicas de desarrollo que tengan como una de sus bases la agroecología” concluyó la dirigente quechua, natural de Apurímac.
Alianza cocinero – campesino como estrategia de desarrollo sostenible
Por su parte, Moisés Quispe, director ejecutivo de ANPE, sostuvo que la alianza cocinero-campesino es una de las estrategias de desarrollo sostenible, incluyendo el aspecto económico, que mejor se adecúan a nuestra realidad nacional.
“El éxito que tiene la gastronomía peruana se apoya en la diversidad biológica y cultural de nuestra pequeña agricultura. Lo que despierta interés y admiración en el mundo es no solo la variedad de productos sino los conocimientos que permiten producir y aprovechar nuestros recursos”.
“Si fortalecemos la articulación campo-ciudad creando cadenas de valor vamos a contribuir de manera duradera a superar la pobreza, la exclusión y fortalecer nuestra rica y variada identidad cultural” indicó Moisés Quispe. www.ecoportal.net
jueves, 7 de junio de 2012
miércoles, 6 de junio de 2012
RIO +20 Y MAS ALLA
Los pueblos del mundo frente a los avances del capitalismo: Rio+20 y más allá*Los gobiernos de todo el mundo se reunirán en Río de Janeiro, Brasil del
20 al 22 de junio de 2012, para supuestamente conmemorar 20 años de la
"Cumbre de la Tierra", la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo, que estableció por primera vez una
agenda global para el "desarrollo sostenible". Durante esa cumbre, en
1992, se adoptaron tres convenios internacionales: el Convenio sobre la
Diversidad Biológica, el Convenio de Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático y el Convenio de Lucha contra la Desertificación. Cada una de
ellos prometía poner en marcha un conjunto de acciones destinadas a
proteger el planeta y la vida sobre él, y contribuir a que todos los
seres humanos gocemos de una vida digna.
- Muchas organizaciones sociales en ese momento saludamos y apoyamos con
- esperanza las nuevas convenciones. Veinte años después, vemos que las
causas reales del deterioro ambiental, económico y social siguen sin ser
atacadas. Peor aún, nos alarma profundamente que la próxima reunión de
junio servirá para profundizar las políticas neoliberales y los procesos
de expansión capitalista, concentración y exclusión que nos tienen hoy
envueltos en una crisis ambiental, económica y social de gravísimas
proporciones. Bajo el nombre engañoso y mal intencionado de "economía
verde" , hoy se anuncian nuevas formas de contaminación y destrucción
ambiental, así como nuevas olas de privatización, monopolización y
expulsión desde nuestras tierras y territorios.
- La Vía Campesina se movilizará para este evento, representando a la voz
- campesina en el debate mundial y defendiendo un camino diferente de
desarrollo, arraigado en el bienestar de todos y todas, que garantice
los alimentos para todos, que proteja y garantice que los bienes comunes
y los recursos naturales estén al servicio de un buen vivir para todas y
todos y no de las necesidades de acumulación de unos pocos.
- 20 AÑOS DESPUÉS EL PLANETA Y LA HUMANIDAD EN CRISIS
20 años después de la Cumbre de la Tierra, el conjunto de la vida en el
planeta se ha vuelto dramáticamente difícil. El número de personas
hambrientas ha aumentado a casi mil millones, lo que significa que uno
de cada seis seres humanos está pasando hambre, principalmente niños y
mujeres del campo. La expulsión desde nuestras tierras y territorios
sigue avanzando de manera acelerada, ya no sólo por las condiciones de
desventaja que se nos imponen desde los tratados comerciales y el sector
industrial, sino por nuevas formas de acaparamiento de la tierra y el
agua, la imposición global de formas de propiedad intelectual que nos
roban nuestras semillas, por la invasión de semillas transgénicas, el
avance de las plantaciones de monoculivos, los megaproyectos, la minería.
Las grandes promesas de Río 92 han resultado una farsa. El Convenio de
Biodiversidad no detuvo la destrucción de la biodiversidad y fortaleció
y generó nuevos mecanismos destinados a privatizarla y convertirla en
mercancía. La desertificación sigue avanzando de la mano de la
agricultura industrial y la expansión de los agronegocios y de las
plantaciones de monocultivos. El calentamiento de nuestro planeta -con
todo los desastres y el sufrimiento dramático que ya está causando- no
se ha detenido, sino que se ha acelerado y agravado.
El gran engaño de 1992 fue el "desarrollo sustentable", que inicialmente
las organizaciones sociales vimos como una posibilidad de enfrentar la
raíz de los problemas. Sin embargo, no fue más un lavado de cara de la
búsqueda de nuevas formas de acumulación. Hoy buscan legitimar una nueva
fachada, especialmente bajo el nombre de "economía verde"
LA ECONOMÍA VERDE Y LAS FALSAS SOLUCIONES UN NUEVO ASALTO A LOS PUEBLOS Y SUS TERRITORIOS.
Lagananciacapitalistahagenerad
Gobiernos, empresarios y los organismos de Naciones Unidas han pasado
los últimos años construyendo el mito de la "economía verde" y del
"enverdecimiento de la tecnología". La presentan como la nueva
posibilidad de hacer coincidir el cuidado de la Tierra con los negocios,
pero es en realidad la vía para lograr nuevos avances del capitalismo,
hasta poner a todo el planeta bajo el control de los grandes capitales.
Son varios los mecanismos que se impulsarán a través de la economía
verde y todos ellos aumentarán la destrucción. Más específicamente,
1. La economía verde no busca detener el cambio climático ni el
deterioro ambiental, sino generalizar el principio que quien tiene
dinero puede seguir contaminando. Hasta el momento han utilizado la
farsa de la compra de bonos de carbono para poder seguir emitiendo
gases invernadero. Hoy están inventando los bonos de biodiversidad.
Es decir, las empresas podrán seguir destruyendo bosques y
ecosistemas, siempre y cuando le paguen a alguien para que
supuestamente conserve la biodiversidad en algún otro lado. Mañana
posiblemente inventen los bonos de agua, de paisaje, de aire puro.
2.Los sistemas de pago por servicios ambientales se están utilizando
para quitarle sus tierras y territorios a los pueblos indígenas y
campesinos. El mecanismo que están impulsando con más fuerza
gobiernos y empresas es el sistema REDD y REDD plus. Dicen que es un
sistema para reducir las emisiones de gases invernadero producto de
la deforestación y degradación de los bosques, pero se está
utilizando para imponer, por un pago irrisorio, planes de manejo que
les niegan a familias y comunidades rurales el acceso a sus propias
tierras, bosques y fuentes de agua. Además, garantizan el acceso
irrestricto de las empresas a las áreas de bosque colectivo,
potencializando la biopiratería. También imponen contratos que
amarran a las comunidades a esos planes de manejo por 20 años o más
y que dejan las tierras indígenas y campesinas como prenda
hipotecaria, lo que crea la posibilidad cierta de que esas
comunidades pierdan sus tierras. El objetivos de los servicios
ambientales es tomar control de los espacios naturales de reserva y
de los territorios que aún están bajo el control de nuestras
comunidades.
3.Otra iniciativa de la economía verde es convertir a las plantas, las
algas y a todos los restos orgánicos (rastrojos, estiércol, etc) en
fuente de energía para sustituir el petróleo; es lo que llaman "uso
de la biomasa" . Con los agrocombustibles, esto ha significado que
millones de hectáreas que debieran estar cubiertas de bosques o
produciendo alimentos hoy se utilizan para alimentar máquinas. Si
efectivamente se generaliza el uso energético de la biomasa, veremos
que la vida en el mar se reduce aún más porque una parte importante
de especies marinas se quedará sin alimento, que nuestros suelos no
recuperarán la materia orgánica que es imprescindible para conservar
la fertilidad y protegerse contra la erosión y la sequedad, y que
será imposible alimentar a nuestros animales porque los alimentos se
harán cada vez más escasos y caros. También se agravará la escasez
de agua, ya sea por el cultivo de agrocombustibles, ya sea por que
nuestros suelos no tendrán capacidad para absorber y retener agua al
faltarles la materia orgánica.
4.Después nos hablan de "agricultura climáticamente inteligente", que
sólo busca que aceptemos una nueva Revolución Verde -posiblemente
con transgénicos- y que en vez de exigir apoyo efectivo para
defendernos de los efectos del cambio climático, aceptemos pagos
irrisorios que funcionarán igual que REDD. También buscan imponernos
sistemas altamente dependientes de grandes cantidades de
agrotóxicos, como la siembra directa a base de pulverizaciones
aéreas de Round Up, los que pasan a ser llamados "agricultura baja
en carbono." Es decir, nos obligarán a hacer un cierto tipo de
agricultura y podremos perder el control sobre nuestros territorios,
nuestros ecosistemas y nuestra agua.
5.Uno de los aspectos más perversos de las falsas soluciones que se
impulsan en las negociaciones internacionales es la de restringir el
acceso y el uso del agua de riego. Usando como pretexto el hecho que
el agua de riego es escasa, proponen que el agua se concentre en
"cultivos de alto valor"; es decir que se rieguen los cultivos de
exportación, los agrocombustibles y otros cultivos industriales, y
que se deje de regar los cultivos para la propia alimentación
6.El impulso de soluciones tecnológicas que no son solución alguna es
parte también de la agenda de las discusiones en Río. Entre las más
peligrosas están la geoingeniería y la aceptación de los cultivos
transgénicos. Hasta el momento, ninguna de las soluciones propuestas
por la geoingeniería ha demostrado tener capacidad real de
solucionar los problemas del clima. Por el contrario, algunas de las
formas de geoingeniería (como la fertilización de los mares) son tan
peligrosas que internacionalmente se ha declarado una moratoria
sobre ellas. Para que aceptemos los transgénicos se nos dice que
crearán cultivos resistente a la sequía y al calor, pero lo único
nuevo en transgénicos es más variedades resistentes a herbicidas,
las que además están haciendo que vuelvan al mercado herbicidas
altamente tóxicos, como el 2,4,-D.
7.El plan más ambicioso y lo que algunos gobiernos identifican como
"el mayor desafío" es el de ponerle precio a todos los bienes de
naturaleza (como el agua, la biodiversidad, el paisaje, la vida
silvestre, las semillas, la lluvia, etc), para luego privatizarlos
(con la excusa de que conservarlos requiere dinero) y cobrarnos por
su uso. A esto se le llama la Economía de los Ecosistemas y la
Biodiversidad (TEEB). Es el asalto final a la naturaleza y la vida,
pero también a los medios de trabajo y de vida de los pueblos que
viven de la agricultura, la caza y la pesca.
Este capitalismo "verde" tiene en la mira especialmente los espacios
rurales comunes, la agricultura, la tierra y el agua. Ya estamos
sufriendo sus efectos en la forma de acaparamientos de tierra,
privatización del agua y de los océanos, de los territorios indígenas,
de los parques nacionales y las reservas naturales, todos procesos que
están siendo acompañados de expulsiones forzadas de comunidades
campesinas e indígenas.
LA SOLUCIÓN REAL: PONER AL CENTRO LAS AGRICULTURAS
- CAMPESINAS E INDÍGENAS
Los pueblos campesinos e indígenas somos quienes concentramos los
mayores niveles de pobreza, porque se nos ha despojado de la tierra y se
nos ha cercado por la ley o por la fuerza para que no podamos cultivar e
intercambiar libremente. Sin embargo, somos pueblos que seguimos
resistiendo la expulsión desde el campo, y aún somos más del 90% de la
población rural. Nuestras formas de hacer agricultura enfrían el
planeta, cuidan los ecosistemas y aseguran la alimentación para los
sectores más pobres.
Toda solución real pasa por detener el lucro desenfrenado del capital,
acabar con la complicidad de los gobiernos y apoyar las formas de
producción que efectivamente cuiden el planeta. La Soberanía Alimentaria
es parte del corazón de los cambios necesarios, el único camino real
para hacer posible alimentar a toda la humanidad. Nuestras propuestas
son claras y entregan soluciones reales:
1.Debemos cambiar el sistema alimentario industrial agroexportador por
un sistema basado en la soberanía alimentaria, que devuelva a la
tierra su función social como productora de alimentos y sustentadora
de la vida, que ponga en el centro la producción local de alimentos,
los circuitos de comercialización y procesamiento local. La
soberanía alimentaria permite acabar los monocultivos y los
agronegocios, fomentar los sistemas de producción campesina que se
caracterizan por su mayor intensidad y productividad, su capacidad
para dar trabajo, cuidar el suelo y entregar una producción sana y
diversificada. La agricultura campesina e indígena es también la que
puede enfriar el planeta; con capacidad de absorver o evitar hasta
2/3 de los gases invernaderos que se emiten cada año.
2.La tierra actualmente en manos campesinas e indígenas es alrededor
del 20% de la tierra agrícola a nivel global. Si embargo, con esa
tierra las familias y comunidades campesinas e indígenas producimos
al menos la mitad de la alimentación mundial. En nuestras manos está
la forma más segura y eficiente de superar el hambre en el mundo.
3.Para asegurar alimentación para todos y restaurar la normalidad
climática en la tierra, es necesario que la agricultura vuelva a ser
una tarea en manos principalmente de comunidades campesinas y
pueblos indígenas. Para ello debe hacerse de manera urgente reformas
agrarias integrales y de gran amplitud, que acaben con la
concentración extrema y creciente de la tierra que hoy afecta a la
humanidad. Esas reformas agrarias son las que darán las condiciones
materiales para que la agricultura cumpla su papel en beneficio de
la humanidad entera y por ello la defensa y protección de las
agriculturas campesinas e indígenas es hoy una tarea de todas y
todos. En lo inmediato, es necesario detener todos las
transacciones, concesiones y traspasos que signifiquen concentración
o acaparamiento de tierras y/o desplazamiento de comunidades rurales.
4.Los sistemas campesinos e indígenas de agricultura, caza, pesca y
pastoreo que ayudan a cuidar la tierra y la alimentación deben ser
apoyados adecuadamente con fondos y medios públicos no
condicionados. Los mecanismos de mercado -como venta de carbono y
servicios ambientales- deben desmontarse de inmediato y reemplazarse
por medidas reales, como las que mencionamos más arriba. Detener la
contaminación es un deber que nadie puede evadir comprando derechos
a seguir destruyendo.
5.El uso legítimo de lo que ahora organismos internacionales y
empresariales llaman biomasa es alimentar a los seres vivos y volver
a la tierra para restaurar su fertilidad. Las emisiones provenientes
del derroche de energía deben reducirse en base al ahorro y el fin
del despilfarro. Necesitamos fuentes de energía renovable
decentralizados, al alcance de los pueblos.
TODOS MOVILIZADOS PARA DESENMASCARAR RÍO +20 Y EL CAPITALISMO VERDE
Nosotros y nosotras, campesinos y campesinas, agricultores y
agricultoras familiares, campesinos y campesinas sin tierra, pueblos
indígenas y migrantes -hombres y mujeres- nos oponemos decididamente a
la mercantilización de la tierra, nuestros territorios, el agua, las
semillas, los alimentos, la naturaleza y
VÍA CAMPESINA
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